La Cuaresma, relación de Amistad

 

Dentro de diez días, el miércoles de ceniza, dará comienzo el tiempo de Cuaresma. Las lecturas de estos días ya nos van preparando para este tiempo tan especial que se acerca. Los últimos domingos hemos visto como Jesús expulsaba demonios y curaba enfermos y este domingo se hace especial hincapié en la curación de un leproso.

Cuenta Rainiero Cantalamessa en su libro “Echad las redes”(comentarios sobre los Evangelios), que el rey san Luís IX de Francia dijo una vez que preferiría treinta veces ser un leproso antes que estar en pecado mortal mientras que uno de sus barones le replicó que preferiría cometer treinta pecados mortales antes que ser leproso. No veía el barón que el pecado es la lepra del alma, mucho más mortífera y peligrosa para el hombre que la enfermedad corporal. ¿Lo vemos nosotros?

Volviendo al evangelio. El leproso se acerca a Cristo y de rodillas le dice “si quieres, puedes curarme”. No se lo pregunta ni se anda con chiquitas. Le reconoce como el que tiene poder para curarle. El Señor le contesta, “Quiero, queda limpio”. ¡¡Es una experiencia de Confesión y conversión en toda regla!! El leproso es sabedor de su enfermedad y en vez de cumplir la regla del levítico que se expone en la primera lectura, de mantenerse aislado de la gente como un impuro, reconoce a Cristo y se acerca a Él afirmando su fe.

¿Cuántas veces, sabedores de nuestra lepra, en vez de pedir la curación a Dios en la Confesión, nos alejamos de Él, anestesiando nuestra enfermedad con calmantes, rechazando su amistad?

Ante estas situaciones se nos regala el tiempo cuaresmal que, con la llamada a la conversión, nos lleva, mediante la oración, la penitencia y los gestos de solidaridad fraterna, a reavivar o fortalecer en la fe nuestra amistad con Jesús, a gustar nuevamente la armonía de la vida interior en la auténtica caridad de Cristo.

San León Magno, en uno de sus discursos sobre la Cuaresma, afirmaba: “No hay obras virtuosas sin la prueba de las tentaciones; no hay fe sin contrastes; no hay lucha sin enemigo; no hay victoria sin combate. Nuestra vida transcurre entre acechanzas y luchas. Si no queremos ser engañados, debemos estar vigilantes; si queremos vencer, debemos combatir”.

Pero en esa lucha no estamos solos, dejémonos guiar por el Espíritu Santo durante este tiempo privilegiado. Para preparar a Jesús a su misión, lo impulsó al desierto de la tentación y lo confortó luego en la hora de la prueba. El Espíritu Santo está a nuestro lado mediante la gracia de los sacramentos. En particular, en el sacramento de la reconciliación nos lleva, por el camino del arrepentimiento y de la confesión de nuestras culpas, a los brazos misericordiosos del Padre.

Digámosle al Señor como el leproso “si quieres, puedes limpiarme”. Él ya quiso y nos limpio en la cruz, nos sigue limpiando cada vez que nos arrodillamos ante un sacerdote suyo y confesamos arrepentidos nuestras culpas.

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Comentarios (14)

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  1. Mota dice:

    “Es una experiencia de Confesión y conversión en toda regla!!”
    Nunca había visto con tanta claridad que el caso del leproso fuese una experiencia de confesión y conversión.
    Gracias por mostrar con tanta fuerza la necesidad de conversión a la que, de una forma especial, nos llama el Señor en el tiempo de Cuaresma.

  2. Fonso dice:

    Yo tampoco lo había visto nunca así!! Me pareció reveladora una meditación que tuvimos en el grupo de jóvenes. Enlazando con tu tema Mota, es una bendición la BIBLIA verdad? “Siempre antigua y siempre nueva” Basta leer, dejarse instruir, meditar e interiorizar para poder vivir.

  3. Loreley dice:

    ¡Gracias Fonso!

