Bienaventurados los pobres

Generalmente se piensa –y también se dice, aunque menos- que con dinero, salud y belleza se es feliz. Las celebrities de las revistas y los triunfadores de la tele proyectan una imagen de prosperidad y despreocupación que se parece mucho a la felicidad. Algunos tiburones y especialistas en pelotazos irradian placidez, bienestar. Sin duda, también se parece mucho a la felicidad. Quizás muchos de nosotros, aseados habitantes del primer mundo, damos esa imagen de sosiego y fortuna.

Ciertamente el bienestar es preferible  al malestar. Pero el dictado del mundo de hoy, el compás de la riqueza, llegan a agotar al hombre. Y hoy quiero hacer elogio de lo contrario: la pobreza. Porque estamos llamados a algo diferente, a una vida inédita y escandalosa.

El Dios de los cristianos es el que dice: “bienaventurados los pobres”. Proclamar “bienaventurados los pobres” es lo mismo que decir: “¡Felices los pobres! ¡Los pobres son venerables! ¡Son mis elegidos! ¡Yo los bendigo! ¡Están predestinados!”.

¿Y quiénes son los pobres? En un sentido positivo, los pobres son los que viven sin depender de demasiadas cosas. Decir “bienaventurados los pobres” es, en primer lugar, una invitación a la pobreza buena.

En cambio, los pobres son también los que sufren necesidad, porque carecen de lo imprescindible. ¿Qué sentido tiene, entonces, proclamar “bienaventurados los pobres”? Desde luego, no significa que los pobres vayan a ser felices porque les falta lo necesario. La visión romántica de la pobreza no tiene cabida en el Evangelio. Tampoco seguimos a un Dios impasible ante la pobreza, o que la reserve como castigo a los gandules. Entonces, ¿qué quiere decir Jesús cuando proclama “bienaventurados los pobres”?

La mirada de Dios se dirige a lo más pobre de cada hombre, y a los más pobres de entre los hombres.

La mirada de Dios se dirige a lo más pobre de cada hombre. El Dios de Jesucristo busca incesantemente lo más pobre de nosotros. Quien ama lo más pobre y lo más miserable en nosotros, nos ama del todo. Nada queda fuera de su amor y su acogida. En este sentido, “bienaventurados los pobres” significa que nuestra fragilidad se hace lugar de respeto, de promesa y predestinación.

A la vez, la mirada de Dios se dirige a los más pobres de entre los hombres: el Señor mira a la humanidad entera.

  • Hoy, más de mil millones de hombres y mujeres viven con menos de un dólar diario, con todas las penurias que acompañan a este dato: dramas familiares, aislamiento, enfermedad, difícil acceso a la educación básica e imposibilidad, en definitiva, para elegir su futuro.
  • En el primer mundo hay otras necesidades -sin dejar a un lado las económicas-. Hay que sanar nuestras enfermedades sociales: la soledad y la marginación, la apatía, la constante insatisfacción de los que aparentemente “lo tienen todo”…

El Reino de Dios exige una urgente eliminación de la pobreza, de la clase que sea. La pobreza del otro siempre es asunto nuestro. Y decir “bienaventurados los pobres” es comprometernos con ellos.

No creo que próximamente encontremos fiestas de moda, titulares de prensa ni muchos libros en que se exclame: “¡Bienaventurados los pobres!”. Pero es Cuaresma, y ahora esta exlcamación resuena con más fuerza que nunca. Estas palabras deberían incendiar nuestro mundo. Y nuestra vida.

