Vivir el Adviento con los cinco sentidos

Vivir el Adviento con los cinco sentidos

Ha comenzado el Adviento. Los cristianos celebramos un misterio que ha cambiado la Historia: Dios se ha encarnado por nosotros. A veces cuesta entenderlo con la razón. En cambio, se ve con transparencia desde la fe.

San Ignacio de Loyola, en sus Ejercicios Espirituales, propone al ejercitante que contemple la encarnación. Así, nos anima a acercarnos a la fe con los sentidos.

 

 

Nos llama a ver, oír y mirar cómo las tres personas divinas miraban toda la planicia o redondez de todo el mundo llena de hombres”, y cómo viendo que estaban sufriendo, “se determina en la su eternidad que la segunda persona se haga hombre, para salvar el género humano “[...]

 

El Padre, el Hijo y el Espíritu miran el Mundo. Miran al hombre y sus desastres. El Señor contempla la variedad inmensa de hombres y mujeres sobre la Tierra. Más de seis mil millones de personas. Él sufre también nuestros enfrentamientos, disfruta los logros que alcanzamos, padece las profundas desigualdades del mundo, conoce la riqueza, la soledad de los abandonados, el dolor de cada enfermo.

 

No es ciego ni sordo: Él escucha el clamor del hombre. Viendo todo esto, y viendo que ha llegado el momento, Dios se abaja para hacerse uno de nosotros. Vivirá en pobreza, y morirá en la cruz.

Así se cumplen las palabras de Isaías:

¡Ojalá rasgases el cielo y bajases, derritiendo los montes con tu presencia!
Bajaste y los montes se derritieron con tu presencia.
Jamás oído oyó ni ojo vio un Dios fuera de ti, que hiciera tanto por el que espera en él.”

 

 

Y todo esto sucede con la mayor sencillez. Vayamos ahora a la casa donde vive María. El ángel la saluda, y ella siente miedo. Él se presenta a ella con delicadeza. Puede escucharse cómo dice: “Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.” Detente. Permítete oírlo de nuevo, sabiendo que este saludo se pronuncia hoy con toda su fuerza.

 

Por último, se oye a María: “He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.“Esta respuesta abre un tiempo nuevo para el mundo. La Tierra entera se prepara. Porque por medio de la sencillez y la la liberalidad de María se hace realidad la Palabra.

 

Esta es nuestra esperanza. Esta es nuestra fe. El pecado y el sufrimiento no tendrán la última palabra. Abramos los ojos y miremos el mundo. Preparémonos para acoger al Señor, que vendrá para restaurar todo cuanto conocemos.

 

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¿Quién es Loreley? Loreley es el nombre de una peña situada a la orilla este del Rin, cerca de Sankt Goarshausen. Su nombre designa al tramo más estrecho y profundo del río legendario. Desde la Edad Media existen referencias a su utilización como marca en los caminos. Y también, historias y lamentos acerca del peligro que corrían quienes navegaban por el Rin y a ella se acercaban. Por aquellas tierras, ricas en mitos e historias, se propagó la noticia de que una sirena habitaba en la roca. Orientaba a los pescadores, que obtenían una pesca abundante. Pero muchos también naufragaban, cautivados por el embrujo de sus cantos. Los grandes autores del romanticismo alemán escribieron versos a la sirena Loreley, como Heinrich Heine en 1824. Yo, que de sirena tengo poco, en cambio sí quisiera interpretar mis cantos desde la roca en que me siento. Desearía que pudieran ayudar a quienes los escuchan a obtener una pesca abundante. Soy consciente de que si alguien tratara mis palabras como verdades absolutas, podría naufragar. A veces yo he sido la primera. Pero permanezco en mi puesto. Interpreto mis cantos de sirena. Y me esmero por llegar a quien los escucha. Mi formación es económica y jurídica, y ambos enfoques están siempre presentes en mis ideas. La cultura es una de mis pasiones. No como saber acumulado, sino como manera de mirar la vida. Disfruto con el arte, en todas sus formas. También con las humanidades. Soy conciliadora en el conflicto, y me gusta opinar. Lo social jamás me es indiferente. Y quisiera comportarme como cristiana cuando escribo. Este deseo exige mucho de mí. Me obliga a reconocer, con franqueza, mis fallos; a expresar mis anhelos; a no callar; a callar a veces; a denunciar; a alabar; a preguntarme; a leer; a disfrutar; y a permanecer en esta Roca, entonando mis cantos de sirena.



Comentarios (2)

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  1. Florentino dice:

    Efectivamente María, a veces cuesta entender que Dios se ha hecho hombre, que se ha “equiparado” a nosotros que nos dejamos llevar por nuestros cinco sentidos. ¡Fíjate!, ¡ ya empezamos a limitarnos a nosotros mismos!, Dios ha venido a nosotros pero no le abrimos la “posada” de nuestra alma, de nuestro corazón, porque no hay sitio para Él, porque está lleno de todo aquello que abarcan nuestros sentidos, y de lo que no, ponemos el límite de la razón, de nuestra limitada razón. En el mejor de los casos, no sabiendo si cabe o no, le dejamos fuera, porque es algo, que para “justificarnos”, decimos que no entendemos , cuando no hacemos nada por entenderlo, cuando tratamos de medirlo por el mismo rasero que a las demás cosas, cuando a Dios no hay “medida”  humana que lo abarque, que a Dios se le “entiende” por Él mismo. ¿Cómo entender lo ilimitado desde la propia limitación de nuestros sentidos? . Para Dios hay otros “sentidos” la Fé, la Esperanza y el Amor. ¡Utilicémoslos!. Creo que bien merece la pena usar estos sentidos para “pernoctar” y formar parte de Dios. En lo sencillo está la respuesta, Él nos la ha dado.

  2. Loreley dice:

    Gracias, Floren. Siempre dispuesto a compartir… da gusto.

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