Abre tus ojos
Aquella mañana calurosa del periodo estival sentada en la cima de la montaña estuve contemplando “cómo se pasa la vida, cómo se viene la muerte tan callando”. Observaba a los chicos jóvenes y a los no tan jóvenes con sus barcos de vela coloridos mientras trataban de alcanzar la boya de popa en ese memorial que año tras año se celebra en las frías y cristalinas aguas del Mar Cantábrico. Así como a los caminantes que se agolpaban a la orilla del mar mientras las olas masajeaban los torsos de los bañistas. Junto a la playa divisaba el bullicio formado por las mujeres en la plaza de abastos al comprar el pescado fresco del día y el caos de coches de aquellos que acudían a sus lugares de trabajo.
Tomé en mis manos la carta que acababa de recibir de mi gran amigo, compañero de aventuras durante largos años, del que hacía tiempo no sabía nada. A medida que iba leyendo un manantial de lágrimas corrían por mis mejillas.
¿Qué había estado haciendo con mi vida? Me decía a mi misma mientras seguía leyendo!
En la carta me hablaba de sus dramáticas experiencias en los países en que había vivido. Me contaba que había estado conviviendo con niños soldados mientras día a día cavaba tumbas a muchos de ellos que caían a causa de los disparos recibidos por el otro niño soldado de la calle de enfrente; a la vez que recogía algunos otros niños que se quedaban huérfanos a causa de las grandes enfermedades que asolaban aquella aldea en que se encontraba. Asimismo consiguió transmitirme cómo uno de esos niños que recogió fue objeto de violaciones espantosas por otros individuos que se decían cooperantes; cómo rescató de los escombros a una mujer anciana que había sobrevivido a uno de los más terribles terremotos que había tenido lugar recientemente; Junto a ello me mostraba lo vejadas, despreciadas y humilladas, que se sentían algunas mujeres con las que había tenido oportunidad de hablar en sus múltiples destinos….En sus últimas líneas me decía que mirara a mi alrededor y observara si los ojos de esa gente estaban realmente abiertos, o bien cerrados ante la realidad del mundo. Me preguntaba si realmente los ojos de mis vecinos, mis amigos, y los míos propios, estaban tal vez cegados por el ir y venir del mercado, el juego en la arena, la actividad de los barcos de vela o la rutina diaria.
Fue entonces cuando, mirando al mar, vinieron a mí estas cuestiones:
¿Qué hago por ese niño desnutrido, por la niña violada, por aquella mujer humillada y vejada, por esa anciana rescatada?; en definitiva ¿Qué hago por mi prójimo?
¿Qué puedo hacer para remediar estas situaciones? ¿hago algo para sacar de la rutina y del ruido a la sociedad vacía en que habito?
Con estas cuestiones regresaba hacia mi hogar en aquel atardecer del mes de agosto….
Y ahora yo te pregunto:
¿Qué haces tú? ¿Qué deberías hacer?
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Enhorabuena por este artículo, ISJ, me ha gustado mucho ese contraste entre la paz estival del Cantábrico y el drama que se vive en tantos lugares del mundo. ¿Qúé hacemos por nuestros hermanos los hombres? ¿Qué hacemos por esos Cristos sufrientes? En realidad, bien poco, cuando no colaboramos con el mal con nuestro mal humor, poca delicadeza, pereza, etc. Tal vez este verano aún estemos a tiempo de planear las vacaciones haciendo "algo" por los demás antes que simplemente descansar haciendo nada.
Fernando, me alegra saber que el artículo te haya conseguido transmitir el mensaje. es cierto que podía haberme extendido más pero considero que es más importante contrastar las realidades para autocuestionarnos y plantearnos dónde estamos.
La paz del cantábrico es extraordinaria, a simple vista, sin embargo a también suceden cosas escalofriantes en nuestros lugares españoles sin necesidad de emigrar al extranjero (ej: terrorismo, violencia, soledad, vacío, mal humor, pobreza…). Creo que desde hoy mismo deberíamos ser un poco más misioneros en los lugares en los que nos encontramos comenzando esa caridad (bien entendida) con nosotros mismos acudiendo a la Oración como primer paso….¿o estará equivocada mi postura?…
¿qué pensáis el resto?
ISJ.
Genial artículo ISJ.
Vaya comienzo más novelado. Espectacular. Y el giro dramático. Brutal. Me ha hecho pensar, una vez más, sobre este asunto.
Creo que tenemos que dar testimonio allá donde estemos. En este caso, en el Madrid del 2008. Testimonio e amor, de e, de fidelidad, de oración.
“Lo que habéis recibido gartis, dadlo gratis”.
Magnífico artículo.
Mota, así es, debemos dar testimonio allí donde nos encontremos, aportar nuetra gota de agua para que se pueda formar el océano…ya que sin esa gota no sería el mismo océano. Confío en que poco a poco nuestras conciencias vayan despertando y nuestros ojos recuperen al vista.