    Sólo cabe el arrepentimiento sincero ante nuestras faltas. Es la única manera de reconocer que hemos actuado mal y de abrirnos a la vez a cambiar.

    Si falta este arrepentimiento expresado ante la Iglesia, entran en juego los sentimientos de culpabilidad -siempre tan nefastos-, la obsesión por lo que hacemos mal y quisiéramos hacer mejor, olvidando que somos limitados… 

    Si se pasa esta Cuaresma sin que el Sacramento de la Reconciliación nos reconcilie con el Señor, con nosotros mismos y con nuestros hermanos, habremos desaprovechado este tiempo.

  4. siempre me ha costado creer ciegamente en el sacramento de la confesión, y he de decir, que tras varios años, y tras mucho meditarlo, sigo con mis dudas

    loreley, dices que si el arrepentimiento no se expresa ante la Iglesia (entiendo que a través del sacramento de la confesión) entonces entran en juego sentimientos de culpabilidad y obsesivos, siempre nefastos. no termino de star de acuerdo. no creo que haya una relación causa-efecto entre ambas situaciones. creo que Dios es misericordioso y nos perdona siempre, sobre todo si con corazón puro acudimos a El y no creo que esto SOLAMENTE pueda tener lugar diciéndole los pecados al confesor, no en vano, la fe es una experiencia/relación personal con Dios

    y ahora cojo el paraguas para el chaparrón q se me avecina ….(pero en serio, por más q lo he meditado, sigo sin verlo…y no quisiera acogerlo como un dogma de fe)

  5. Loreley dice:

    El Sacramento de la Reconciliación no es como una palanca por la que accionamos el perdón de Dios. Ese perdón está más allá de nuestro control y no se expresa exclusivamente a través de este Sacramento.  Aunque si hay un modo en que se concreta ese perdón de modo tangible y visible, es en este Sacramento. Sencillamente porque en nuestra vida las cosas importantes no se quedan en las ideas sino que se traducen en actos.

    Lo único que quiero decir es que la manera sana de mirar lo que hacemos mal es reconocerlo, sentir haberlo hecho, darnos cuenta con honestidad de su gravedad y abrirnos al perdón. Todo lo que no sea esto pasará por una trivialización del mal -”bah, no es para tanto”- o por una culpabilización estéril -porque no terminamos de encajar que fallamos-. Así, el Sacramento de la Reconciliación se ofrece como ocasión de mirar sanamente lo que hacemos mal, sin recrearnos y sin relativizarlo.

    A esto me refiero, y no a que la Iglesia ostente el monopolio del perdón que dispensa únicamente si entramos en sus moldes, para así controlar a los fieles. Esto sería una perversión obscena.

  6. Fonso dice:

    Estoy deacuerdo con Loreley en todo lo que dice y por añadir algo y que sea constructivo me referiré a lo que Miguel Ángel dice no querer acoger como dogma de fe.

    Cuando yo tenía la misma duda que tú, un catequista me explicó de forma sencilla lo siguiente:

    ¿Crees que Cristo instituyó la Eucaristía? ¿El Bautismo? ¿Te das la misa tú a ti mismo en casa?¿Te bautizas tú a ti mismo?

    ¿Crees que  Cristo dijo lo siguiente?
    Jn 20,23: “A quienes les perdonéis los pecados les quedarán perdonados; a quienes se los imputéis, les quedarán imputados”
    Mt 18,18:”Todolo que atéis en la tierra quedará atado en el cielo y todo lo que desatéisen la tierra quedará desatado en el cielo”

    Si tu respuesta es no a lo de los autosacramentos y sí a lo de creer en el Evangelio, no hay duda de que el Sacramento de la Reconciliación no es dogma de fe, sino una muestra más de que la Palabra de Dios es verdadera.

    Espero que esto te ayude…

    Un abrazo.