Filed Under: Portada

Tags: , , , , , , , ,

402 Visitas

¿Quién es Loreley? Loreley es el nombre de una peña situada a la orilla este del Rin, cerca de Sankt Goarshausen. Su nombre designa al tramo más estrecho y profundo del río legendario. Desde la Edad Media existen referencias a su utilización como marca en los caminos. Y también, historias y lamentos acerca del peligro que corrían quienes navegaban por el Rin y a ella se acercaban. Por aquellas tierras, ricas en mitos e historias, se propagó la noticia de que una sirena habitaba en la roca. Orientaba a los pescadores, que obtenían una pesca abundante. Pero muchos también naufragaban, cautivados por el embrujo de sus cantos. Los grandes autores del romanticismo alemán escribieron versos a la sirena Loreley, como Heinrich Heine en 1824. Yo, que de sirena tengo poco, en cambio sí quisiera interpretar mis cantos desde la roca en que me siento. Desearía que pudieran ayudar a quienes los escuchan a obtener una pesca abundante. Soy consciente de que si alguien tratara mis palabras como verdades absolutas, podría naufragar. A veces yo he sido la primera. Pero permanezco en mi puesto. Interpreto mis cantos de sirena. Y me esmero por llegar a quien los escucha. Mi formación es económica y jurídica, y ambos enfoques están siempre presentes en mis ideas. La cultura es una de mis pasiones. No como saber acumulado, sino como manera de mirar la vida. Disfruto con el arte, en todas sus formas. También con las humanidades. Soy conciliadora en el conflicto, y me gusta opinar. Lo social jamás me es indiferente. Y quisiera comportarme como cristiana cuando escribo. Este deseo exige mucho de mí. Me obliga a reconocer, con franqueza, mis fallos; a expresar mis anhelos; a no callar; a callar a veces; a denunciar; a alabar; a preguntarme; a leer; a disfrutar; y a permanecer en esta Roca, entonando mis cantos de sirena.



Comentarios (8)

Trackback URL | RSS Feed de comentarios

  1. Santiago Font dice:

    Gracias, Loreley, por recordarnos uno de los tres rasgos  más importantes de Cristo: su pobreza, que junto a su virginidad y su obediencia configuran el modelo perfecto para su seguimiento. Así lo ha entendido la Iglesia bimilenaria y así lo han entendido los que se entregan radicalmente en la práctica de los tres consejos evangélicos. Los pobres en el espíritu (es decir, los que poseen como si no poseyeran, como dice San Pablo) viven este rasgo fundamental de nuestro Maestro, y por eso son bienaventurados. Por que son libres para entregarse del todo. La pobreza en el espíritu es un don de Dios, una Gracia, que nos aproxima más a él. Sólo entraremos a ver su rostro cuando de verdad seamos pobres, como Jesús, que en toda su majestad, se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo. Abrazar la pobreza es abrazar a Cristo. Es entonces cuando empezamos a ver a los pobres materiales que viven en la miseria (ya sea física, ya sea moral) como imágenes de Cristo despojado y es cuando intentaremos aliviar su dolor, no por mera compasión, (ojo, que en sí no es mala), sino por amor, por el amor que hizo a Cristo entregarse.
    Así entiendo yo esta preciosa bienaventuranza.
    Por cierto, me encanta eso de que la pobreza del otro siempre es asunto nuestro. ¡Eso es entender la cruz!.

  2. Santiago Font dice:

    Gracias, Loreley, por recordarnos uno de los tres rasgos  más importantes de Cristo: su pobreza, que junto a su virginidad y su obediencia configuran el modelo perfecto para su seguimiento. Así lo ha entendido la Iglesia bimilenaria y así lo han entendido los que se entregan radicalmente en la práctica de los tres consejos evangélicos. Los pobres en el espíritu (es decir, los que poseen como si no poseyeran, como dice San Pablo) viven este rasgo fundamental de nuestro Maestro, y por eso son bienaventurados. Por que son libres para entregarse del todo. La pobreza en el espíritu es un don de Dios, una Gracia, que nos aproxima más a él. Sólo entraremos a ver su rostro cuando de verdad seamos pobres, como Jesús, que en toda su majestad, se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo. Abrazar la pobreza es abrazar a Cristo. Es entonces cuando empezamos a ver a los pobres materiales que viven en la miseria (ya sea física, ya sea moral) como imágenes de Cristo despojado y es cuando intentaremos aliviar su dolor, no por mera compasión, (ojo, que en sí no es mala), sino por amor, por el amor que hizo a Cristo entregarse.
    Así entiendo yo esta preciosa bienaventuranza.
    Por cierto, me encanta eso de que la pobreza del otro siempre es asunto nuestro. ¡Eso es entender la cruz!.

