Santa Catalina de Siena
Nacida en Siena en 1347. A los 20 años recibe el hábito de la tercera orden dominica; era la culminación de una intimidad madurada en lo escondido y en la contemplación. A lo largo de cuaresmas enteras su único alimento será la Sagrada Eucaristía. Vivirá numerosas experiencias místicas (el desposorio con Cristo, profecías, estigmas, etc…) y sus escritos de vida interior merecieron el título de Doctora de la iglesia.
Quizá lo especial y admirable de tantos santos y también de ella fue el que pudiera compaginar desde muy pronto su vida de ejercicio del espíritu con su vida apostólica, que el mismo Juan Pablo II reconocería como extraordinaria.
Le seguían muchos, de entre ellos clérigos, que se reunían en torno a ella como discípulos, y que se veían arrastrados por la seguridad que ella tenía, por sus palabras rebosantes de ardor, por la sabiduría con la que supo entender el fondo verdadero de los problemas eclesiales y también sociales de su época; se puede decir que no descansó en su empeño por solucionar algunos de estos conflictos, como por ejemplo el de reconciliar Florencia con el Papa, que por aquellos años no residía en Roma sino en Avignon, o el de mediar, con su marcado poder pacificador, entre los soberanos. A todos ellos quiso hacerles llegar el valor vivo del mensaje de Cristo recogido en el Evangelio, que rompía con muchas de las costumbres imperantes.
Así, escribió numerosas cartas, que llegaron a todos los lugares de Italia e incluso Europa: escribía a los Reyes, para anunciarles que no podían gobernar como si el reino fuera una propiedad suya, sino que debían ser conscientes de que tendrían que rendir cuentas a Dios de la gestión del poder y que en realidad a lo que estaban llamados era a asumir la tarea de mantener en él “la santa y verdadera justicia“, haciéndose, “padres de los pobres”.
Con esa misma fuerza se dirigía a los eclesiásticos de todos los rangos para pedir coherencia en sus vidas y en su ministerio pastoral. En palabras de J.Pablo II: “Impresiona el tono libre, vigoroso y tajante con el que amonesta a sacerdotes, obispos y cardenales“. Sta. Catalina decía que era preciso arrancar del jardín de la Iglesia las plantas podridas sustituyéndolas por otras nuevas, frescas y fragantes.
Para ella la voluntad de Dios era lo vital, y transmitirla fue su mayor reto; no le sería sencillo hablar con total franqueza al Pontífice y sin embargo lo hizo, tanto para lograr el regreso de la Santa Sede junto a la tumba de Pedro, como para conflictos que surgieron posteriormente con motivo de la elección papal tras la muerte de GregorioXI.
En Santa Catalina vemos lo que Dios puede hacer con un corazón que se deja traspasar de amor por Él y por la Virgen. Sus cortos 33 años de vida fueron de gran impacto para la Iglesia, por la que se desvivió sin reservas… así lo reconocería ella en su lecho de muerte: “Tened por cierto, queridos, que he dado la vida por la Santa Iglesia”.
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Gracias Carmen por acercarnos la figura de Sta Catalina de Siena, Santa que siempre me habçia gustado (intuitivamente) y no sabía bien el porqué.
Ahora, gracias a tu columna, sé algo más.
Qué grande la vida de los santos. Qué necesaria esta columna para tener referentes morales y espirituales en nuestra vida.
Gracias.