Al calor de las familias

Atrás quedó el verano. Un año más, éste se despide dejando paso al otoño. Para algunos fue largo –quien pudiera disfrutar de los veranos estudiantiles-, para otros más corto, pero siempre es un buen momento. El sol invita a la alegría y al buen ánimo y las vacaciones suelen ser sinónimo de relajación, disfrute y gratas vivencias.

De todo eso, algo he tenido este verano. También playa, sierra de Madrid, tenis, paseos…en fin, he disfrutado del tiempo libre entre amigos y familia.

Y hablando de familia, querría destacar una parte del verano que hemos compartido al calor de las familias.

Marta y yo estamos haciendo un Master en Pastoral Familiar, organizado por el Pontificio Instituto Juan Pablo II, y centrado en profundizar, desde diferentes prismas (teológico, moral, psicopedagógico, filosófico…), en la verdad y la belleza del matrimonio y la familia.
El Master consta de tres años, y en cada uno de los años, tenemos tres encuentros de fin de semana durante el curso y una semana en verano.
Pues bien, este año hicimos los tres cursos de invierno en Pozuelo y la última semana de agosto fuimos a Tui (Pontevedra).

En esta semana tuvimos clases por la mañana, tiempo libre por la tarde y tertulia u hora santa por la noche, así como misa y rosario diario. 
Lo bonito de esto, además del contenido de las clases y la novedad y profundidad que te aporta, es el compartirlo con familias de todo tipo y carisma: padres con un hijo único, familias con seis u ocho hijos, neocatecumenales, del Opus, de Comunión y Liberación, diocesanos, parroquianos…así como varios sacerdotes de diversas diócesis.

Con ellos convives, comentas, juegas, aprendes. Cada matrimonio y cada persona te aporta algo distinto: unos profundidad y confianza en la Providencia, otros sencillez y humildad. Pero hay algo común en todos ellos: su amor por Cristo y su confianza en la familia como bien para el hombre y la sociedad.

Así, y sin ellos proponérselo, han sido un testimonio directo para mí, para nosotros de amor a la familia, de confianza en el Señor y de experiencia de la riqueza espiritual y humana que tiene la Iglesia. 

En tiempos de desprestigio -cuando no ataque frontal- a la familia, profundizar en su esencia, en la vocación al amor, en la revelación del amor humano en las Sagradas Escrituras, ha sido una efusión de gracia para continuar viviendo, con mayor sentido y alegría, mi vocación matrimonial y familiar.

En el Génesis, en los Profetas, en El Cantar de los Cantares…pero también en San Pablo, en San Mateo…en numerosos libros de la Biblia se proclama la grandeza y la belleza de la familia, del matrimonio, del amor entre el hombre y la mujer.

Desde luego, este encuentro veraniego de familias, en su lado académico, en el espiritual y, sobre todo, en el humano, ha sido un auténtico regalo que el Señor nos ha hecho a Marta, a Sol y a mí en nuestro caminar como matrimonio y como familia.

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