  3. sin duda uno de los temas que más martillea constantemente mi conciencia…BIENAVENTURADOS LOS POBRES…naturalmente que hay muchos tipos de pobreza, y que puede que a la que Jesús se refierese fuera la pobreza como humildad, como reconocer que somos débiles y criaturas

    pero sigo pensando que hay algo más. que los pobres “materiales”, los que no tienen para salir adelante, son los predilectos de Dios y que nosotros algo tenemos que hacer. El qué? No lo tengo claro. evidentemente no nos pide a todos que hagamos como san francisco de asís, regalar nuestros bienes y mendigar…pero sigo pensando que nos pide algo más que decir “yo no me siento esclavo del dinero…y por eso me voy a comprar ese cochazo”…
    en fin, uno de mis dilemas que sigue sin resolverse

  4. Loreley dice:

    Gracias, Santiago, y gracias, Miguel.

    La cuestión es, ¿cómo ser pobres, siendo “ricos”, como somos?

    Creo que la primera clave está en reconocer que el Señor quiere entrar por nuestra puerta de atrás, la de nuestras miserias. Automáticamente, esto nos hará ser más generosos.

    Y si, en algún caso, el descontento persiste y se hace algo que “martillea constantemente nuestra conciencia”, ¿no será tiempo de hacer más? ¿No será que, claramente, toca comprometerse de lleno?


    PALABRA ENCARNADA (II)

    Soy palabra tuya, nazarena y pobre,
    con olor a tierra mojada de camino,
    y a mar con rumores de salitre
    y gentes en la playa a la deriva.

    Soy palabra hecha silencio
    remansada en invierno
    donde todo saber se acaba,
    y nace nueva como flor de primavera
    en el tronco mutilado por la poda.

    Soy palabra llevada por los vientos
    hasta las puertas y ventanas,
    que se hospeda donde abren,
    o se pierde jugando en cualquier calle.

    Benjamín González Buelta

  5. Santiago Font dice:

    Los pobres en lo material son los predilectos de Dios, sin duda, poque son débiles y Dios se compadece del débil. Es como si tuviésemos dos hijos, uno débil y otro fuerte, amamos a los dos por igual, pero cuidamos y nos compadecemos más del débil. Pero también son débiles los que viven perdidos, los que sufren, por eso Cristo dice “venid a mi los que estáis cansados y agobiados que yo os aliviaré” y los pecadores, por eso Cristo acude al pecador y da la vida por él.
    ¿Volcarnos hacia los pobres en lo material? Esta bien, pero eso no soluciona ni su pobreza, ni la nuestra. Hace falta algo más. Cambiar algo dentro de nosotros, y luego veremos si nuestra vocación es esa u otra.
    ¿Cómo ser pobres siendo ricos? Fácil: no poniendo nuestra esperanza en los tesoros de la tierra, donde hay polilla y carcoma que se los comen, sino en la Palabra, que perdura eternamente. El fácil como fácil es ser santo.
    La pobreza de espíritu es un don espiritual que puede manifestarse en lo material. Los santos han sabido imitar a Cristo de forma perfecta (así lo ha entendido la Iglesia) y entre los santos ha habido “ricos”, como reyes y papas. El desapego de lo material es una consecuencia de lo anterior. Por ello, lo primero que hay que hacer, y en ello estamos, es convertirnos.
    Y ¿por qué el descontento persiste? porque cuanto más nos acercamos a Dios, más percibimos nuestra absoluta necesidad de él. “Nuestro corazón estará inquieto hasta que estemos en tí”, como decía S. Agustín.
    ¿Dilema? Claro que hay dilema: el de si nos entregamos del todo o a medias. Claro que toca comprometerse de lleno. Siempre toca. La cruz es un compromiso de lleno. Pero, ojo, cada uno desde su puesto, como laicos, como padres de familia, o universitarios, o religiosos, o misioneros, o lo que Dios nos pida. Pero no valen las cosas a medias.

    De los apotegmas de los padres del desierto:

    “Un hermano que había renunciado al mundo y distribuído sus bienes a los pobres, guardando sólo un poco para sus gastos personales, fue a ver al Abba Antonio. informado de todo, el Anciano le dijo: <Si quieres convertirte en monje, ve al pueblo, compra carne, viste tu cuerpo desnudo, y vuelve con ese atavío>. El hermano obró según lo indicado y, al regresar, los perros y los pájaros desgarraron su cuerpo. Al retornar junto al Anciano, éste le preguntó si había seguido sus consejos. El hermano respondió mostrando su cuerpo totalmente lacerado. El santo Antonio dijo entonces: <Aquellos que desean renunciar al mundo guardando al mismo tiempo riquezas, son desgarrados por los demonios que le hacen la guerra>.”

