Vuelve el hambre
Vuelve el hambre
Todos los avances que se habían logrado en la lucha contra la pobreza durante los últimos diez años, se han desvanecido en el último año. A día de hoy, la pobreza vence.
En los últimos días, por fin se ha empezado a hablar de la Crisis de los alimentos, de esta tragedia silenciosa. El manto del hambre es menos escandaloso que las catástrofes naturales que han asolado Bangladesh y China. Pero es más amplio: es un problema global, que trasciende las regiones particularizadas, y afecta a todas por igual.
¿Qué está pasando?
- En los últimos meses, se ha observado una subida desproporcionada de los precios de los alimentos básicos, en todo el mundo.
- Las causas de la inflación son complejas, y tienen que ver con un incremento de la demanda debido a la utilización de cultivos para la producción de combustibles menos contaminantes y con el crecimiento de regiones como el extremo oriente, que gana posiciones en el marco de la economía mundial.
- Los más severos, achacan también el desastre a la especulación con los precios de los cereales.
Algunos datos para ilustrar la gravedad de la situación –aunque los daños más importantes son, siempre, incuantificables- :
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- Las clases medias de los países pobres dejarán de comer carne, y abandonarán los cuidados médicos.
- Las personas que viven con dos dólares al día, dejarán de llevar a sus hijos a la escuela y dejarán de comer verduras, para poderse permitir el arroz.
- Las personas que viven con un dólar al día, no podrán permitirse comer carne ni vegetales, y dejarán de hacer tres comidas al día, para hacer sólo una.
- Los demás, los que viven con medio dólar al día, se enfrentan al desastre.
- Las clases medias de los países pobres dejarán de comer carne, y abandonarán los cuidados médicos.
Las ayudas estatales son fundamentales, pero no nos engañemos: no son la panacea universal. Debemos exigir que se incrementen, pero no podemos conformarnos con ello. Los Estados pueden tomar medidas, entre ellas incrementar la dotación al WFP (Programa mundial de alimentos). Pero estas ayudas no son inocuas, y también acarrearán consecuencias negativas para las economías locales. Por eso es aún más importante que los ciudadanos nos involucremos.
Un cristiano no podrá nunca conformarse con el funcionamiento de un mundo que sólo sigue los dictados del mercado. No nos es indiferente la desesperación y la muerte de tantos hombres y mujeres. Por eso, debemos seguir comprometiéndonos en la lucha contra la pobreza y el hambre. No caeremos en el error de justificarnos ni de culpabilizar: ¡Tomemos medidas! El envío de dinero y alimentos a las zonas más deprimidas es necesario.
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