¿Relaciones prematrimoniales?
Algunos, cuando lean este artículo, pensarán: ¿no sería mejor callarse y no dar ideas? Yo creo que no; para empezar porque esta idea concreta se le ocurre a mucha gente. Así que me voy a arriesgar a pensar en voz alta sobre algo que con frecuencia supone una dificultad para muchas personas en su relación con la Iglesia: ¿por qué no puedo tener relaciones prematrimoniales?
Lo primero que hay que aclarar es que ciertamente la Iglesia enseña que la relación sexual debe reservarse al matrimonio. Pero no porque el sexo sea algo negativo, o porque la relación sexual sea mala, como piensan algunos. Tampoco para amargarnos la existencia si no estamos casados, como piensan otros. Entonces ¿por qué? Porque lo que uno valora de verdad, no se lo regala a cualquiera. Y tu cuerpo ¿no es lo más valioso?¿Quién merece tocarlo, abrazarlo, recibirlo? La entrega sexual es algo bueno; es lo que te permite expresar a otra persona, de una forma radical, tu amor por ella. Y precisamente por eso la Iglesia te recomienda que lo reserves para la persona a la que quieras expresar un amor definitivo; no entregues algo tan bueno al primero que pase. Ni lo hagas antes de estar preparado. Porque si lo haces, vas a sufrir y/o a causar sufrimiento en el otro.
Una relación sexual es la manifestación, a través del cuerpo, del amor que tengo a la otra persona. Pero es un gesto que expresa un amor con unas características especiales. Hay otros muchos gestos que permiten expresar amor: besos, miradas, caricias, palabras… Pero sólo la entrega sexual permite decir al otro: “me entrego del todo a ti”.
Este lenguaje del cuerpo puede expresar esta verdad: te quiero y me entrego totalmente a ti. O bien tergiversarlo; porque con una relación sexual puedes 1- entrar en la vida del otro ó 2- entrar sólo en su cuerpo. Si sólo entras en su cuerpo, estás utilizando un gesto que debe transmitir una entrega total para transmitir sólo una entrega a medias; luego lo que expresa ese acto (entrega total) no coincide con lo que hay en tu corazón (sólo me estoy dando en parte; o, todavía peor, te estoy utilizando para obtener placer pero ni se te ocurra pedirme algo más). Esto hará daño a los dos: al que rebaja el significado de un acto que tiene mucho más que ofrecer; y al que se entrega de verdad, confiando en que es correspondido, y se encontrará ante la amarga realidad de que el otro le ha utilizado.
Pero tenemos que dar un paso más. Muchos lectores estarán de acuerdo en que las relaciones sexuales cambiando de pareja cada poco tiempo desvirtúan el lenguaje de amor que puede expresar el cuerpo. Pero ¿y dos que se quieren, que tienen un compromiso manifestado como noviazgo?¿Por qué no van a tener relaciones sexuales? Por un lado, lo normal es que, si están enamorados, sientan deseo sexual; esas reacciones son una de las maneras en las que el cuerpo nos dice que el hombre está hecho para darse a otro, y se está preparando para amar a través del cuerpo. Pero sentir deseo no es suficiente ¿o sólo nos movemos por impulsos?
Creo que en este caso, la pregunta deben hacérsela ellos mismos: ¿estamos preparados para tener relaciones sexuales? Y ¿cómo podemos saber si lo estamos? Estás preparado si con ese acto realmente le estás diciendo a la otra persona: tú me importas tanto que te doy mi vida. Pero entonces esa entrega total del cuerpo tiene que ser entrega total de tu persona; y la entrega total supone entregar también la potencial fecundidad. De una entrega total puede surgir (y de hecho surge) la vida (embarazo).
Así que creo que la pregunta definitiva es: ¿voy a ese encuentro sexual a dar y recibir todo el amor que somos capaces de darnos, amor que es tan fuerte que da vida?¿O voy a ese encuentro a la defensiva, poniendo barreras a parte de ese amor? Porque si no estás preparado para acoger las consecuencias de la entrega de tu cuerpo, no estás preparado para tener una auténtica relación sexual. Y si estás preparado ¿por qué no manifiestas públicamente tu compromiso definitivo con la persona a la que amas, casándote con ella? Si hay algo por lo que no te decides a dar ese paso, tu relación no es suficientemente madura para la entrega sexual, porque no estás preparado para un amor definitivo.
Filed Under: Portada



El tema es complicado, y lo expresas, para mi gusto con absoluta claridad.
Me quedo con este criterio para saber si estás preparado/a:
“Estás preparado si con ese acto realmente le estás diciendo a la otra persona: tú me importas tanto que te doy mi vida. Pero entonces esa entrega total del cuerpo tiene que ser entrega total de tu persona; y la entrega total supone entregar también la potencial fecundidad. De una entrega total puede surgir (y de hecho surge) la vida (embarazo).”
Porque, además, a veces parece que se habla de tener relaciones sexuales como si se tratara de actos aislados. Y no: las relaciones sexuales completas son en realidad una vida sexual compartida, una vida entera compartida, y requieren un hogar: espacio, tiempo y estabilidad. No se trata de encuentros que quepa vivir de manera furtiva, sino que, más bien, deben estar enmarcados en una vida compartida en todos los aspectos, desde los más prosaicos y cotidianos hasta los más extraordinarios.
Magnífico artículo María.
Importantísimo el tema tratado.
Me quedo con: “Porque si no estás preparado para acoger las consecuencias de la entrega de tu cuerpo, no estás preparado para tener una auténtica relación sexual. Y si estás preparado ¿por qué no manifiestas públicamente tu compromiso definitivo con la persona a la que amas, casándote con ella?”.
Efectivamente, es la doble dimensión unitiva (manifestación de amor conyugal) y procreativa (posibilidad de dar vida con a través de esa relación sexual).
En las relaciones prematrimoniales, casi por definición, queda eliminada la dimensión procreativa pues, como dice Loreley, no existe ese hogar, esas condiciones para acoger una nueva vida.
Por otro lado, debe existir un equilibrio entre la entrega física y el compromiso real adquirido. La entrega física total sólo ha de darse en el contexto de un compromiso total (matrimonio). De otra forma sería, como bien indicas María, me entrego totalmente a ti físicamente, pero realmente ni compartimos casa, economía, responsabilidades, decisiones importantes…
Gracias por esta columna.