Yo me entrego a ti para siempre … o hasta que encuentre algo mejor.
Quienes hayáis visto la película Casomai (del director Alessandro D’Alatri; Comprométete, en su versión en español) recordaréis la escena del consentimiento, en la que el sacerdote dice a los novios: Repetid conmigo “Prometo serte fiel siempre; En la alegría y en el dolor; En la salud y en la enfermedad; Y amarte y respetarte todos los días de mi vida; O por lo menos casi todos los días. Sabiendo que, por si acaso (casomai), siempre hay una puerta abierta a vuestra espalda. Y que si tuvieseis alguna aventurilla tampoco sería el fin del mundo porque de todos modos eso es lo más común.
Que las tentaciones sean la sal de vuestra vida; Porque suele decirse que una transgresión pequeña incluso hace bien. Que sepáis ser tolerantes en el trabajo pero nunca, nunca entre vosotros. Y que un día cuando seáis viejos esté justificado el que busquéis otro u otra…” Hasta que el padre del novio le interrumpe, indignado: ¡pero qué está diciendo!
Lo que el sacerdote, en esa escena, está proponiendo, es lo que la sociedad ofrece actualmente bajo el nombre de “matrimonio”: una unión en la que uno no se entrega totalmente al otro, sino que entrega sólo parcialmente, y se guarda la posibilidad de romper la relación o de compartir el amor con otras personas, al mismo tiempo o sucesivamente. Lo curioso es que cuando lo proponen las películas, los medios de comunicación, los políticos… suena moderno, libre y atractivo. Pero cuando la misma propuesta se ve, aunque sólo sea de modo ficticio, en boca de la Iglesia, inmediatamente
algo nos dice que eso no encaja. Y no encaja porque de la Iglesia esperamos que nos diga la verdad, y enseguida llama la atención la falta de verdad que encierra esa propuesta.
Porque este tipo de unión, por el que uno puede optar si quiere, no es realmente amor. Lo que propone es “voy a vivir contigo mientras me satisfagas, y hasta que encuentre algo mejor”. Es una opción, pero no muy romántica desde mi punto de vista, en la que tratamos al otro como un objeto de usar y tirar: estaré contigo mientras me guste tu belleza, tu simpatía, tu dinero, el placer físico que me proporcionas…
Por el contrario, cuando uno está verdaderamente enamorado, ese amor hace que descubra que mi vida es mejor porque tú existes; ya no concibo la vida sin ti y quiero que estés a mi lado siempre. Porque las cosas buenas las disfruto más compartiéndolas contigo; y las malas las afrontaré mejor si tú estás a mi lado. Este amor es el que lleva a tomar la decisión libre de quererse todos los días de la vida. Y esta decisión definitiva es lo que diferencia al matrimonio de otro tipo de uniones.
Además, que el matrimonio sea para siempre favorece la estabilidad psicológica: si uno piensa que en cualquier momento el cónyuge puede hartarse e irse, vive en tensión. Estará todo el día intentando agradarle a cualquier precio, pero no sinceramente sino para que no se enfade y me deje. Y tendrá miedo de mostrarse como es; esto no es sano psicológicamente. Y tampoco es amor, como explica muy bien la 1ª carta de San Juan: “no hay temor en el amor; sino que el amor perfecto expulsa al temor, porque el temor mira el castigo; quien teme no ha llegado a la plenitud en el amor”.
Por el contrario, saber que el compromiso de amor adquirido es para siempre da la estabilidad de saber que te van a querer como eres, aunque algunas veces tus defectos se vean más que tus virtudes; tendré que intentar corregir lo malo, con tu ayuda. Pero no tengo que estar todo el día haciendo teatro ni vivo angustiado pensando continuamente que te vas a ir.
Contribuye también al bien de los hijos: porque educarlos supone un desgaste que es más fácil llevar adelante juntos; porque los niños necesitan saber que cuentan con su padre y su madre siempre, con su presencia física y sus cuidados, para crecer con seguridad. Y porque necesitan los modelos masculino y femenino, y aprender de sus padres cómo se quiere de modo conyugal.
Todo esto, que es consecuencia del amor, tiene su base en la naturaleza humana y por tanto no es exclusivo del matrimonio canónico, sino de todo matrimonio bien entendido. Entre bautizados, queda reforzado porque el matrimonio es además sacramento, es signo del amor de Cristo por la Iglesia y por cada hombre: amor que se ha entregado sin reservarse nada, de modo definitivo. Amor que es fiel y que ama siempre, no sólo cuando el hombre es bueno, también cuando falla.
Es cierto que llegar a un amor así supone esfuerzo; pero todo lo que merece la pena supone esfuerzo. Y siempre será más fácil si nuestro matrimonio está construido sobre Roca y si nos dejamos querer por Cristo, que nos enseñará a querer como El quiere.
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María: me lo “pones” dificil, porque estoy de acuerdo contigo en lo que dices. Es que el AMOR , así , con mayúsculas , entendido como lo que realmente es, lo llena todo. San Pablo en la 1ªEpístola a los Corintios, en el capítulo 13, que es la que suele leerse en las bodas, nos da el compendio del AMOR, el centro de la vida, es nuestra vida misma o al menos así debiera ser, frente a él todo es parcial. Como dice San Pablo “… Y aunque tenga (don de) profecía, y sepa todos los misterios, y toda la ciencia , y tenga toda la fe en forma que traslade montañas, si no tengo amor, nada soy. …”.
Maria: Es una maravilla leer tus cartas sobre el amor en el matrimonio. Pienso lo mismo que tu y puedo sentirme muy agradecida a Dios que siempre nos ha acompañado en nuestro matrimonio. Que despues de 37 años puedo decirte que sigo sintiendo, esa misma necesidad de compartirlo todo con el, que nada tiene sentido sino esta el, que todo es mas facil si esta el conmigo. Que sigo esperando el fin de semana con la misma ilusion de siempre para poder estar juntos, sin prisas, solos y que como tu sigo pensando ” no concibo la vida sin el”. Despues de tantos años es obvio decir que hemos vivido muchos momentos buenos pero tambien otros dificiles, pero lo que nunca nos ha faltado es ese amor con MAYUCULAS que si no lo conoces comprendo que es dificil de superar ciertas situaciones que van yo pienso unidas a la vida. Para mi es imposible llegar a amar con una entrega total de ti misma sin conocer antes el amor de Cristo. Amar asi te realiza plenamente como ser humano
Florentino, no se si preocuparme si el “provocador” está de acuerdo con lo que escribo. En serio, gracias por vuestros comentarios. Me gustaría saber si hay algún punto sobre el matrimonio en el que haya dudas, o sobre el que queráis saber cosas, para tratar más adelante.