Dios justiciero o Dios misericordioso

En los últimos dos domingos, el último del Tiempo Ordinario y el primero del Tiempo de Adviento hemos tenido la oportunidad de escuchar dos evangelios en los que parece difícil ver al Jesús que ama tanto a los hombres que entregó su vida por nosotros. Recuerdo las citas para aquellos que no tengan en la memoria los textos de los que hablo, el primero es Mt 25, 31-46 “Se sentará en el trono de su gloria y separará a unos de otros”, y el segundo es Mc 13, 33-37 “Velad pues no sabéis ni el día ni la hora”.

El primer Evangelio del que hablo relata el Juicio Final en el que todos los hombres habremos de dar cuentas, el Señor en toda su Gloria nos separará en dos grupos y dirá a cada uno según su vida:

“Venid vosotros, benditos de mi Padre; heredad el reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Porque tuve hambre y me disteis de comer…..  Y entonces dirá a los de su izquierda: “Apartaos de mi, malditos, id al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre y no me disteis de comer….”

En el segundo Evangelio, Cristo parece amenazarnos con lo que puede ocurrir de no estar despiertos cuando regrese para que tenga lugar ese Juicio:

“Mirad, vigilad: pues no sabéis cuándo es el momento…Es igual que un hombre que se fue de viaje y dejó su casa….Velad entonces… no sea que venga inesperadamente y os encuentre dormidos. Lo que os digo a vosotros lo digo a todos: ¡Velad!”

Leyendo estos Evangelios es difícil no ponerse en situación y sentir el temor de una amenaza venida ni más ni menos que del mismísimo Dios.  Pero es increíble cómo hasta en esta Palabra tan dura de nuestro Señor se encuentra su faceta de Padre amoroso si se observa con atención. Me explico y para ello me apoyo en una homilía que nos dirigió el Padre Patricio de Navascués y en un libro de Raniero Cantalamessa “Echad las redes” en el que comenta la Palabra de Dios de cada Domingo.

Hace dos domingos el P. Patricio nos descubría una lectura en la que todo parecía simétrico, en cuanto a que separa a unos a la izquierda y a otros a la derecha. Mientras agradece y premia a los de la derecha por haber cumplido con las obras de misericordia, reprocha y castiga a los de la izquierda por no haberlo hecho…. Pero hay un detalle que rompe esa simetría y es cuando menciona el premio y el castigo. El primero está preparado para los hombres desde la creación del mundo, mientras que el segundo, el infierno, estaba preparado para el diablo y sus ángeles. ¡¡DIOS NO PREPARÓ EL INFIERNO PARA NOSOTROS!!. Lo utiliza como recurso para que escarmentemos en barbas ajenas, las del diablo y sus ángeles, y aunque sólo sea por eso nos arrepintamos y no nos condenemos. Decía el P. Patricio, que gracias a ésto y cito: “Podemos asegurar que sin infierno estaríamos hablando de un Dios menos misericordioso”, ¡Qué sencillo y qué grande!

En cuanto al Evangelio del pasado domingo el P. Cantalamessa abre un interrogante acerca de la intención del Señor cuando dice “Mirad, vigilad: pues no sabéis cuándo es el momento…”  ¿Nos está amenazando, no nos quiere bien? E inmediatamente lo resuelve, “No, es por amor, porque tiene miedo de perdernos.”  ¡¡Dios tiene miedo de perdernos!! Jamás había oído algo semejante. Dios tiene miedo de algo y ese algo es que nosotros, que yo, me condene. Inevitablemente se me viene a la cabeza la frase de San Agustín, “Dios que te creó sin ti, no te salvará sin ti” Y entonces vuelvo a la explicación del evangelio y leo lo peor que se puede hacer ante un peligro que nos sobreviene es cerrar los ojos  y no mirar”. Cristo nos avisa y nos recomienda estar atentos y vigilantes, eso quiere decir con que velemos y termina diciendo: “Dichoso el criado a quien su amo le encuentre portándose así. Os aseguro que lo pondrá al frente de todos sus bienes”.  Vigilar, explica el P.Cantalamessa, es vivir en oración, imponer silencio, situarse en presencia de Dios, volver a encontrarnos con nosotros mismos y reflexionar sobre la propia vida, “pasar de este mundo al Padre”.

En su Justicia Dios es más misericordioso si cabe, yo me apunto a la frase de San Francisco de Sales: “Prefiero que me juzgue Dios a que lo haga mi madre”.

Filed Under: Religión

376 Visitas



Comentarios (10)

Trackback URL | RSS Feed de comentarios

  1. Alfonso, yo también recuerdo la homilía de PAtricio hace dos domingos, y la frase “Podemos asegurar que sin infierno estaríamos hablando de un Dios menos misericordioso”, que a mí también me dejó impactado y pensativo…

    Y la verdad es que tu explicación es bastante tranquilizadora, aunque sigue siendo una materia difícil de comprender.  El infierno no se hizo para los hombres pero…pueden ir los hombres al infierno? Si Dios no quisiera, no iría nadie. Y ¿en qué consiste el arrepentimiento que nos libraría de ir al infierno?

