Acercarse al matrimonio sin prejuicios

Escribo por primera vez en esta página por invitación de Edu Gambra, al que tengo que decir que sólo conozco “virtualmente”. Esto es una de las mejores cosas de San Jorge: que llegues como llegues siempre eres bien recibido. Y es una de las razones por las que, aunque geográficamente no lo es, hace tiempo que San Jorge se ha convertido por elección familiar en nuestra parroquia.

Tal vez lo que ha llevado a Edu a dejarme un hueco en San Jorge Digital es que, contra la opinión que está de moda, a mí me parece que el matrimonio es uno de los mejores proyectos que Dios ha pensado para el hombre. No sólo eso: para mi gusto lo mejor del matrimonio es que es para siempre. Sí, para siempre. Cuando prestamos el consentimiento decimos “todos los días de mi vida”. Y esto que a mí es lo que más me gusta del matrimonio, es lo que mayor rechazo provoca en una gran mayoría de personas.

Me parece que muchas veces ese rechazo surge de una falta de comprensión de la realidad del matrimonio. Hay muchos tópicos que circulan en conversaciones y medios de comunicación (“el amor no puede durar”; “el compromiso mata al amor”; “el amor se termina en poco tiempo, luego tienes que contentarte con refugiarte en ocuparte de tus hijos”; “¡el matrimonio es una cruz!”) que han distorsionado el concepto de matrimonio, y que hacen difícil entender de qué hablamos cuando, en la Iglesia, decimos “matrimonio”.

Por eso creo que sería interesante plantearse y poder entender por qué la Iglesia enseña que el matrimonio es una unión en el amor que debe vivirse en fidelidad, abierto a la vida y para siempre. Más de una vez he oído que esto lo enseña la Iglesia “para fastidiar” o “porque es una institución que debería modernizarse”; porque -dicen- ese compromiso limitaría la libertad personal, que aparentemente consistiría en hacer en cada momento lo que más te apetezca.

Como además desde hace nueve años trabajo como Defensora de Vínculo en el Tribunal Eclesiástico de Madrid, espero que esta oportunidad de comunicación sirva también para despejar los recelos con que es mirada la actividad de los Tribunales de la Iglesia, incluso dentro de la misma Iglesia. El motivo de esta desconfianza suele ser, de nuevo, la falta de conocimiento de la realidad de los Tribunales Eclesiásticos y de la labor que realizan.

Muchas veces se entiende el proceso de declaración de nulidad del matrimonio como un recurso de la Iglesia para solucionar situaciones irregulares o difíciles. Incluso hay quien habla de “divorcios encubiertos”. Nada más lejos de la realidad. El trabajo de los Tribunales Eclesiásticos parte de valorar extraordinariamente lo que es el matrimonio; y de apreciar como bienes preciosos las propiedades esenciales (unidad, indisolubilidad y sacramentalidad) y los fines del matrimonio (bien de los cónyuges y generación y educación de la prole). Todo esto teniendo claro que la misión principal de los Tribunales Eclesiásticos no es romper un matrimonio. Por el contrario, es declarar la verdad sobre la validez o invalidez de un matrimonio concreto, es decir, sobre una realidad que funda la institución de la familia y que afecta en el máximo grado a la Iglesia y a la sociedad civil” (Benedicto XVI, Discurso a la Rota Romana, 28 de enero de 2006) sin perder nunca de vista que “en las causas de nulidad matrimonial la verdad procesal presupone la “verdad del matrimonio” mismo.”(Benedicto XVI, Discurso a la Rota Romana, 27 de enero de 2007).

Si os parece interesante, podemos dedicar entregas sucesivas a intentar entender mejor qué es el matrimonio; qué trabajo hacen los Tribunales de la Iglesia y cómo la experiencia de los Tribunales nos puede ayudar a conocer qué dificultades podemos encontrar en el matrimonio, y qué posibilidades hay de solucionarlas. Y a revisar esos comentarios que se oyen por ahí y que ponen en duda que se pueda vivir casado y muy contento.

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Comentarios (12)

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  1. Pedro dice:

    Me parece muy acertado tu articulo. Estaremos atentos a las siguientes “entregas”.

  2. edugambra dice:

    Mmmm… Creo que va a dar mucho juego nuestra nueva columnista :D

    Yo soy de los de la opinión de “¡el matrimonio es una cruz!” :D asi que yo también voy a ser un fiel seguidor de tus columnas!

    Muchas gracias María y bienvenida!

  3. Elena dice:

    Me ha gustado mucho tu artículo.
    Yo también soy partidaria de seguir con las entregas.
    Esperaremos a la siguiente con ganas!

  4. maria dice:

    Edu, seguro que podemos llegar a un acuerdo; todo depende de lo que entiendas por cruz

  5. tuky dice:

    Maria, tus letras llegan como un soplo de aire puro. Coincido plenamente con tu planteamiento y tu visión del matrimonio. Me da mucha rabia la idea generalizada y negativa que se ha ido introduciendo de un PROYECTO  tan grande como es el matrimonio y que te da la vida. El hombre a nacido para amar y ser amado y aunque ese deseo infinito sólo puede verse colmado por Dios es Éste quien nos pone delante, si es nuestra vocación, un hombre o una mujer para compartir, dar vida y caminar juntos. Cuando leo y oigo estas ideas que tan poco responden a lo que yo vivo, me apetece gritar: -¡No!, ¡No!, que te prometo que puedes estar casado y ser muy feliz!! Para mi, decir sí a Cristo en mi matrimonio ha sido y es una de los mayores regalos que he recibido. Sólo llevo dos años casada y sé que las dificultades llegarán, pero lejos de temerlas lo que quiero es prepararme con todas las armas con las que cuento para disfrutar, vivir y poder responder en su caso a lo que esté por llegar. Así que me uno sin ninguna duda al grupo de los interesados en que sigas profundizando en todo aquello que pueda ayudarnos a profundizar en esta verdad que supone el entregarse para toda la vida y que por tu experiencia personal y laboral tanto nos puede iluminar.Gracias María!

