La cuaresma no está de moda
Están de moda otras cosas. Están aceptadas otras actitudes y reconocidas otras aspiraciones; pero el mero planteamiento abiertamente expuesto de que existe la cuaresma puede generar un cuadro de mofas que derivará fácilmente en carcajadas si a continuación se termina declarando la propia condición de cristiano que intenta vivirla.
No está de moda. Pero cabría preguntarse por qué nos importa tanto estar a la moda, cuando la moda, según palabras de un autor francés no es otra cosa sino lo que pasa de moda. Aunque no sea del todo correcto incluir el objeto a definir en la propia definición, la recursividad aquí tiene su gracia. Y la tiene porque no expresa sino la verdad. Moda es lo que es volátil, lo que cambia, y si no cambia, no es moda. No es ni lo nuevo ni lo viejo, simplemente lo que –como dicen las personas mayores- ahora se estila.
Ah Bueno!.. pues si es algo que no puede permanecer, que tiene invariablemente que cambiar para dar paso a algo distinto que también pasará, y así una vez y otra, por definición, es normal que Cristo no esté de moda. Que no lo esté el cristianismo, ni tampoco la Iglesia ni la cuaresma. Es normal porque “Cristo es el mismo ayer, hoy y siempre”. Permanece. Y la moda no permanece, y lo que permanece invariablemente, no se puede decir que esté de moda.
Lo que yo no entiendo es por qué nos liamos de semejante manera que nos esforzamos en vestir a la moda, hablar a la moda, salir por los sitios de moda, con gente que siga la moda, siguiendo el arte y los pensamientos de moda. Cuando Jesús no hacía eso. No salía precisamente con la gente mas cool, ni decía “lo que todo el mundo dice hablando de lo que todo el mundo habla yendo a donde todo el mundo va”.
No. Jesús vivió en la Verdad permanente y verdaderamente. Era coherente, auténtico. Diríamos ahora. Y fue feliz viviendo así… y era TAN FELIZ que se dedicaba a decir a todos ¡conviértete y cree! ¡Conviértete y cree! Sé coherente. Esto es a lo que se refieren los evangelios cuando dicen que Jesús iba predicando la conversión. Se nos repite en Cuaresma : ¡Conviértete y cree! para ser verdaderamente feliz.
¡Conviértete! ¿Qué nos pide, o qué nos recomienda Jesús tan insistentemente? Ese grito viene a decir: “¡Vive como yo! Vive en la Verdad, para ser lo más feliz que puedes ser”. No es un grito desesperado lanzado al vacío para ganar adeptos. No se puede entender así. El único interés que tiene el Señor somos nosotros mismos. Entonces, con esto en mente, leemos de nuevo ¡conviértete! Y entendemos que significa: “Hijo mío, si quieres ser feliz, mira tu vida, mira lo que no es verdadero, lo que chirría, lo que ocupa un sitio que no es el suyo, mira lo que te empobrece. Míralo, porque eso no te deja ser feliz, y dale el sitio que merece, no otro. Quita esos falsos dioses que te tiranizan y pon a tu Dios en el centro de tu corazón. Entonces, serás feliz. Ven, déjame, que te ayudo ¿me dejas?”
Esa es la cuaresma. Dejar a Dios que nos ayude a poner en su sitio algunas cosas que están desordenadas y nos confunden, y nos impiden crecer. Si entendemos eso, debería estar claro que no podemos ser felices sin convertirnos. Pero ¡Cuánto nos cuesta creerlo! Por eso se nos dice no sólo conviértete, sino ¡CREE! Cree que Jesús, aún sin estar de moda, trae la felicidad a tu vida, y la forma de vivir que propone, que tampoco está de moda, te lleva a la felicidad. ¡CREE! Que Jesús no es un mentiroso, que lo que nos propone como camino a la felicidad, lo es verdaderamente.
¡Conviértete y cree! Es difícil volver la espalda a nuestro hombre viejo para acoger y abrazar al hombre nuevo. Ese hombre es un hombre nuevo permanente, no a la moda. Es un hombre nuevo al estilo de Jesús. Hombre nuevo que perdona, que quiere a pesar de ser criticado, que no deja de lado sus principios, que se vive pendiente de los demás, que no repara en sacrificios, que deja que le humillen…
¿Creer que ESO lleva a la felicidad y querer vivirlo? Uff eso no es fácil, y no podemos vivirlo solos. Por eso, la Iglesia entera se une, para no dejarte solo, y vive unida el camino hacia la pascua. Se Convierte unida, y unida intenta seguir a Cristo. Y unida se sacrifica ¡cómo me ayuda el miércoles de Ceniza, un viernes tras otro, o el Viernes santo pensar que TODA LA IGLESIA DEL MUNDO ENTERO se une en sacrificio y oración! Todos en San Jorge están unidos en el sacrificio y la oración, igual que otras veces lo estamos en la risa y la fiesta ¿Cómo voy yo a dejar de unirme? Y CREE unida. La Iglesia entera, cree. Cree que su Dios, su Padre, su Creador, ese que la quiere tanto, la va a ayudar y va a escuchar su oración que pide que la ayude a abrirse y convertirse.
El que va siempre a la moda, esforzándose por seguirla, por no ‘ser diferente’ que los demás, para que no le señalen ni le dejen de lado en realidad no vive con criterio fijo. Es lo mismo una cosa que otra, es tibio. Y “a los tibios los vomitaré de mi boca”. Luego, está claro que no es lo que Cristo quiere. Cristo quiere que seamos cualquier cosa: ‘retro-chick’, ‘hippies’, ‘vanguardistas’ o ‘punkrock’ espirituales pero no que vivamos siguiendo la moda ¡Es lo peor que nos puede pasar!
¡Conviértete y cree! Hazlo precisamente porque no está de moda. Cristo no quiere que vayamos con la moda, sino que seamos felices. Plenamente felices. “que nuestra felicidad sea completa”.
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Me quedo con la idea central, realmente buena: si la moda es lo que pasa de moda, Jesucristo nunca estará de moda, pues Él es el mismo ayer, hoy y siempre.
Se impone lo inmediato, lo fácil, lo nuevo, lo que cambia, sin embargo estamos hechos para lo que permanece, para lo que perdura.
“Estaré con vosotros hasta el fin de los días”, nos dice el Señor.
Muy buena columna, gracias.