  7. miguelangel dice:

    “el perdon de Dios está más allá de nuestro control y no se expresa exclusivamente a través de este Sacramento” “la manera sana de mirar lo que hacemos mal es reconocerlo, sentir haberlo hecho, darnos cuenta con honestidad de su gravedad y abrirnos al perdón” totalmente de acuerdo, loreley, por eso creo que no es excluyente el sacramento. lo importante es mirar ser honestos con nosotros y con Dios, no intentar engañarnos, Dios juzga los corazones y no los hechos externos

    Alfonso…utilizas buena metodología…yo creo en la Eucaristía y creo que sólo los curas pueden consagrar…pero quien perdona es Dios, y te perdona a ti y a mí. creo que tanto que potenciamos la oración personal, el encuentro personalísimo con Dios, etc…el perdón de los pecados también puede operar por esa vía

  8. Fonso dice:

    MIguel Ángel, por creer puedes creer lo que quieras. 

    Si crees en el Evangelio como Palabra de Dios, haz caso a Dios y utiliza el Sacramento de la Confesión que es la única garantía de que Dios te perdona.
    Si prefieres creer en una casuística de posibilidades de perdón, es tu elección.
    Tienes razón, el Sacramento no es excluyente de que puedas pedir perdón en tu oración, de hecho la liturgia de las horas, la oración de la Iglesia, siempre empieza pidiendo perdón, la Eucaristía igual,….
    A mi modo de ver si utilizas los Sacramentos a tu conveniencia sí estás siendo excluyente y no con cualquier cosa, con la Palabra de Dios.

    Suerte con la meditación del tema. A mi me sigue costando confesarme, es una lección de humildad que no es nada fácil, pero en mi experiencia mil veces más liberadora que si pido perdón a Dios directamente, porque en el Sacramento interviene la Gracia y eso se nota. Por otro lado está el añadido de la Dirección Espiritual, práctica muy recomendable…si quieres un día te cuento…

    Un abarzo

  9. Mota dice:

    Muchas gracias por vuestros comentarios, estoy aprendiendo mucho.
    Es curiosos que nadie ponga en duda el sacramento del matrimonio, de la Eucaristía, del Orden Sacerdotal, del Bautismo…sin embargo, haya resquemores en cuanto a la recepción de la gracia con el de la Reconciliación (Confesión o Penitencia).
    ¿Será, como apunta Alfonso, al orgullo y soberbia del hombre?
    A mí me pasa como a Alfonso: me cuesta confesarme, pero experimento el alivio y la fuerza de la gracia recibida.
    Una última cuestión: si no fuera necesaria la confesión para recibir el perdón, ¿por qué tantos santos a lo largo de la historia acudían con tanta frecuencia al mismo? ¿Y las monjas de clausura que se dedican, básicamente, a la oración:por qué se confiesan?

  10. Gedeón dice:

    Hola a todos,
    A mi también me pasó que me daba vergüenza confesarme, aunque es verdad que  nunca puse en duda que la confesión es el cauce para obtener el perdón, si que me justificaba internamente para no contar o para no confesar ciertas cosas.. creo que el quid está (o lo estuvo para mi) en comprender que efectivamente, al ser la confesion un sacramento (uno de los pocos que han pasado a nuestros dias, ya que inicialmente llamaban sacramento a mas cosas) es un SIGNO del encuentro con Dios. Para ser signo tiene que ser visible, o audible, o tangible, o todo a la vez.
    Cuando a  mi un sacerdote, charlando, no confesandome, me hizo caer en la cuenta de la invocación del Espíritu Santo que pide el sacerdote en nombre de la Iglesia y por medio de los méritos de Cristo (oración del final de la confesión que dice el sacerdote) unida a la imposición de manos (signo igualmente de la invocacion al ES) me DI CUENTA de la estupidez de tener vergüenza. También me contaron que en Africa para confesarse en algunos paises se habla directamente a Cristo, es decir, no dicen ‘padre me acuso, o padre me arrepiento, o …’ sino ‘Jesús, te quiero pedir perdon por …’
    Desde entonces,doy gracias a Dios porque existe la confesión porque se ha convertido para mi en un verdadero encuentro con Cristo, con mi médico al que le muestro mis heridas para que El las pueda curar y me devuelva la paz.
    Me doy cuenta de que a pesar de eso me cuesta (no ya por vergüenza, sino dependiendo de como esté mi relación con el Señor) a veces confesarme, pero supongo que es porque me cuesta reconocer los ‘sectores’ en los que no le dejo entrar porque en el fondo no quiero dejarle entrar del todo… pero bueno, es parte de esa relacion de amistad en la que cuesta sentirse siempre debil y cuesta dejarse ayudar..