  2. maria dice:

    Dios nos ha hecho libres y por eso no puede obligarnos a nada, ni siquiera a irnos al cielo, si no queremos. El no quiere que nadie vaya al infierno, pero si nos resistimos a acercarnos a El, no puede obligarnos, por respeto a nuestras decisiones libre. Por eso la frase de Patricio sí la entiendo como un signo de misericordia: si no te dejas llevar al cielo por amor a Mi, por lo menos déjame que te lleve por el miedo que te da el infierno.

  3. Loreley dice:

    ¡Muchísimas gracias, Alfonso!

    Esta es una clave fundamental para los cristianos, que debería echar por tierra tantas imágenes deformadas de Dios como un Dios que lleva cuentas del mal y exige lo que no da.

    Guardaré lo que has escrito para tenerlo presente.

  4. Fonso dice:

    Hola a todos!!

     

    Espero que reflexionar acerca de este tema os ayude. A mí me ha ayudado a entender la misericordia que Dios tiene conmigo, una misericordia que ni yo soy capaza de tenerla conmigo mismo.

     

    Miguel Ángel, son interesantes las preguntas que planteas y estoy totalmente de acuerdo con la reflexión de Maria a quien no tengo el gusto de conocer. 

    Mi respuesta a si pueden ir los hombres al infierno es afirmativa, pero en esos términos estrictos. Podemos ir, nos podemos condenar pero no es Dios quien nos envía ni nos condena, sino nosotros solitos. Dios está continuamente echándonos un cable y ofreciéndonos la salvación. Nosotros lo queremos ver tan claro como 2 y 2 pero para aceptar esta verdad es necesario mirar con los ojos de la fe la ecuación. 

    Y ahí es donde entra la respuesta a tu segunda pregunta. Yo creo que el arrepentimiento del corazón del hombre es algo que sólo Dios entiende con certezas, yo por ejemplo le echo mucha voluntad siendo consciente de que es un trabajo más de dejarse curar que de tomar una actitud activa.

     

    Espero que haya aportaciones a este tema que como dice Loreley puede ayudar a aclarar la imagen que tenemos de Dios.

     

    Un saludo a todos.

  5. Adela dice:

    Estoy de acuerdo con lo que cada uno aporta, pero no puedo evitar preguntarme algo: si es el hombre quien decide renunciar a Dios, no amarle y así condenarse…
    si somos libres hasta el último momento… ¿lo seremos también cuando estemos frente a Dios? y, si es así, ¿cómo se puede elegir no amarle una vez tienes a Dios cara a cara?
    Y, por otro lado:
    ¿Qué es lo que hace a una persona condenarse? Dice Santa Teresa que seremos juzgados en el amor. Es decir, se nos preguntará: ¿Tú cuánto has amado? Y, decidme, ¿es que hay alguien que nunca en su vida haya amado?
    Yo creo que el amor es más fuerte que el odio, y, por lo tanto, un poco de amor puede con mucho odio.
    Con esto no quiero decir que se pueda “tomar el pelo” a Dios amando un poco en tu vida y listo. No, entenderme.
    Si observamos las parábolas del evangelio… Dios no tiene una justicia de ecuación, como dice Alfonso. Su lógica no es nuestra lógica… luego, ¿es utópico pensar que un poco de amor en tu vida puede destruir todo el odio?
    Y, por último: Si Dios es amor, quien ama a otra persona (amigo/familia/etc..) ¿ama a Dios por medio de él sin saberlo?

    Perdonar que os lance tantas preguntas de golpe, pero es algo a lo que llevo dándole vueltas hace tiempo y os sorprendería la variedad de respuestas que he oído.

  6. Florentino dice:

    Querido Alfonso: Quiero aportarte una frase del Santo Padre bastante reciente: “No puede haber Justicia sin Misericordia”. Dios nos ha hecho libres, podemos optar, y de hecho a lo largo de nuestra vida optamos, bien o mal, por el bien o por el mal, de ahí la existencia del pecado como vulneración de la Ley de Dios, más bien como ofensa a su Amor. Dios nos deja la libertad, el diablo nos esclaviza, no deja de tentarnos para que cumplamos sus tentaciones y dejemos la libertad de Dios. Si Dios quisiese no iría nadie al infierno, he leído por ahí, entonces seríamos autómatas que siempre deberíamos cumplir las órdenes de Dios sin ninguna capacidad para decidir por nuestra parte, cumplir porque sí, sin más . Pero he aquí que Dios nos ha hecho a su imagen y semejanza, que no igualdad, y Él nos ha dado esa capacidad volitiva para elegir. Una de las cosas que diferencia a Dios de los hombres, entre las muchas que se podrían manifestar, es que en Él existe la Justicia, Él es la Justicia, distinta de la humana, porque de suyo es perfecta, y por ello es Misericordiosa. Dios te lanza el “salvavidas” de la confesión, para purgar tu pena por el delito o falta cometido, pero evidentemente has de poner de tu parte, el arrepentimiento es esencial, la penitencia por muy dura que sea, no lo puede ser tanto, como la limpieza absoluta que te requiere el estar a “buenas con Dios”. La Misericordia tiene “manga ancha” pero uno ha de poner de su parte.  Miguel Ángel no es tan dificil si uno le da “la vuelta al calcetín de su vida” y  allí sale todo. Lo dificil  es quitarse el zapato y “tirar” del calcetín sin miedo a que apeste, pero Dios, por muy fuerte que sea el olor, nunca se tapará las narices y su “colada” una vez terminada nos olerá a Gloria, a Él.