    Evidentemente, no todos tenemos vocación de renunciar al mundo, pero debemos saber que en el camino de la cruz (y para llegar a Cristo hay que subirse a la cruz) no hay respuestas a medias. La respuesta es “conversión” y, como dije antes, en ello estamos.

  6. Loreley dice:

    Gracias de nuevo, Santiago. Un par de reflexiones que se me ocurren al hilo de lo que decías:

    Lo grave de los pobres en lo material no es que no tengan dinero: lo grave es todo lo que acompaña a esta pobreza material, como la enfermedad, falta de oportunidades, dramas familiares, etc. Los cristianos, como bien apuntas, no caemos en la tentación materialista de pensar que la pobreza consiste en la carencia de dinero. Ojalá eso fuera todo. Por eso entendermos la pobreza de la manera más amplia posible.

    ¿Por qué el descontento persiste?

    Es como dices: nunca podemos estar satisfechos o contentarnos con logros parciales, porque siempre estamos llamados a más.
    Pero también es cierto que a veces las personas sienten una llamada a comprometerse de forma especial con la pobreza de otros. Por eso lanzo la pregunta. Evidentemente, Dios no llama lejos sin llamar antes cerca de nosotros. Pero esto no excluye el que, ciertamente, exista esta vocación. Y deben planteárselo todos aquellos que tengan un descontento especialmente inquietante y muy intenso.

    Es verdad: la clave es convertirse primero. Ahí das en el clavo. Nada vale demasiado si no va precedido de una conversión profunda, pasando por la propia pobreza. Ayudar a otros creyendo que vas a salvarlos es un acto de soberbia que resulta incluso enternecedor… porque el mundo necesita un Salvador, pero ese no somos nosotros, sino Aquél a quien anunciamos.

  7. Sqantiago Font dice:

    Sabias reflexiones, Loreley, y muy meditadas. Tocas algo importante: la vocación a que el Sr. nos llama, nuestra vocación particular, según nuestros dones o carismas o nuestras inquietudes.
    Si no podemos mirar a un indigente sin conmovernos, si vemos en las personas cuya vida ha sido brutalmente cercenada por la falta de oportunidades a hermanos nuestros que demandan nuestra ayuda, si vemos en las manos temblorosas de un toxicómano que nos pide, con los ojos anegados en lágrimas y voz aguardentosa “dame algo para un pico” la vida imagen de Cristo pobre y humillado, entonces el ES toca nuestro corazón  y nos pide que estemos allí, abrazándoles, dándoles esperanza, o consuelo, o educación, o oportunidades, o dignidad…
    A veces me pregunto de dónde sale la pobreza.. ¡qué fácil es la respuesta!: de nuestro egoismo. Y este empieza no en el no querer compartir, sino en el despreciar y en el desconfiar. Es decir, en nuestra falta de humildad. El primer paso para ser pobres, como Cristo pobre, es ser humildes y eso es un camino arduo y ¡lleno de humillaciones!. Lo cual choca de lleno con nuestra culturilla, donde lo que vale no es el humilde, sino, como tú apuntabas en tu artículo, lo que vale es el ganador, el guapo, el guay, el que más se ríe, el bienestar comprado.
    Dios no nos pide logros, no nos pide méritos. La salvación no es un tema de objetivos. Dios nos pide amor. Nada más.
    Pidámosle a Cristo, a los pies de su cruz, que ablande nuestro corazón, y empecemos a ver a los demás como imágenes suyas. Que empecemos a vernos a nosotros mismos como imagen suya…  ¡qué fuerte! ¡no?

  8. Loreley dice:

    Nada que añadir, y todo que suscribir, Santiago (salvo lo de las “sabias palabras”, que agradezco pero entiendo que procede más de tu cortesía que de mis aciertos).

    Que en estos días que se acercan nos dejemos mirar por Cristo crucificado. Uno no puede seguir a un Dios crucificado y despreciado por la sociedad, y buscar la comodidad. Sólo su mirada sufriente y entregada puede cambiarnos la vida. Que aguantemos el tirón y sepamos permanecer junto a Él.

Dejar un comentario