Buscando al Dios de los vivos
El verano es generoso en experiencias de fe. El tiempo dilatado y suave permite que la vida avance a un ritmo natural, benigno, saludable. En el sol, el mar, el descanso y la buena compañía, es casi imposible resistirse . Está claro: el Señor ha estado presente en las noches de agosto, en los lugares lejanos que hemos descubierto y en las personas con quienes hemos coincidido, siquiera fugazmente, en el trasiego del verano. Sin embargo, donde quizás merezca más la pena encontrarlo sea aquí mismo, de vuelta a lo cotidiano.
La euforia de la experiencia de fe se calma, y a veces nos parece que es porque nos hemos quedado solos. ¡Qué gran error! ¡Qué torpe es nuestra fidelidad! Tratamos, entonces, de volver al verano, para que nos devuelva el recuerdo de lo vivido. Pero ya no está la playa, ni el aire caliente, ni la luz. Buscamos al Dios de los vivos en lo que ya está muerto.
En cambio, qué distinto es pedirle que nos dé una mirada nueva. Qué distinto es poder mirar por dentro lo cotidiano, trabajar entregado y hacer realidad, cada día, el encuentro con el Señor. Desde el ascensor, la cafetería, el mercado, el coche, la silla y el ordenador. Durmiendo, comiendo y andando.
El Señor no ha elegido ser, tan sólo, Señor de lo excepcional. Es el Señor de todo. También de los madrugones, las prisas, el asfalto y el frío. Más aún: sólo merece la pena seguir al Señor siempre fiel que permanece en la rutina, en la duda, en la soledad y a través de todos los cambios. El que va con nosotros adonde nosotros vayamos. Nunca nos abandona. Sólo hace falta saberle reconocer. Él, que no se deja ganar en generosidad, nos dará una mirada creyente: capaz de mirar y ver.
Este año, no importa si me he propuesto apuntarme al gimnasio, madrugar todos los días, leerme la pila de libros que se acumula en la mesilla o pasar más tiempo con mis amigos. Lo único importante es permitirme vivir de verdad: poner la mirada fija en Él. Buscar y, por fin, hallar al Dios de los vivos.
Filed Under: Cabecera • Columna Libre



Cuánta razón tienes. Una mirada positiva y llena de esperanza en contraposición a los “sindromes postverano” que intentan hacer de este periodo estival, aunque agradable y radiante, el centro de nuestra vida. En lo cotidiano y en día a día es dónde debemos fundamentar nuestra fe y felicidad.
María, leo con gran alegría tus líneas. Anclarse nostálgicamente en lo pasado es buscarLe entre los muertos. BuscarLe sólo los fines de semana es no haberle encontrado aún. EncontrarLe es poder VIVIR en cualquier situación, gozosa o dolorosa, extraordinaria o normal. ¿Hay algo “normal, corriente” si vivimos cada día con Él? ¡Ojalá que estemos todo este curso al lado del que tú llamas ”Señor de todo” y no sólo de los días de verano! ¿No era con Él, con el Dios de las cuatro estaciones, con el que estábamos reunidos cuando estábamos en Guriezo?
Hola! Muchas gracias por tu comentario, María. Desde la lejanía y la soledad de Malta las palabras que Dios ha puesto en tu boca me han ayudado a concienciarme un poco de dónde está Dios. No es allí sino AQUÍ.Todo debe ser por Él y para Él, lo bueno y lo malo. Porque a eso estamos llamados.
María, ¡cuánta razón tienes! Jesucristo ha salido a nuestro encuentro y ya no nos abandona; pero ¡cuán difícil nos resulta creerlo! ¡Cuántas veces volvemos la mirada nostálgica a aquellos momentos tan hermosos, pero que ya pertenecen al pasado! Y como, insensiblemente, absorbidos por el día a día, acabamos viviendo como si Dios no existiera… Pero, por fortuna para nosotros, Dios no nos abandona NUNCA; al contrario: no deja perdonarnos, de socorrernos en nuestra debilidad. ¡ALABADO SEA! Que Dios nos conceda la Gracia de la constancia. Gracias por tu excelente reflexión.
Gracias a todos. Este unísono que brota de vuestras intervenciones, dicen que se llama Comunión, ¿verdad?
El Señor de las cuatro estaciones se deja ver mejor en la rutina…
si no, sería sólo el Señor del verano.
El Señor de la misericordia infinita se deja ver mejor en nuestra debilidad…
si no, sería sólo el Señor de los perfectos.
El Señor que es siempre distinto se deja ver mejor en lo cotidiano:
¡ahí sorprende más su infinita novedad!
El Señor de Todo se dejar ver mejor donde no lo esperamos, allí donde no nos alcanza la fe…
Pido para todos el don de la mirada nueva que sólo nos da el Espíritu.
¡Permitámonos buscar y hallar al Dios de los vivos!
Al leer tu columna de esta quincena de apertura de curso, me ha venido a la mente la imagen del “pantocrator” románico de la iglesia de Tahul, y que todos hemos visto alguna vez en algun libro de texto , al menos. Dios omnipotente, alfa y omega, principio y fin de todas las cosas. Dios se manifiesta en todos y en todas las cosas, lo importante es creer en Él, verle através de su obra. Juan Enrique Fabre, padre de la Entomología (ciencia que estudia a los insectos), cuando le preguntaron en cierta ocasión,si creía en Dios, contestó : “No me hace falta, le veo todos los días”.
maría es precioso lo q dices y muy sugerente. sabes q tus artículos normalmente me resultan difíciles por lo “densos” pero este es distinto…ciertamente no es fácil vivir y sentir permanentemente lo q tú dices…pero no tengo la menor duda de q estás en lo cierto y q ese, es el verdadero Dios
gracias a ti…y gracias a los guriezanos q han compartido esta columna!!