En el corazón del hombre
“¿Puedes buscarme las lecturas para mi boda?” Me dijo una compañera, y amiga, del despacho. “Sí, claro, encantado”, le contesté yo.
En aquel momento ella no sabía, ni yo tampoco, el regalo que me estaba haciendo al pedirme que hiciese una preselección de las lecturas de su boda. La verdad, no deja de ser curioso; una novia haciendo un regalo de boda a un invitado.
Me puse a ello, con una ilusión y un gozo que crecía conforme iba leyendo más y más de los libros de la Biblia. Desde Tobías hasta el Evangelio según San Juan. Todo lo que leía me iba hinchando el corazón, como ardía el corazón de los discípulos de Emaús cuando Jesús resucitado andaba con ellos y les explicaba las Escrituras.
“Donde tu vayas, yo iré, donde tu habites, habitaré. Tu pueblo será mi pueblo y tu Dios será mi Dios. Donde tu mueras, moriré y allí seré enterrada” (Rt 1, 16-17). ¿Puede el hombre no emocionarse ante tal manifestación de fidelidad?
En este proceso de búsqueda de las lecturas para la boda de mi amiga, he vuelto a profundizar en la impresionante fuerza del matrimonio cristiano, en su belleza y en la verdad que desprende. Ha sido volver al amor del principio, que dice Juan en Apocalipsis.
“Yo te desposaré conmigo para siempre; te desposaré conmigo en justicia y en derecho, en amor y en compasión, te desposaré conmigo en fidelidad, y tu conocerás a Yahveh” (Os 2, 21-22).
Salgo del Antiguo Testamento y me encuentro con San Pablo exhortando a los romanos, preguntándome a mí: “¿Quién nos separará del amor de Cristo?, ¿La tribulación?, ¿la angustia?, ¿la persecución?, ¿el hambre?, ¿la desnudez?, ¿los peligros?, ¿la espada?” (Rm 8,35). Y pido al Señor que me de la fuerza y la fe de Pablo para que nada ni nadie me separa de su amor, me distancie de Él.
Al fin, llego al Evangelio de aquél que, siendo un pecador, tan sólo necesitó para convertirse un “sígueme” de Jesús, y me encuentro con el Señor respondiendo a los fariseos: “¿No habéis leído que el Creador, desde el comienzo, los hizo varón y hembra. Y que dijo = Por eso dejará el hombre a sus padre y a su madre y se unirá a su mujer, y los dos ser harán una sola carne=? De manera que ya no son dos, sino una sola carne. Pues bien, lo que Dios unió no lo separe el hombre” (Mt 19, 4-6).
Leo todas estas lecturas y noto, físicamente, que se me ensancha el corazón. Que me tocan muy dentro. Y pienso: ¿por qué? La respuesta es sencilla: porque Dios nos creó con un alma finita que tiende a lo infinito, e inscribió en nuestro corazón el deseo profundo de la Verdad.
Y cuando la Vedad se manifiesta de un modo tan abrumador: ¿puede un hombre enamorado mirar a su novia y no decirle: “Me comprometo a estar contigo todos los días de mi vida”?
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“Donde tu vayas, yo iré, donde tu habites, habitaré. Tu pueblo será mi pueblo y tu Dios será mi Dios. Donde tu mueras, moriré y allí seré enterrada” (Rt 1, 16-17).
Hay cantidad de refranes tontos sobre el matrimonio, como atadura, como vínculo insoportable entre gente que no se aguanta. Para que se vea el contraste entre esta y otras maneras de vivir el matrimonio, valgan algunas frases célebres:
En cambio la gente se sigue casando, y es porque busca esta verdad.
“Donde tu vayas, yo iré, donde tu habites, habitaré. Tu pueblo será mi pueblo y tu Dios será mi Dios. Donde tu mueras, moriré y allí seré enterrada” (Rt 1, 16-17).
¿Por qué se trivializa tanto sobre el matrimonio y hay tan pocos testimonios de su belleza?
Así comienza una carta en forma de libro que el filósofo y periodista André Gorz escribe a su mujer, Dorine:
“Acabas de cumplir 82 años. Has encogido seis centímetros, no pesas más de 45 kilos y sigues siendo bella, elegante y deseable. Hace 58 años que vivimos juntos y te amo más que nunca“.
Ellos no eran cristianos. Pero como dices, Mota, esta verdad está inscrita en el corazón del hombre. Y sólo les faltó ponerle Nombre.
Como te digo en la contestación de mi artículo,
Qué bendición la Palabra de Dios contenida en la Biblia. ¡¡¡Siempre antigua y siempre nueva!!!!