  6. Charo Calatrava dice:

    Gracias Maria por tu articulo. Por la importancia que me parece que tiene cuando en tu articulo mencionas con el cariño que te han acojido en S. Joge quiero unirme a ti, pues esta es una realidad que tenemos que cuidar al maximo todos los que como yo me siento en S Joge como en mi casa y siempre hubo esa primera vez y , que gracias a ese cariño llevo mas de 20 año metida en ella. Esta es la Iglesia a la que pertenecemos  y  a la que le debemos TODO.
    En el matrimonio tambien soy veterana y en todo lo que dices tengo que estar de acuerdo. Esto va para Edu. No conozco nada cuando de sentimientos se trate que no aparezca la cruz, y yo soy de las que opino que “bendita sea la cruz”

  7. Mªjesús dice:

    ESTOYDE ACUERDO EN QUE EL MATRIMONIO ES PARA TODA LA VIDA Y CLARO QUE ES UNA CRUZ  A LA QUE NOS TENEMOS QUE AGARRAR Y LLEVARLA CON ALEGRÍA

  8. Mota dice:

    Gran artículo María, y bienvenida.
    LLeno de luz que tanto necesitamos.
    El matrimonio, como bien decís, es un regalo. Un regalo precioso y auténtico donde el hombre ama y es amado plenamente.
    Como todos los anteriores comentarios, me uno y pido que sigas escribiendo sobre el matrimonio. Cree que haría mucho bien.
    Gracias María.
    Mota

  9. Florentino dice:

    Gracias María por esta columna tuya y me parece estupendo que sigas hablándonos de tantas y tantas cosas sobre el matrimonio, más cuando algunos ya teníamos olvidadas las clases de Derecho Canónico (no como dicen por ahí “Canónigo”). Tengo fama de “provocador” y contigo lo voy a intentar… Discrepo con que el matrimonio sea un “proyecto”, creo más bien que es una realidad, realidad que vivimos los casados día a día con sus altibajos, que de todo hay y esto hay que advertirlo, pero ¡qué maravilla es superar esos altibajos!  y sobre todo poniendo a Dios en el centro de nuestras vidas, ¡qué gran ayuda !. De algo sirve olvidarse del “porque yo” y cambiarlo por el “porque nosotros”. La Cruz es salvación, bendita sea y alabada.

  10. maria dice:

     
    Florentino, no me parece provocación lo que comentas (de momento). De todos modos, a mí me parece que el matrimonio es un proyecto, que se ofrece como posibilidad y que uno puede querer o no; y sólo cuando una mujer y un varón concretos deciden libremente asumir ese proyecto, su consentimiento hace que el matrimonio pase a ser una realidad de vida.
    En cuanto a si es o no una cruz, todo depende de lo que entendamos por cruz. Generalmente cuando se oye esta expresión suele hacer referencia a una carga pesada que se ha presentado sin que uno la haya pedido, y que hace las cosas muy difíciles; por ejemplo, una enfermedad, una desgracia. Y no estoy de acuerdo con que el matrimonio sea una cruz en este sentido. Ahora, si entendemos que la Cruz es una entrega amorosa asumida libremente, que nos lleva a renunciar a nuestro egoísmo, aunque a veces nos cueste, y que además es donde está Cristo, entonces todo cambia. Pero aparte de vosotros ¿cuánta gente quiere decir esto, cuando dice –despectivamente- “el matrimonio es una cruz”?

  11. Florentino dice:

    Gracias María  por tu contestación. Quizá aquí “hilamos muy fino”, y también porque existe en nuestra sociedad , y más en la gente más joven, ciertas reticencias en llamar a las cosas por su nombre, no sé muy bien porqué, a eso a lo que tu le denominas proyecto de matrimonio, que hasta ahí creo que estamos de acuerdo, siempre se le ha llamado noviazgo. Y el matrimonio  rato y consumado, creo recordar, corrígeme por favor, deja de ser ya proyecto, para ser el principio de una realidad de vida, de la creación de una familia, que a veces no coincide con el proyecto e ilusiones previos, no digo que no y por desgracia así ocurre muchas veces.
    Que durante su vivencia hay proyectos, ilusiones por hacer tanto y tantas cosas, efectivamente así debe ser, y cada día tenemos la oportunidad de generarlos y llevarlos a cabo. Si el amor preside nuestras vidas, qué mejor forma de cuidarlo es agrandarlo, dando sin esperar nada a cambio. Creo que así se cumple, por lo menos con los más cercanos,  ese mandamiento tan maravilloso que Jesucristo nos dejó. “Amarás a tu prójimo como a tí mismo”.
    Coincido contigo en lo de la cruz como castigo, y Cruz  como  la forma más sublime de amar. Quizá sea problema de entendimiento, o también de “valentía”, en el sentido de ser consecuente y sincero con uno mismo y asumir o hacer suyo plenamente aquello que se dice creer.

  12. Carmelo dice:

    Sencillamente magnífico.

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