Espiritualidad a la carta
Neo-hinduismo, corrientes new-age, perennialismo, espiritualidades ateas… existe una amplia variedad de ofertas modernas de espiritualidad.
¿Cómo interpretar el panorama actual?
¿De qué manera supone esto un reto para nuestra fe?

Cada día tenemos acceso a cantidades ingentes de información. Todo lo que recibimos termina configurándonos por dentro. También nos llegan ideas procedentes de nuevas corrientes de espiritualidad. Y es necesario detenerse a procesar las ideas nuevas. De lo contrario, nos exponemos al peligro de terminar viviendo una “Espiritualidad a la carta“: una espiritualidad compuesta a base de propuestas de interioridad de diferentes calidades, superpuestas, asumidas sin haberlas quizás sometido al suficiente discernimiento y que, desde una óptica cristiana, proporcionan visiones parciales y limitadas.
Trataré de hacer un recorrido en cinco pasos:
1. ¿Todas las religiones son lo mismo?
2. Espiritualidad sin rostro
3. Vientos de oriente
4. Ciencia y humanismo
5. El reto: volver la mirada
1. ¿Todas las religiones son lo mismo?
Comencemos este recorrido hablando del perennialismo. La propuesta de la autodenominada “filosofía perenne” es la vieja idea monista de que “Todo es uno”.
Bajo este punto de vista, las diversas religiones no son sino formas diversas de una única espiritualidad, de una sola mística. Sólo son interpretaciones diferentes de lo mismo. La diversidad es una ilusión.
Sin embargo, debe objetarse a estas ideas que el conocimiento de los distintos fenómenos religiosos revela que son distintos. Existen diferencias radicales:
- No es lo mismo concebir al hombre como imagen de Dios, que creer que el sujeto, en realidad, es una ilusión, como hace el budismo.
- Reducir todo a uno, hace que se pierda la profundidad de la religión, que se termina desnaturalizando.

2. Espiritualidad sin rostro
Por otra parte, existe un gran número de tendencias heterogéneas y difíciles de definir. De este segundo grupo de nuevas corrientes, interesa destacar las siguientes características:
- No adoran a ningún dios
- No tienen instituciones
- Carecen de rituales
- No tienen relación alguna con la idea de bien
Estas manifestaciones, pues, se quedan en una intuición de la trascendencia, en una religiosidad natural. Adivinan una presencia detrás de todo, pero esa presencia no tiene nombre, no es una realidad personal, no se implica con los hombres. No se le puede hablar, porque no escucha. La trascendencia, se agota en la estética, o en el autoconocimiento.

Sin embargo, esto no satisface desde una óptica cristiana: el Dios de los cristianos no es un mero ser omnipotente que “debe de existir”. Es el Padre que da a su Hijo por nosotros. Es el Hombre que pisa la tierra, cura, ama, abraza y se entrega, amando hasta el extremo. Es el Resucitado, que permanece con nosotros cada día, de cerca.
3. Vientos de oriente
Las religiones orientales han sido las más fecundas en nuevos movimientos religiosos. Muchos pueden agruparse bajo la denominación de “neo-hinduismo”. Entre esta amalgama de textos, hemos recibido relecturas, generalmente muy defectuosas, de la gran religión hindú y otras tradiciones venerables. Estas interpretaciones, se han fusionado con la psicología de autoayuda. El resultado son conceptos pretendidamente espirituales que siempre resuenan en torno al YO: “autorrealización”, “la búsqueda de uno mismo”.
Son configuraciones flexibles de la interioridad y el espíritu, orientadas a la satisfacción y al equilibrio personal.
Estas corrientes difieren del cristianismo en que los cristianos creemos que la fe no puede acabarse en la mera introspección, en el placer por hallarse a solas con uno mismo. La oración es un encuentro amoroso, es un diálogo. Y además, la medida de nuestra fe es el modo en que amamos y nos entregamos a los demás.
4. Ciencia y humanismo
Otras corrientes nacen de una original fusión entre ciencia y religión. Un ejemplo popular, sería el de la Iglesia de la Cienciología, tan pujante en Estados Unidos, y que se extiende con fuerza.
Merece la pena detenerse a considerar, también, la nueva espiritualidad laica, nacida del ateísmo francés. Uno de sus máximos exponentes ha sido el filósofo André Compte-Sponville. Realiza un esfuerzo considerable por construir una espiritualidad sin Dios, para llenar el vacío que dejan el ateísmo materialista y el nihilismo. El punto de llegada de esta espiritualidad es una armonía con el mundo, que permita fundamentar los grandes valores cristianos, sin tener que admitir la existencia de Dios.

