La Parroquia comunidad de servicio, comunidad de Amor
En una sociedad en que lo ateo, lo pagano, lo paganizante, ocupa el centro de la vida, en la que Dios para muchos no tiene o se le deja el último lugar, en la que a los cristianos se nos “asedia” y somos relegados, como pertenecientes a una “secta” vieja y caduca cuyos valores “no aportan nada”, los fieles cristianos necesitamos cada vez más, profundizar en nuestra fe, para saber responder, para “conquistar” con la Verdad de Cristo, y para ello necesitamos comprometernos con nosotros mismos, y con los demás fieles para ser verdaderos discípulos de Cristo.
¿Dónde se encuentra realmente “ el Camino, la Verdad, y la Vida”?. En Cristo, pues Él es la respuesta principal y última a nuestra existencia. Pero, realmente ¿podemos nosotros solos, llegar a esa respuesta?. Aunque cada uno trate de llegar por si mismo, pues Cristo llama individualmente, es muy difícil, por no decir complicadísimo, que sin la ayuda, sin participación del prójimo podamos alcanzarle. Cristo creó la Iglesia como medio para obtener la Salvación a la que nos está llamando constantemente, por ello no se puede “hacer la guerra por nuestra cuenta”, sino que necesitamos de los demás miembros que la integran.
Si los Mandamientos se “simplifican” en Amar a Dios y en Amar al prójimo, y el primero está unido al segundo, como el segundo lo está al primero, para cumplirlos, no hay otra cosa que Amar a Dios, único e infinito y al prójimo en su complejidad y con sus limitaciones, de ahí que sea necesaria una interdependencia y relación con el prójimo.
Siempre se ha dicho que el hombre es un ser social, y para el cristiano, traspasado el ámbito de lo familiar, la “sociedad” más próxima para formar parte de la Iglesia Universal, es la Parroquia. Parroquia proviene del griego “paroikos” que significa “habitar cerca”. Ello ya nos da una primera pista de lo que la parroquia es. Nos muestra un lugar de vida, y además próximo. Acudimos a ella, buscando un “algo más” y distinto de lo que son nuestros ámbitos familiares, sociales, laborales, o formativos diarios. No quiere decir que esos otros ámbitos se olviden una vez traspasado el umbral de nuestra parroquia y metidos en ella, sino que siendo lo principal lo que de ella recibimos, la Fe, debemos, o así debiera ser, hacer que ella presida el resto de esos ámbitos donde transcurren nuestras vidas.
La parroquia se ha comparado a una célula viva de la Iglesia Universal, perteneciente a la Diócesis en la que está incardinada, y a la cual la comunidad de fieles que la constituye, le da la base de carácter personal que requiere para que esté viva. La relación o relaciones de vida que se dan entre los fieles, bajo el cuidado y guía del pastor del rebaño, el párroco, debe ser un modelo del mandato de Cristo, de evangelización a todos los hombre, a todo nuestro prójimo.
La parroquia requiere compromiso individual y hacia los demás, y eso entraña sacrificio frente a lo que apetece o creemos que es nuestra conveniencia. No basta con haber recibido o recibir algunos sacramentos, o estar dentro de su demarcación, sino que hay que sentirla como algo propio, algo que nos mueve a participar y colaborar en su actividad, algo que nos hace mirar por ella, alegrarnos de lo bueno y entristecernos por lo malo que pueda sucederle. Participar en la parroquia es sentir, pensar, vivir y actuar como un miembro más de la comunidad parroquial, para ello es necesario tener una misma fe, dar testimonio de ella no sólo con palabras sino viviéndola de forma coherente, siendo un ejemplo para los demás, con nuestras virtudes y también con nuestras “miserias”, pero que nos permiten, una vez superadas, ser llamados a la Salvación de Cristo.
En la parroquia que nos presta unos servicios sacramentales y de evangelización, se vive y se comparte la fe, se celebra con los demás hermanos. La parroquia no sólo nos inicia en la experiencia cristiana, ahí no agota su labor. Nos ayuda a crecer y madurar y en ella se comparte. El conocer más y mejor el Evangelio por medio de la catequesis, de la formación cristiana, hace que esté más presente en la familia, en los niños, y los jóvenes, sin olvidar que también está en los adultos y los ancianos. Cuando falta esa experiencia evangélica, nos encontramos que la actividad pastoral se convierte en un trabajo ordinario, la evangelización en propaganda más o menos religiosa, la liturgia se convierte en un mero ritual vacío de contenido que apenas si nos dice algo, y la caridad se transforma en un servicio social o filantrópico prestado por una ONG cualquiera .
La Parroquia hace presente de forma plena a Cristo vivo y a su gran programa de vida para todos y para todos los tiempos : “Amaos los unos a los otros como Yo os he amado”.
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Querido Floren:
Asi siento yo a nuestra querida Parroquia, como mi segunda casa.Gracias por recordármelo.Besos!
Muy buen artículo Floren.
COmo Coque, así vivo mi vida de parroquia, en San Jorge, como el lugar principal (ese “habitar cerca”) de encuentro predilecto con el Señor, de profundizar en mi fe, y de amor a los demás feligreses. De hacer comunidad peregrina hacia Dios.
Gracias por este artículo.
Gracias a vosotros por “hacer, ser y vivir” la parroquia. Aunque se digan cosas obvias para los parroquianos hay matices que a veces conviene recordar. Como esta es una “casa a bierta” a cualquier hombre de buena voluntad es lógico decir lo que somos y hacemos, que no quede la cosa entre nostros, pues ni somos secta, ni somos “discretos” y por supuesto pretendemos que la Luz de Cristo llegue a todos.
yo no voy a discrepar, naturalmente, pq todo lo q dice floren me parece acertado, pero sí que debo decir que por “deformación profesional” (llamémoslo así) yo que he pasado por varias parroquias, grupos etc, y que apenas llevo 3 años en SJ…pues yo siempre tiendo a identificarme más con la llamada iglesia universal, o con la iglesia diocesana (esa deleju!!!)
no, en serio, creo que hay que compaginar bien todas las pertenencias eclesiales. no digo que haya que colaborar en muchas actividades o ser pluriempleado, pero nunca perder de vista que “yo no soy de SJ” y que “yo no soy de deleju”, o “yo no soy de acción católica”. Yo soy de Cristo
Miguel Ángel: Tienes toda la razón, y sin que sirva de precedente (ja,ja) Ese es el resultado último, pero lo principal, para tener “cimientos sólidos”, para “edificar la casa sobre roca”, hay que pasar primero , si es que se puede, por la familia, por la “familia más grande” la parroquia, por la Diócesis, y por último por la representación de Cristo en la tierra,la Santa Sede , en concreto por el Papa, para llegar a un conocimiento de Él. A veces equivocamos el itenerario, o creemos que vamos muy despacio, o simplemente que no es el camino adecuado, pero como siempre, está su Palabra : “Buscad y hallaréis”, “Pedid y se os dará”. No conviene hacer “personalismos”, ni colgar ni colgarse etiquetas. Parece que no recordamos que católico significa “universal” y ello abarca a todos o al menos esa debe ser nuestra aspiración. Ya que estamos en el año en que se conmemora a San Pablo , a él me remito sobre este tema ( I Cor. 1: 10-17, y la misma carta cap.3) Leedlos con atención pues no tienen desperdicio.