Católicos en la vida pública
Durante el penúltimo fin de semana de noviembre, mientras toda España disfrutaba de la impresionante e inesperada victoria de la selección nacional de tenis ante Argentina en la final de la Copa Davis (en fin, todavía no me lo creo…), tuvo lugar en Madrid el X Congreso de Católicos y Vida Pública, organizado por la Asociación Católica de Propagandistas en la Universidad CEU San Pablo.
El título del Congreso, que contó con el apoyo y la presencia de buena parte de la Jerarquía eclesial española (Cardenal Rouco Varela, Monseñor Martínez Camino, Cardenal Martínez Sistach, Don Cesar Franco…) es realmente descriptivo: Católicos y Vida Pública.
Además de ser un lugar de encuentro de todos los católicos que asisten al mismo (cerca de 2.000), en él se da testimonio de las diferentes formas que tiene el católico para ser sal de la tierra y luz del mundo, de este mundo en el que vivimos. En la España del 2008. Allí se encuentran profesores de Universidad, sacerdotes, monjas, amas de casa, estudiantes, abogados, fiscales de la Audiencia Nacional, médicos…con un objetivo claro: nuestra fe en Dios, en Jesucristo y en la Iglesia no es para vivirla en las sacristías y en las parroquias, sino que el católico lo ha de ser en todo momento y en todo lugar.
El Gobierno, el partido político que lo forma, muchos otros partidos políticos y un gran número de asociaciones civiles han volcado toda su artillería en la dirección de enclaustrar la fe católica en el más estricto ámbito privado de las personas. Ahí tenemos la cultura de la muerte, el relativismo moral y el más rampante anticlericalismo y laicismo que estamos sufriendo en los últimos años en nuestra España moderna y plural.
Aquí nos encontramos con la retirada de los símbolos religiosos de los colegios –pronto vendrán los de las calles y las plazas-, la prohibición de colocar placas conmemorativas a monjas ilustres, por el mero hecho de ser religiosas, la modificación de la actual ley del aborto en pro de una legislación que acepte el aborto libre y éste como un derecho y no como un delito despenalizado, el coqueteo y la amenaza de aprobar la eutanasia…
No nos engañemos, nuestra fe no es sólo un conjunto de creencias espirituales y teóricas, sino que implica una forma de vida. La Iglesia, ya sea el Papa en sus homilías, Encíclicas o discursos, nuestros Obispos en sus Cartas Pastorales o nuestros sacerdotes en las misas y grupos de fe, cuando nos anima a ser testigos de Cristo en el mundo no hace más que ser fiel a las palabras de Jesús cuando nos dice Id por todo el mundo y anunciad el Evangelio. O que el cristiano es sal de la tierra y luz del mundo.
Y esto es así porque, en primer lugar, quien ha encontrado la Verdad, debe trasmitirla y ser instrumento de Dios para que otros crean en Él y, además, porque la fe se fortalece dándola. El Señor nos ha dado unos talentos, y nos ha regalado la fe, pero también nos recuerda: a quién mucho se le ha dado, mucho se le exigirá.
La calle está sedienta de Dios. Las personas, aún sin saberlo o incluso rechazándolo, tienen hambre de Cristo. Él es el Camino, la Verdad y la Vida, y nadie va al Padre sino es por Él.
En nuestras casas, en nuestros trabajos, en nuestras clases, en nuestro tiempo libre…Él está con nosotros. Estemos nosotros también con Él.
A veces sentiremos vergüenza, otras presión social. A veces temor, otras incomodidad. Pero no ocultemos a Nuestro Señor en nuestras casas y parroquias. Él es el más grande, su amor por nosotros no tiene límite. Nosotros queremos seguirle y amarle. No caigamos en la tentación de esconderle, no dejemos que nos ganen, pues a Uno sólo nos debemos, y sólo a Él hemos de darle gloria.
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Mota ya que empiezas hablando del congreso del CEU y pones el logo del mismo te quería preguntar si fuiste a esta última edición o si eres asiduo al mismo (imagino que sí que lo eres, por lo poco/algo que te conozco)
por otro lado, has puesto una frase preciosa en tu artículo con la que me identifico al 100%. la frase es:
“La calle está sedienta de Dios. Las personas, aún sin saberlo o incluso rechazándolo, tienen hambre de Cristo.”
y enlazando con lo anterior te pregunto…tú crees que el congreso del ceu (este o los anteriores) da respuesta a esta frase que nos interpela? lo digo pq yo he ido varios años al congreso (este último, aunque sólo fui el viernes noche) y me da la impresión que es una especie de burbuja en la que los católicos nos desahogamos del “laicismo que nos oprime fuera” y por unos momentos vivimos en un mundo ideal en el que podemos defendernos y atacar (dialécticamente hablando) a esos mismos que creemos nos han atacado primero…
joer vaya chapa!!!! XD
Hola M. Ángel, siento responder tan tarde (el trabajo aprieta…)
Cierto es que me conoces, pero en este caso has errado: no, no he ido a este Congreso. De hecho, no he ido nunca.
Por eso no lo enfoqué desde el testimonio personal, sino como noticia que me da juega para la columna.
Gracias por lo de la frase, es cosecha propia…aunque seguro que algo parecido he leído o escuchado en numerosas ocasiones…
A lo que me preguntas, qué decirte…creo que todos los que estaban en el Congreso y todos nosotros, los que queremos seguir y amar a Cristo, por un lado sentimos la necesidad de encontrarnos en el camino y apoyarmos y crecer y caminar juntos `(por eso vamos a grupos, a peregrinaciones, a charlas…) y por otro, respondemos ante la agrasividad que se muestra hoy en nuestra sociedad hacia lo religioso, en concreto, hacia lo católico.
Respondemos sin violencia, pero con firmeza y juntos. Solos, poco podemos hacer.
Nosotros somos los primeros que tenemos sed de Dios, hambre de Cristo. Por eso lo buscamos, lo seguimos, lo vivimos. Y nos duele cuando otros lo rechzan, insultan o blasfeman.
Seguimos..