Gracias por el testimonio!!
Un abrazo
preciosos los textos que citas, mota, la verdad es q creo que muchas veces el antiguo testamento es poesía pura q no sabemos comprender…o que pensamos que queda “desfasado” por los evangelios y demás…
dicho lo cual, y estando de acuerdo con mota y todos los q han escrito…no es menos cierto que frente a ese matrimonio “ideal” de todo cristiano (y de todo ser humano) se erigen hoy en día los matrimonios fracasados (más del 50% según las estadísticas) y creo que eso merece una reflexión, y también alguna respuesta q dar desde un punto de vista cristiano
siento haber abierto la caja de pandora
No es que sea el matrimonio “ideal”, buen amigo, es el “real”, el que corresponde a la persona, el que está inscrito en el corazón del hombre. “Yo te desposaré conmigo para siempre..”, “De manera que ya no son dos, sino una sola carne. Pues bien, lo que Dios unió no lo separe el hombre”…
Efectivamente, Dios nos ha creado finitos, pero con anhelo de infinitud, a su imagen y semejanza, con deseo de eternidad.
En el matrimonio, el anhelo de infinitud se traduce en deseo de felicidad compartida, de eternidad, de vivir juntos para siempre…
¿El porqué muchos no lo viven así? Uff, muchas causas. Se me ocurren:
- Predominio de lo novedoso, de lo inmediato, de lo rápido, y no de lo que perdura, de lo que permanece. (del enamoramiento y no del amor maduro y fecundo)
- Claro ataque y desprestigio a la institución del matrimonio y la familia (en España en los últimos años: divorcio expréss, matrimonio homosexual, EpC, y ahora aborto)
- Abandono de la dimensión sacramental del matrimonio: que lo es entre él, ella y Dios. Dios actúa en el sacramento, bendice el matrimonion y permance junto a él.
-Abandono de la perspectiva del matrimonio como vocación, a la que Dios te llama. Con un hombre o con una mujer, la que ha pensado para ti.
- La confusión y “desvirtuamiento” (palabro) del sexo: rápido, desligado del amor, desligado más aún del compromiso (ver columna sobre relaciones prematrimoniales).
- Pérdida progresiva de la bondad de la fidelidad.
Conclusión: crisis de valores, muy unida a la crisis de fe.
¿o no creéis que personas con fe, que creen en el matrimonio como sacramento, que han vivido un noviazgo cristiano, que creen en la fidelidad y en el matrimonio para toda la vida…no tienen más posibilidades de vivir un matrimonio pleno y verdadero?
mota estoy de acuerdo en el diagnóstico social que realizas, hay que estar muy ciego para no verlo (o para no quererlo ver)
el problema es que el reto que tenemos por delante (recuperar valores cristianos) es a medio/largo plazo y mientras tanto, en el camino seguirán cayendo miles y miles de matrimonios que para mí son víctimas (y no los culpables) de esta situación. y a esta gente que sufre creo que tenemos que darles palabras de esperanza y si es posible, alguna solución, distinta de “hijo, lo siento, te casaste y ya no hay vuelta atrás. tienes que aguantar”
totalmente de acuerdo con que a quienes están en dificultades hay que darles una solución que no sea “te tienes que aguantar”. Mucha gente desconoce que la Iglesia tiene una herramienta profesional para ayudar a las familias en dificultades, que son los Centros de Orientación Familiar, donde se atiende a través de profesionales de la orientación familiar (=ayudar a resolver lo que les está provocando dificultades, distinto de la mediación familiar=ayudar a lograr un acuerdo de ruptura lo menos traumático posible) en colaboración con otros especialistas (psicólogos, médicos, abogados…) toda dificultad que se presente en una familia, ya sean problemas conyugales o con los hijos, o con los mayores….
dicho esto, también hay que proponer a las personas el matrimonio de forma realista pero sin “bajar el listón” porque haya muchos fracasos; mira, en educación un % elevadísimo de jóvenes no acaba la educación secundaria obligatoria. Y caben dos opciones: 1-rebajamos el nivel de los contenidos, para que todos aprueben y se acaban los fracasos; pero también se les priva de adquirir unos conocimientos que les serían útiles y les harían mejorar personalmente ; o 2- atacamos la raiz del problema y les ayudamos a que lleguen a tener unos conocimientos que les permitan ser más libres.
pues en el matrimonio igual: como muchos fracasan, podemos
1-rebajar el contenido del matrimonio, y así llamar matrimonio a lo que no lo es, quitándole exigencia (sin fidelidad, sin apertura a la vida, sin compromiso, sin esfuerzo…) y así nos evitamos los traumas si se rompe o
2- ayudar a que dos que se quieren descubran que es posible vivir un amor distinto, en fidelidad y para siempre, aunque aparentemente sea más exigente.
