Sepulcro blanqueado
“¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que sois semejantes a sepulcros blanqueados, que por fuera parecen bonitos, pero por dentro están llenos de muertos y de toda inmundicia!”.(Mt 23,37)
En el Evangelio de Mateo, los cuarenta primeros versículos del capítulo 23 se podrían agrupar bajo el título de “Diatriba de Jesús contra la hipocresía y el fariseísmo”. Nuestro Señor es muy duro en sus palabras contra los escribas y los fariseos. No sé vosotros pero yo inconscientemente nunca me ponía en su lugar cuando leía la palabra de Dios. Simplemente daba por hecho que eran los malos malísimos que se pasaban el día buscándole las cosquillas a Cristo y que terminaron con Él en la cruz. No me veía identificado con ellos. Siempre me ha sido más cómodo verme como el típico judío que pasaba por allí y que tampoco se le podía echar la culpa de nada.
Hace poco tiempo comencé a leer un libro de Slawomir Biela titulado “Estoy a tu puerta y llamo”, cuya lectura recomiendo enardecidamente.
¿Con qué actitud, de qué manera contestamos a la llamada de Dios, cuando Éste está a nuestra puerta? Sólo desde la humildad sincera podremos alcanzar la auténtica libertad de los hijos de Dios desprovistos de toda soberbia.
En ese punto, el de la humildad sincera y la lucha contra mi soberbia, es donde entra a jugar el sepulcro blanqueado que soy. Puedo decir que este libro me ha tocado verdaderamente el corazón como hacía tiempo que no me sucedía. ¡Ese discurso a los hipócritas y fariseos está especialmente dedicado a mí! Cuántas veces no he dejado ver lo que verdaderamente llevo dentro por miedo a parecer débil ante los demás. Cuántas veces, incluso en el mismo Sacramento de la Reconciliación, he reconocido mi podredumbre con excusas y remiendos. Cuántas veces he dicho lo que hay que hacer a los catecúmenos y yo he hecho lo contrario cuando nadie miraba.
Es duro mirar debajo de la cal del sepulcro y encontrar todas las inmundicias que hay. Es más cómodo dejarlas ahí, donde casi nadie las ve y seguir con la fachada blanca e inmaculada por la vida. Hasta hace poco yo he vivido de esta última forma pero desde un tiempo a esta parte he decidido apostar por la verdad en mi vida. Conocerme a mí mismo pero con el consuelo de que la mirada de Dios es mucho más misericordiosa conmigo que la mía propia.
Que nadie se lleve a engaño, no es un cambio nada fácil, para mí esta siendo un camino duro y estoy en el principio. Es difícil encontrar esa infancia espiritual que nos hace capaces de alcanzar la verdad, pero animo a todo aquel que crea que debe andar este camino a emprenderlo. Me es imposible explicar con palabras lo liberador que es y solo espero que esto que el Señor me ha regalado pueda servir a quien lo lea.
Para quien como yo se asuste o espante cuando se encuentre con su propia verdad, una poesía de Santa Teresa de Jesús:
“Nada te turbe, nada te espante, todo se pasa.
Dios no se muda. La paciencia todo lo alcanza.
Quien a Dios tiene nada le falta. Sólo Dios basta”



Alfonso, sólo puedo decirte GRACIAS.
Vaya testimonio más sincero e impactante nos has dado.
Gracias de verdad por compartilo con nosotros.
Cuánta razón tienes en lo que dices.
Te pediré el libro.
Impresionate tu relato. Gracias
alfonso, como siempre un artículo lleno de profundidad y espiritualidad
demasiado denso, quizás para comentarlo por aqui…ya nos vemos por SJ no?