5. El reto: volver la mirada
El reto ahora es mirar nuestra fe:
- A la vista de las espiritualidades flexibles que ofrecen una interioridad vivida al margen de las ideas de lo bueno y de lo malo, en que todo es aceptable porque en realidad nada puede llamarse bueno, la fe cristiana destaca por su búsqueda del bien. Esto en manera alguna significa imponer nuestras ideas a otros: significa que, para los cristianos, el protagonismo es del amor (a Dios, al prójimo y a uno mismo). Y, necesariamente, todo debe ser jerarquizado desde el amor.
- Seamos críticos: la vivencia de la fe no se puede agotar en las sensaciones y los sentimientos. Cuando se rechaza la reflexión o la teología, el resultado es una espiritualidad limitada. Sin embargo, la fe debe llevar a emplear la razón en conocer mejor aquello que amamos.
- Apoyemos nuestra fe en el discernimiento y en la madurez, en la experiencia de Dios y en la búsqueda incesante del misterio.
- Miremos también hacia nuestra propia corriente, vayamos río arriba, y leamos a nuestros grandes místicos, que son numerosísimos y a veces desconocidos.
- Vayamos, más allá de las palabras, a las obras. Optemos por trascender el ensimismamiento, y por entregarnos a los demás.
Este artículo está inspirado en una conferencia de
Pedro Rodríguez Panizo sobre corrientes actuales de espiritualidad.
Se recomienda la lectura de sus obras, a quien tenga interés en profundizar
en cuestiones de diálogo interreligioso y nuevos movimientos de espiritualidad.
Filed Under: Cultura



Muy interesante María.
Muy didáctivo y pedagógico, como acostumbras en tus últimas columnas (esto de la Oposición es lo que tiene..)
Bien enfocado, bien tratado y bien concluido.
Lo que más detecto yo en la sociedad es el "todo vale", "todo, al fin y al cabo, es lo mismo", lo que se corresponde con el punto 1.
Gracias por tu observación.
Estoy de acuerdo con que es frecuente pensar que todas las religiones son lo mismo. Yo misma también lo he creído a veces.
Evidentemente, si sólo hay un Dios, es claro que todos adoramos al mismo. Pero no podemos caer en la trampa de creer que todas las religiones son iguales, porque se terminan desnaturalizando. No tengamos miedo de las particularidades de cada una.
Pues estoy muy de acuerdo, y añado algo que para mí es clave: la gran diferencia de nuestra fe es que el Dios del que hablamos está tan enamorado, que sufre por nosotros, y que envió a Su Hijo y se sacrificó por sus criaturas… Es un dios que no sólo espera de sus criaturas, sino que sale Él mismo al encuentro de ellas. Es un Dios que da mucho antes de recibir.
En ninguna corriente espiritual oriental cabe que Dios se sacrifique por las criaturas que Él creó, ni que sufra por amor a ellas, ni que muestre una debilidad tan grande en el amor.
Nosotros tenemos a Jesús… viva imagen de Dios. Y la imagen que muestra es un Dios amoroso dispuesto a darlo todo por nosotros.
La diferencia radica en algo muy sencillo es Dios mismo quien nos indica la verdera espiritualidad , nostros no hacemos a Dios, es Él quien nos ha hecho. “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida”, esto si que es un verdadero temario, tan sencillo, pero tan amplio y profundo.Como me extendería mucho en algo que debemos todos conocer, y que debe ser nuestro, sólo digo una cosa: ¡pongámoslo en práctica! y el laicismo, el “espiritualismo light”, los “orientalismos”, “pseudo-filosofías” vereis en qué quedan.
No tiene nada que ver vivir la vida como alguien que ha sido lanzado al mundo y tiene que sobrevivir, con vivir la vida como respuesta a un amor infinito, desbordante, desmesurado, entregado hasta el extremo. Ojalá lo experimentemos así.
Lanzo unas pregunta:
Si es tan bueno nuestro mensaje,
¿por qué ganan terreno estas nuevas propuestas?
¿Qué podemos hacer?
¿Falla en algo nuestra transmisión del Evangelio?