¿Hemos perdido a Dios?

En la pregunta hay una pequeña trampa. A Dios no se le pierde. No es una cosa que tengamos y que podamos extraviar. Dios siempre está con nosotros, dentro de nosotros. Sería más propio preguntarse si hemos perdido la presencia de Dios.

El otro día vi un anuncio del cuponazo de la Once en la tele. Era un anuncio tontorrón y anodino, y no le presté mucha atención, pero algo en él me llamó la atención y me descubrí horas después pensando en el anuncio.

En dicho anuncio aparecían unas personas, supuestamente agraciados por el cuponazo, exhibiendo una radiante cara de felicidad en diversas situaciones, como acariciando con amor el odiado despertador de la mañana, o pidiéndose disculpas en un choque de tráfico. El mensaje era que la cosa cambia si tienes 9 millones en la cuenta. La tentación es muy explícita: 9 millones y eres feliz pase lo que pase. ¿Y quién no quiere toda ese dinero? Yo lo quiero, me vendría de perlas para cambiar mi vida.

¿Cambiar mi vida?… esa es la trampa. Si necesito 9 millones para cambiar mi vida es que algo no va bien. ¿Dónde está mi esperanza? ¿en la muy improbable posibilidad de que me toque el cuponazo? ¿o en la en la certeza de que ya he sido agraciado con un tesoro infinitamente superior?: el tesoro de ser realmente hijo de Dios, hermano de Cristo, Templo del Espíritu Santo, heredero del Reino.

Si tuviese una mínima presencia de Dios en mi vida, si viviese pensando en esa certeza de ser su hijo y de que todo lo puedo en Él, no necesitaría dinero ni nada para que mi vida cambie. Es más, los 9 millones me parecerían basurilla pasajera y anodina, como el anuncio en sí.

¿Es que hemos perdido esa presencia? La presencia de los primeros cristianos que ponían todo en común y que con alegría aguantaban insultos y salivazos y morían felices en el martirio, porque su esperaza no era otra más que Cristo. La esperanza de saber que el que nos mira todo el rato es el mismo Dios que nos ha creado, que está deseando que le devolvamos la mirada, que la está mendigando, que incluso se humilla, se encarna y muere por aquellos que se declaran sus enemigos.

No creo que me toque nunca el cuponazo (o la primitiva, o lo que sea) y por tanto no creo que tenga la experiencia suficiente al respecto para ver si la vida cambia realmente o no en el caso de que me toque. Sospecho que no cambiaría necesariamente. Pero estoy seguro de que si viviese en presencia de Dios, sabiendo en todo momento que Él me ama, que me apoya y me perdona, que quiere lo mejor para mí como buen Padre, mi vida cambiaría radicalmente.

Filed Under: Portada

268 Visitas



Comentarios (5)

Trackback URL | RSS Feed de comentarios

  1. Mota dice:

    No sé quién ha escrito esta columna, pero es, sencillamente, genial.
    Me ha encantado. Es muy clarividente, y acertadísima.
    NUestra esperanza está en el Señor, que está con nosotros hasta el fin de los días.
    El encuentro con Él, su presencia diaria, su amor hacia nosotros, es nuestra esperanza y nuestra felicidad.
    Gracias por una columna tan esperanzadora y llena de verdad.

  2. efectivamente, si vivimos y sentimos que Dios nos ama, nos quiere, nos cuida, nos perdona, etc…es más fácil vivir y no hay obstáculo q valga para nuestra plena felicidad

    el problema es q esto no es fácil vivirlo. yo abiertamente digo q no lo vivo, no lo siento, aunque teóricamente me lo creo. vosotros (lectores de SJD) lo vivís sin género de dudas?

  3. maria dice:

    sí que es buena esta columna, muchas gracias al que lo ha escrito.
    y a miguel angel: si lo crees, si crees que es así, ya has empezado a vivirlo. Aunque no sientas nada; supongo que muchas veces no sientes nada cuando rezas, y no por eso Dios deja de escucharte. Ni tu oración de ser oración ¿verdad?
    el amor no es (sólo) sentimiento; y, si te fías de Dios cuando no “sientes”, todavía le debe gustar más como muestra de confianza en El. tal vez lo vives  más de lo que parece

  4. coque dice:

    Me ha encantado la columna.  Quien la escribe refleja que ha encontrado esa presencia de Dios Padre e invita a ese precioso encuentro con El.Me ha dado mucho que pensar y rezar.gracias!

  5. Florentino dice:

    Conozco el estilo, y quizá no me equivoque, pero prefiero dejar ese “encanto” del anonimato que si todos analizásemos a los demás cómo son, empezando por los próximos, cómo se muestran, dejaría de serlo. La columna nos muestra a una persona sincera y convencida por lo que dice y no me equivocaría manifestando que realmente sería consecuente llegado el momento. Los valores que muestra “no cotizan en Bolsa”. Si le tocase el “cuponazo” la vida no le cambiaría a él, se le cambiaría a quienes ayudase con su importe, y es seguro que sabría a quién dárselo.  Yo estoy convencido que la vida le cambió radicalmete y hacia lo mejor; Dios:

Dejar un comentario