  7. miguelangel dice:

    Adela las preguntas q te haces yo tb me las he planteado muchas veces. Nos juzgará en el amor y por eso yo creo que todos o casi todos nos salvaremos, pq todos o casi todos hemos amado, y seguramente todos o casi todos, instantes antes de morir, desaremos salvarnos y nos arrepintamos de los males que hayamos cometido
    Por eso cuando Florentino habla de la confesión sacramental, como el salvavidas hacia la salvación…tengo mis dudas, y me planteo si los que no se han confesado sacramentalmente hablando se van a condenar por eso mismo…

  8. Fonso dice:

    Adela se pregunta cómo rechazar a Dios al tenerlo cara a cara. yo me he hecho esa pregunta miles de veces y he llegado a algunas conclusiones:

    1º No podemos olvidar que el infierno existe. No está vacio, tenemos la certeza de que está habitado por el diablo y sus ángeles. Ellos rechazaron a Dios cara acara y por ello están donde están. Son seres superiores a los hombres y aún así han caído.
    2º En varios momentos de los Evangelios se ve como hay gente que da la espalda a Cristo incluso habiendo sido testigo de sus obras. ¿Por qué? Se me ocurren muchas razones. Las mismas por las que le niego yo muchas veces a lo largo de mi vida a pesar de debersela a Él.
    3º ¡¡¡¡¡¡¡El Diablo tienta al mismísimo Jesús!!!!! No se conforma con intentar engañar a los hombres sino que intenta a engañar a Dios encarnado. Si ese mismo Hombre fue sometido a tantas tentaciones, ¡¡cuánto más estaremos sometidos nosotros siendo mucho más débiles!!!! Un hombre puede negar a Dios si está suficiéntemente esclavizado por “el malo”, como dice Patricio.
    Preparase para el juicio como quien se prepara para un examen es a mi juicio bastante inútil. Sigue la lógica humana. Para que no me quemen hago tal cosa o la otra en función de las preguntas que creo que vayan a caer. Pues bien la pregunta la sabemos desde que comenzó el curso. AMOR. La puntuación sólo Dios sabe cómo la dará. Por eso Él es Dios y nosotros no.
    En cuanto a la condenación de los que no se hayan confesado sacramentalmente, según lo que tengo entendido no se valora así. Si te confiesas tienes garantizada la salvación, puesto que lo que se ate o desate en la tierra quedará así en el cielo.Si no lo haces no tienes garantizada la condenación, quedas a disposición del Juez, ya que no se dice nada acerca de aquellos que ni se aten ni se desaten. Ejemplo: Niño del Amazonas que no ha conocido la buena nueva…..
    Un placer compartir y aprender de vosotros.
  9. maria dice:

    yo espero que El aprovechará la menor oportunidad para llevar a todos al cielo. Ahora, si sabemos que una de las maneras en las que sale a nuestro encuentro para proponernos su amistad es la confesión sacramental, y aún sabiendo ésto, no nos acercamos a El, entonces estamos endureciéndonos y no dejamos que entre en nuestras vidas, por tanto nos estamos apartando de El. Y como dice Fonso, le damos la espalda muchas veces, a pesar de que sabemos cómo nos quiere.
    Si de lo que se trata es de amor, lo importante es aceptar lo que El te está ofreciendo: su compañía y su vida. Si sabemos que nos lo da en los sacramentos ¿no lo vamos a querer aceptar, ya desde ahora?. Otra cosa será aquéllos que no lo saben…

  10. Rocio dice:

    Me ha parecido especialmente interesante este tema que estais tratando quizás porque ha salido ultimamamente en varias ocasiones en mi entorno. Creo que a veces le damos muchas vueltas a quien se salvará o no, qué hay que hacer para salvarse, etc. y parece que buscamos el atajo “a ver qué es lo mínimo que tengo que hacer, o no hacer, para salvarme”. Habría que mirarlo desde otra perspectiva: Dios está presente ahora, aquí, en nuestra realidad. El enorme regalo que nos ha dado Dios es que podemos encontrarnos con Él aquí y ahora. No hay que esperar a morirnos aunque despues será mucho mejor, claro. Si buscamos estar con Él ya, no nos tiene que preocupar el dia del Juicio final. Esta es la gran ventaja del cristiano frente al que no conoce a Dios: que podemos disfrutar un poco del cielo en nuestra vida terrenal!!

Dejar un comentario