  11. Fonso dice:

    Me siento tatalmente identificado con lo que describes Gedeón. Muchas gracias por compartirlo ya que dando testimonio de nuestra flaqueza también ayudamos al prójimo. A veces mucho más que pareciendo perfectos.

    El otro día me contó un sacerdote que existe la contricción perfecta que no necesitaría del Sacramento de la Confesión para que los pecados fuesen poedonados. Pero ¿quién sería capaz de asegurar que su contricción es perfecta? yo no.

    Miguel Ángel, por ahí tienes una vía de escape.jejeje pero es muy exigente, ni los más santos se acogen a ella….

  12. Fonso dice:

    Se me ha pasado puntualizar que lo de la contricción perfecto solo es válida si no existe la posibilidad real de Confesión sacramental. ¿Hacemos una ley de supuestos???jejeje

  13. miguelangel dice:

    y yo admiro plenamente y me alegro de sincero corazon por los que gracias a este sacramento os sentís liberados o notáis que recibís la gracia de Dios y/o que vuestra relación con El se potencia de esta manera. A mí tb me gustaría, de verdad, pero no lo siento así, y así he de decirlo

    el sacramento es la presencia de Cristo en la vida de manera tangible y claro que lo hace siempre a través del sacerdote, pero no veo la exigencia evangélica de que para recibir este sacramento el cristiano tenga que hacer algo especial (decir los pecados, todos y cada uno y en voz alta, no interior, al confesor): Jesús dijo “a quienes perdonéis los pecados les quedan perdonados” pero no dijo más, es más, abundan los pasajes evangélicos en los que hablan del perdón de corazon, de tener el corazón puro, de la importancia de la vida interior que debemos cultivar…

    y lo de la contricción perfecta que dice alfonso…no lo había escuchado nunca, pero la mera existencia de la misma, significa q es posible

  14. Loreley dice:

    Las formas no bastan -creo que vas por ahí, Miguel Ángel-. La mera concurrencia de un sacerdote y alguien que formalmente se confiesa no es un mecanismo que accione la dispensa de un sacramento como si fuera un servicio que proporciona un comercio.

    Lo que queda, al final, es la Verdad. La Verdad que hay en tu corazón y en tus actos, y la Verdad de lo que se celebra o se decide no celebrar.

    Entonces, dirás: “¿Por qué no quedarnos sólo con esa Verdad? ¡El arrepentimiento sincero basta!” Es cierto que nosotros no le ponemos límites a Dios para que actúe como nosotros queremos, y que no hay que invocarlo como a un Espíritu. Está más allá de todo esto.

    El Sacramento de la Reconciliación no quita esto: le da todavía más fuerza y más sentido. Porque concreta esta Verdad en un encuentro humano que no es sólo eso:

    • Es encuentro humano, con abrazo y acogida, y es a la vez signo a través de nuestras manos del abrazo del Padre, que recibes físicamente en tu hermano (sacerdote).
    • Es signo del Perdón del Padre, que se pronuncia en las palabras de tu hermano.
    • Es signo de la llamada del Padre a seguir adelante, a través del ánimo que recibes de tu hermano.
    • Es signo de acogida en la Iglesia, de refuerzo de la confianza que pones en la Iglesia y que la Iglesia pone en ti.

    Como siempre, si existe en ti ese arrepentimiento sincero, esa Verdad, ¿qué inconveniente hay en vivirla plenamente en encuentro con otro, en un encuentro sacramental que a la vez es signo de tu encuentro con el Padre?

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