Yo me quedo con la opción 2 en ambos casos; la opción 1 me parece una desconfianza tremenda hacia las personas, a las que se está considerando incapaces de llegar a lo mejor, vendiéndoles que se queden con algo mediocre, como si encima fuera por su bien
Esplédido análisis María.
En la Archidiócesis de Madrid se ha puesto enmarcha para estos tres años (08-09, 09-10, 10-11) un plan de Pastoral Familiar. Similar a la Misión Joven, pero centrado en los matrimonios y familias.
Se ha preparado material muy bueno (disponible en parroquias, Seminario…) centrado en varios aspectos, entre ellos: mejorar los cursillos de preparación al matrimonio, dar a conocer y aumentar los COFs (Centros de Orientación Familiar de los que hablas), crear grupos de matrimonios en las parroquias, fomentar la educuación afectivo-sexual (vocación al aamor)…
Ojalá esto ayude a tantos y tantos novios, matrimonios y familias.
yo tb estoy de acuerdo con maría y me parece mejor la opción 2 pero es un trabajo de base y a largo plazo y mientras tanto, día a día, se siguen rompiendo matrimonios
en fin, que yo no doy soluciones, no tengo una teoría infalible al respecto…lo único que pretendo es abrir debate y hacer ver que en este tema siempre ponemos el acento en uno de sus puntos (la necesidad de formar a la gente para el veradero amor) pero descuidamos otros (la atención inmediata, la esperanza inmediata al que sufre porque se “rompió” el amor)
Miguel Angel, la atención inmediata se está dando, de hecho, a través de los Cof. No te imaginas el altísimo índice de recuperación que se está obteniendo, en el trabajo de acompañamiento a las familias en dificultades que piden ayuda. El problema es, por un lado, que mucha gente no sabe que existe este servicio que presta la Iglesia (servicio-vocación); y, por otro, que muchas veces no se pide ayuda hasta que las dificultades han crecido tanto que ya no vemos solución, por lo que la recuperación es más difícil (no imposible). Así que nos toca contar que esta posibilidad existe, y que funciona, y que funciona muy bien.
Aparte de esto, a veces no existe una solución mágica, y sólo cabe acompañar, escuchar, sostener, rezar con y por ellos… esto también debe ser contemplado como una solución, desde mi punto de vista. Cuando uno sabe que, le pase lo que le pase, no está solo, el problema se ve de otra manera; y nosotros (todos y cada uno) tenemos que hacer presente en la vida de los que tienen dificultades ese amor de Cristo, que siempre está presente, siempre sana, siempre sostiene… aunque a veces no puede hacer desaparecer la dificultad. Tal vez para esto tambien nos conviene formarnos; y creérnoslo
Hola María. ¿Eres María Álvarez de las Asturias?
Bueno, seas ell o no: ¿por qué no escribes una columna sobre los COFs en SJD? Creo que sería de mucha utilidad.
Muchas gracias,
Mota
hola Mota: sí, soy esa María. Gracias por la sugerencia, lo hago seguro! precisamente colaboro con la Fundación Cof Getafe, así que sí, la escribo
Genial.
Gracias María.
Mándasela a Edu o como suelas hacer para colgar tus columnas.
Gracias.
A mí tb me parece muy interesante la figura de los COF y habría que potenciarla, es decir, darla a conocer (no hablo de obligar por ley a pasar por un cof antes de separarse/divorciarse) sino que sepa que es un servicio que presta la Iglesia de forma (imagino) desinteresada
Miguel Angel, totalmente de acuerdo: hay que darlo a conocer; no se trata de obligar a nadie a pasar por un Cof, pero yo sí propongo que cuando uno se casa en la Iglesia, adquiera el compromiso de no acudir, en caso de dificultades, a la vía civil, sin haber acudido antes a un Cof de la Iglesia. Porque la vía civil, salvo excepciones, lo que hace es facilitar una ruptura; y en los Cof de lo que se trata es de ayudarles a superar lo que les separa o dificulta su relación.
El trabajo de los Cof es pastoral; nadie se queda sin ser atendido por cuestiones económicas. Normalmente se pide que, si uno puede y quiere, deje una aportación para ayudar a financiar este servicio, que a las Diócesis les cuesta dinero (no se cubren los gastos con las aportaciones de los usuarios, ni de lejos). Por cierto, que también es una idea ayudar a través de pequeñas aportaciones económicas a los Cofs.