Dar la cara con la palabra

Dar la cara con la palabra

 

 

Para vosotros, los lectores de SanJorgeDigital, no tengo manos, ojos, ni cara.

Me toca dar la cara con la palabra.

Sólo soy eso: palabra escrita. No sé si es poco o mucho. Desde que tengo memoria puedo recordar palabras que han marcado mi vida. La primera de ellas es mi propio nombre, quizás el sonido más cercano. Cada palabra nueva me condujo hacia otras personas. Me enseñó a dar con el otro, salir de mí misma y encontrarnos más allá, en un espacio común. Después descubrí que las palabras ofrecían una infinidad de oportunidades.

La palabra es un arma en nuestra mano. Por eso vale más o menos en función de lo que decimos.

Hay palabras que valen poco: la verborrea del demagogo, la crítica destructiva del inclemente, las palabras fáciles, vanas y huecas; también el insulto, el alarde del engreído y la mentira.

Por eso, el arma de la palabra me ha obligado a ser responsable.

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Y siempre he creído que, como cristianos, estamos llamados a dar la cara con la palabra:

  • Estamos llamados a usar la palabra sabiamente, no para eludir los problemas, sino para enfrentarnos a ellos.
  • Estamos llamados a emplearla, no en dividir a las personas, sino en acercarnos.
  • Estamos llamados a servirnos de ella no para manipular, sino para buscar y expresar la verdad.

La palabra en nosotros no es evasión, sino que es un vehículo para transformar la realidad.

Es oración. Es testimonio, y es promesa.

Escribir es aceptar el reto, cada día, de volver a nuestro primer estado y renovar el mundo.

Yo por mi parte asumo la misión. Y no lo hago confiada en mis capacidades, sino conmovida por la grandeza del proyecto. Mi palabra aún debe crecer para acercarse a la Palabra. No dejo de pedirlo.

Y me pregunto: ¿Qué queda de todo lo que escribimos? Propongo una mirada hacia atrás. No vayamos muy lejos, quedémonos en esta publicación. El rastro del último año es rico en temas y matices. Algunas palabras permanecen más. Se quedan con nosotros y resuenan con un gusto largo. Leerlas permite mirar la vida que se gesta en estas páginas:

Soledad, Justicia, Esperanza,

 

Respuesta al sufrimiento, Amor,

 

Pasión, Convivencia, Hambre, Perdón,

 

Confiar, Servir, Salvar,

 

Llamar, Luchar, Agradecer,

 

Entusiasmo, Apasionado, Abandono,

 

Cristiano, Cruz, Buscar, Seguir,

 

Misión, Llamada, Hermano,

 

Fuerza, Valores, Libertad

Leerlas es como entrar en el empuje de una corriente.

Reflejan el caudal humano de SanJorgeDigital en los últimos meses.

Y son mucho más aún: dejan ver el pulso, el movimiento, la identidad de los cristianos de hoy;

una fuerza que compartimos con los primeros, con los doce;

una fuerza que actualizamos cada día.

Sigamos dando la cara y la vida

con la palabra.

Filed Under: Columna Libre

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¿Quién es Loreley? Loreley es el nombre de una peña situada a la orilla este del Rin, cerca de Sankt Goarshausen. Su nombre designa al tramo más estrecho y profundo del río legendario. Desde la Edad Media existen referencias a su utilización como marca en los caminos. Y también, historias y lamentos acerca del peligro que corrían quienes navegaban por el Rin y a ella se acercaban. Por aquellas tierras, ricas en mitos e historias, se propagó la noticia de que una sirena habitaba en la roca. Orientaba a los pescadores, que obtenían una pesca abundante. Pero muchos también naufragaban, cautivados por el embrujo de sus cantos. Los grandes autores del romanticismo alemán escribieron versos a la sirena Loreley, como Heinrich Heine en 1824. Yo, que de sirena tengo poco, en cambio sí quisiera interpretar mis cantos desde la roca en que me siento. Desearía que pudieran ayudar a quienes los escuchan a obtener una pesca abundante. Soy consciente de que si alguien tratara mis palabras como verdades absolutas, podría naufragar. A veces yo he sido la primera. Pero permanezco en mi puesto. Interpreto mis cantos de sirena. Y me esmero por llegar a quien los escucha. Mi formación es económica y jurídica, y ambos enfoques están siempre presentes en mis ideas. La cultura es una de mis pasiones. No como saber acumulado, sino como manera de mirar la vida. Disfruto con el arte, en todas sus formas. También con las humanidades. Soy conciliadora en el conflicto, y me gusta opinar. Lo social jamás me es indiferente. Y quisiera comportarme como cristiana cuando escribo. Este deseo exige mucho de mí. Me obliga a reconocer, con franqueza, mis fallos; a expresar mis anhelos; a no callar; a callar a veces; a denunciar; a alabar; a preguntarme; a leer; a disfrutar; y a permanecer en esta Roca, entonando mis cantos de sirena.



Comentarios (2)

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  1. ingrid dice:

    Excelente artículo. Sobre todo hay que subrayar no solo la palabra (las palabras) en sí, sino como y cuando se utilizan. El significado de una palabra puede variar de la noche al día según el tono, el lugar, la circunstancia….. quizás es cuestión de "la palabra justa" incluyendo en esta frase todas las dimensiones que puede alcanzar esa palabra. Palabras tienen poder; pueden agredir; ofender. Y esas misma palabras, con otro tono, contexto, mirada cambian totalmente. Es importante, por lo tanto, no solo ver qué palabras utilizamos sino como. Enhorabuena al articulista. Me ha hecho pensar, vaya.

  2. Florentino dice:

    Como siempre, admirada María, haces pensar… ¡Qué empeño tan magnífico!. En un mundo en el que se busca la falsedad, el doble sentido, o el triple o… el sentido que más conviene y que no coincide con el sentido propio de las palabras. Sólo recordar aquello que dice el Evangelio de que por la boca rebosa aquello de lo que está lleno el corazón. Gracias por mostrar ese Amor Cristiano que inunda tu alma.

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