Tiempo de verano
Atrás quedan ya los calurosos días de verano. El ardiente asfalto que guarda efluvios de vida y pisadas de mil caminos deja de ser encrucijada para los que andan buscando un quehacer o un vivir. El otoño en un estado embrionario aún nos obliga a mirar por encima de nuestro hombro para echar la vista atrás y obligarnos a recordar, ¿Qué hemos hecho?, ¿Cómo hemos vivido?, ¿A quién hemos mirado?
Y el sonido del mar martillea el oído, y el amanecer fresco y el llanto de un niño. En el intento frustrado de caminar como si nada, ya no es posible. Como diría Dostoyevski: “He encontrado la verdad y ya no puedo perderme”, y a menudo hablo con palabras que no son mías. Incoherencia es mi seña de identidad, pero avanzo. Y brumas de agosto, y persisten los llantos de niño, pero ahora también hay risas.
La vida ha cambiado para mí, y caigo en la tentación de creer que la liga está ganada, pero hay que seguir jugando. Todavía quedan muchas decisiones que tomar. Y los gritos de los parques, las sonrisas de los ancianos. Horchatas, pipas en el muro, acordes de guitarra. Guriezo. La gente. Miradas que acompañan, que vibran y rescatan. El vacío al que a menudo estamos abocados en nuestra pobreza.
¿Quién habrá de salvarnos? Yo lo sé y tú, querido lector, también lo sabes. Cuando uno ha conocido Disneylandia ya no se conforma con la feria del pueblo. No podemos vivir como si nada, cuando “todo” ha cambiado. Y la piscina, chapuzones, el calor amaina. Las sandalias en los pies, arena de playa.
He recuperado la fuerza con los santos y con los que habrán de serlo. Bucear en los que nos preceden es luz asegurada para el mañana incierto. Más risas de niños, y biberones, y calientabiberones, y esterilizabiberones y funda de biberones y el maletero hasta los topes. ¿Es posible que alguien tan pequeño ocupe tanto? Y la vida sigue, en todo su esplendor, y la gracia se manifiesta sin que podamos hacer nada para evitarlo.
Verano. Verano azul, verde, amarillo. En definitiva, verano. Noches más cortas, días largos, gasolina para el curso, tiempo necesario.
Y no es posible perderse cuando uno se ha encontrado, quizá cuando ha encontrado la luz que no cesa, el rayo que no se apaga.
Un nuevo tiempo nos espera, hermanos y amigos todos. Vivamos como si no supiéramos nada pero abrazando al que es Todo. Con la sorpresa puesta en la mente y la ilusión en los labios. Ya no es posible huir. ÉL nos ha encontrado. Feliz Otoño…después del verano.
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Genial artículo.
Qué viveza! Qué prosa poética!
Un lirismo conmovedor.
Qué gusto leerte.
Gracias, Marta. Da gusto cada vez que escribes.
Cuando te das cuenta que ya no eres tú, sino que es Él el que está en el centro de todo no hay “escapatoria”. ¡Bendita cárcel! . Aunque el día a día impida ver algo más lejano, pero muy cercano, la Eternidad. Aunque los pañales, después los porqués, los dames, para continuar con los “esquetunosabes”, nos conforman la vida, etapa tras etapa, Él está ahí siempre , sin desfallecer, sin “irse de vacaciones”, sin añoranzas estivales, tan sencillo como esa llama junto al Sagrario.