Siete de Octubre: Ntra. Sra. del Rosario
“La más alta ocasión que vieron los siglos pasados, los presentes, ni esperan ver los venideros”. Así definió la gran efemérides de este día, pero de 1571, Miguel de Cervantes: la Batalla de Lepanto.
¿Porqué me refiero a una batalla si voy a hablar de la Virgen?. Os lo explico.
Allá por el año de 1569, el Papa de aquella época San Pío V (1566-1577), alarmado por el auge que estaba alcanzando el imperio turco y por tanto musulmán, que no se nos olvide, no sólo en el Mediterráneo, sino en las mismas tierras de Europa, al tener su base los turcos en Bizancio, conquistado en 1453, desde donde en 1521 se apoderó Solimán II de Belgrado; en 1522 se hizo dueño de la isla de Rodas; y entró en Hungría el año de 1526, ganó la batalla de Mohaes, apoderándose de Budapest, de Gran y de otras poblaciones, penetró hasta Viena, tomó y saqueó a Tauris. Su hijo y sucesor Selim II conquistó la isla de Chipre el año de 1571;siendo la turca, la más numerosa y formidable armada que hasta entonces se había visto. El Papa se dirigió a los reyes católicos de Europa, en busca de ayuda para hacer frente a esa amenaza. Ya en 1569 el Papa también pidió a toda la cristiandad que se rezase el Rosario.
Solamente España, Venecia, Génova y los propios Estados Pontificios acudieron a la llamada del Papa y reunieron una flota, cuyo comandante fue D. Juan de Austria, hermanastro del Rey Felipe II. En la madrugada de ese día 7 de Octubre de 1571, la escuadra cristiana se enfrentó a la otomana de la media luna, que era superior en número de naves y hombres, en el golfo de Corinto, cerca de la localidad griega de Lepanto. Las tropas cristianas antes del ataque, se encomendaron a la Virgen Santísima y rezaron el Rosario con gran devoción.
Durante esos días la cristiandad rezó a la Virgen para pedir su ayuda en la batalla. El propio Pío V no cesó en sus rogativas. En un momento dado, siendo testigos algunos cardenales, puso sus ojos en el cielo y manifestó que era hora de dar gracias a Dios por la victoria cristiana. Este hecho fue autenticado posteriormente en el proceso de canonización de este Papa, pues coincidió en el tiempo, con el momento en que se dio por ganada la batalla. Pensemos que la noticia de la victoria en Lepanto (Grecia) llegó a Roma semanas después. En dicho mensaje de triunfo, Don Juan de Austria atribuyó la victoria a Nuestra Señora del Rosario.
El Papa en gratitud perpetua a Dios por la victoria, instituyó esta fecha como la fiesta de “Nuestra Señora de las Victorias” y agregó en las letanías del Santo Rosario, la invocación de “Auxilio de los Cristianos”. La advocación de esta fiesta fue cambiada por el sucesor del Papa Pío V, Gregorio XIII el 1º de abril de 1.573, por la de “Nuestra Señora del Rosario”. Clemente XI, en 1716, extendió esta fiesta a toda la cristiandad. Fue San Pío X quien fijó la fecha del 7 de Octubre, pues, desde el Papa Pío V, se celebraba el primer domingo de Octubre, como por privilegio papal la siguen celebrando los dominicos.
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Únicamente añadir un comentario. Me indican varias personas que no han podido dejar sus comentarios. Siempre gusta saber lo que los demás piensan de lo que has escrito, aunque sea una crítica demoledora.
que no han podido?
Creo que ha podido ser justo en un momento que he parado los comentarios… LO SIENTO!!! problemas técnicos!
Ya podéis comentar la columna de Florentino!
Muchas gracias, Floren.
No conocía el relato que has narrado. La historia ha dejado su rastro en muchas oraciones, y aquí se ve un ejemplo de cómo las oraciones que conservamos nos unen a otros hombres y mujeres que nos han precedido. Las cosas, gracias a Dios, cambian. La fe se vincula hoy menos con la guerra. En cambio, desearía que esa misma fe nos acompañe siempre en nuestras “batallas” diarias. Desearía que sonara siempre la letanía de acción de gracias del que todo ha recibido sin dar nada a cambio, de quien nunca podrá pagar tanto don.
Floren! Muchas gracias por tu columna! Una refresco de historia y más desde un punto de vista Cristiano, creo que me va a venir fenomenal!
Gracias por vuestros comentarios, incluso a los que no los pudieron dejar. Quizá por la formación que se recibe, por el ambiente, por la “deformación” de la opinión pública, me queda una duda … La Santa Alianza, que así se llamó aquella unión de los cristianos contra el turco, no era una “provocación ” de aquellos, sino que, ojito, el Islam recoge en el Corán la “guerra santa” contra los infieles como fórmula para alcanzar el cielo. Por favor tened esto presente, en aquella época el islam se expandía a fuerza , no de “diálogo de civilizaciones” o “convencimiento”, si no a base de alfanges y pólvora. Por desgracia hoy, casi 500 años después, hay algunos musulmanes que siguen utilizando la pólvora, para hacer su “guerra santa”. Aunque por debajo hay otros intereses no confesados, como ha ocurrido siempre en las guerras. Perdonad el “rollo”, pero no pequemos de “buenismo”.