De camino a la Eternidad.

“Honra a tu padre y a tu madre, para que se prolonguen tus días sobre la tierra que el Señor,tu Dios, te va a dar” (Ex 20, 12)

 

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Mi abuela acaba de cumplir 95 años. Hace pocos meses sufrió un derrame cerebral que la ha dejado casi sin movilidad, solo mueve una mano y una parte de la cara. Ayer estuve con ella un rato y desde que salí de su casa no he parado de darle vueltas a algo. Tenía otro tema pensado para este artículo, pero tendrá que esperar. Lo que ha ocupado mi pensamiento es algo sencillo, una pregunta, ¿Por qué si el que está sano y es joven, el que va a visitar a la pobre mujer que no puede moverse, soy yo, me siento ayudado y reconfortado por ella?

 

Si nos detenemos a analizar la situación actual, parece que existe una mentalidad que pone en primer término la utilidad inmediata y la productividad del hombre. A causa de esta actitud, la llamada tercera edad es frecuentemente infravalorada, y los ancianos mismos se sienten inducidos a preguntarse si su existencia es todavía útil. Los asilos y residencias están llenos y no reciben todas las visitas que cabría esperar. Se llega incluso a proponer con creciente insistencia la eutanasia como solución para las situaciones difíciles.

Mi abuela se cree inútil y hasta un estorbo y pide a Dios que se la lleve con Él. Cuando habla de Dios y de la muerte, lo hace con paz y sin miedo, desde la cercanía de quien reza todos los días de casi un siglo. En cambio cuando se siente escuchada, cuando le hablo como a una persona normal y no como a una necesitada, esa idea de morir se le va de la cabeza y comienza a contarme montones de historias del pasado y a hacerme bromas del presente. Sus ojos llevan la sabiduría y la paz que otorgan 95 años de vida y experiencia. Sus consejos, refranes y chistes me hacen reflexionar y reír sinceramente. Su cara de alegría al verme y sus bendiciones cuando me voy muestran cariño y amor de verdad. Ya observaba Cicerón que “el peso de la edad es más leve para el que se siente respetado y amado por los jóvenes”.

Por todo esto, creo que es urgente recuperar una adecuada perspectiva desde la cual se ha de considerar la vida en su conjunto. Esta perspectiva es la eternidad, de la cual la vida es una preparación. Decía Juan Pablo II, “También la ancianidad tiene una misión que cumplir en el proceso de progresiva madurez del ser humano en camino hacia la eternidad. De esta madurez se beneficia el mismo grupo social del cual forma parte el anciano.”

Observando las Escrituras encontramos el primer mandamiento de la segunda tabla, “Honrarás a tu padre y a tu madre….” De su plena y coherente aplicación surge el amor de los hijos a los padres, y se pone de manifiesto el fuerte vínculo que existe entre las generaciones. Donde el precepto es reconocido y cumplido fielmente, los ancianos se sienten útiles y queridos.

“Ponte en pie ante las canas y honra el rostro del anciano” dice el Levítico. Honrar a los ancianos supone un triple deber hacia ellos: acogerlos, asistirlos y valorar sus cualidades, en definitiva, quererlos.

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Comentarios (12)

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  1. Loreley dice:

    Muchas gracias por compartirlo, y por hablar de algo tan inusual, tan diferente y tan verdadero.

  2. ingrid dice:

    Es un artículo precioso, que deja entrever una gran sensibilidad. Podrá la abuela leerlo? Seguro que le gustaría, le haría brillar los ojos y esbozar una sonrisa. Y por dentro se sentiría una mujer feliz. Seguro.

  3. Alfonso dice:

    Gracias por vuestros comentarios. Mi abuela no puede leerlo pero sé que ella sabe lo que pienso y lo que siento por ella.
    Aunque he usado mi experiencia, supongo que la mayoría tenemos personas mayores en nuestro entorno, no hace falta que sean nuestros abuelos o nuestros padres, simplemente basta con que sean nuestros mayores. Podemos agradecerles mucho tratándolos con amor. Si esto toca nuestro corazón, no podremos tratarlos con displicencia ni desinterés.
    Nuestras familias y en definitiva nuestra sociedad esta muy necesitada de esto. Yo estaba necesitado y no lo sabía.

  4. Inmaculada dice:

    Gracias por recordarnos con tu testimonio el amor a nuestros abuelos y el ejemplo de amor y entrega que han sido para nosotros.  Es importante que sepamos transmitirlo en esta sociedad carente de valores. Muy buen artículo.

  5. Fernando dice:

    Alfonso, me ha parecido un artículo estupendísimo: nos recuerdas algo tan evidente y tan poco recordado…

  6. tuky dice:

    En esta generación en la que la juventud es supervalorada (a mi juicio) sin más mérito que la inexperiencia y la ilusión (que son fruto de sus condiciones biológicas más que del esfuerzo personal) me gusta leerte y rescatar el valor que los años otorgan a una mirada, a una sonrisa, o a unas palabras. No hay nada como escuchar a los mayores, a los que hablan, no de lo que han leído, o lo que creen, si no de lo que han vivido. Cuando ya no quedan fuerzas para el futil pavoneo…es tan auténtico el mensaje, que estremece. Me parece una maravillosa idea recuperar esa fuerza perdida de aquellos que ya han vivido decenas de primaveras…
    Y un deber ineludible, honrar a padres, abuelos…,y necesario.

  7. Mota dice:

    Impresionante columna Alfonso.
    Me ha emocionado, en más de un ocasión.
    “Ponte en pie ante las canas y honra el rostro del anciano” he leído y me ha conmovido.
    Gracias por profundizar en este aspeto de la vida, gracias por compartir tu experiencia. Y qué verdad lo que trasmites: honrar, cuidad, mimar y hacer disfrutar a nuestros mayores, esos por los que hoy estamos aquí.
    No es más que un gesto de agradecimiento y reconocimiento a su vida, que también es la nuestra.
    Gracias Alfonso.

  8. edugambra dice:

    Grandísima columna Alfonso!!!!

    Me uno al sentimiento de emoción de todos los que leen esta columna genial que sinceramente creo, a nadie deja indiferente.

  9. Pedro dice:

    Te felicito por tu columna, acertada en el tema y con buen estilo. Sigue así.

  10. paloma dice:

    Alfonso, tu articulo me ha encantado, quizá las Madres de hoy en dia deberiamos inculcar más a nuestros hijos el amor hacia sus abuelos.
    Las visitas las agradecen extraordinariamente y yo me acuso de ser poco visitadora. Gracias por tu articulo me ha hecho reflexionar.

  11. Alfonso: Puedo entender muy bien todos tus sentimientos expresados en este precioso articulo. En mi familia tenemos a mi suegra postrada en una silla de ruedas con una enfermedad neurologica y aunque vive con ella una hija casada con sus hijas y es ella la que lleva todo el “peso” de la enfermedad,sin una queja sin el mas minimo gesto de cansancio, pues lleva asi 15 años. Lo unico que dice es que le agradecen a Dios todo esto, pues gracias a ello todos ven las cosas de otra manera. Y sin ninguna duda a todos nos ha ayudado muchisimo. Gracias por tu articulo

  12. jorge dice:

    Me ha gustado. Tomo nota para colgarlo en mi bolg: volveranacer.wordpress.com Muchas gracias por el material.

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