El aborto, ¿derecho o condena de la mujer?
Actualmente se quiere reconocer el aborto como un derecho de la mujer. Un paso muy por delante de la situación de España hoy, en la que se encuentra despenalizado.
En pocos años hemos pasado de considerar que la mujer que se sometía a un aborto y los que se lo practicaban cometían un delito, a pretender que la mujer tenga como derecho fundamental el de matar a su hijo en su seno.
El ser humano tiene como principal derecho fundamental el derecho a la vida, esto parece que nadie lo discute. Sin embargo lo quieren vulnerar, ya que pretende que sólo los que estén fuera del seno materno tenga derecho a la vida, los demás no.
Los niños que se encuentren en el vientre de su madre (que debería ser el lugar más seguro y maravilloso), no tendrán derecho a la vida. Son seres humanos de segunda, su derecho a vivir dependerá de la voluntad de sus madres que parece ser, son seres humanos de primera.
No voy a exponer aquí lo espeluznante del aborto, asesinato tan cruel, que no se puede expresar con palabras. Pero hay algo que no sé si todo el mundo conoce, toda mujer que aborta, por muy convencida que este de hacerlo, queda marcada de por vida por un síndrome que se manifestará más o menos pronto.
Es lo que se llama el SPA o Síndrome Post Aborto. Hay mujeres que lo empiezan a sentir según salen por la puerta de la clínica donde abortan, otras al cabo de unos años, pero todas en un momento de su vida lo sufren.
Se sienten culpables; sueñan con niños constantemente; no son capaces de tener más hijos porque no se sienten dignas; pierden la autoestima; piensan que todo lo malo que les sucede se lo merecen. Las manifestaciones son muy diversas, incluso llegan al suicidio. Algunas, no lo relacionan en un principio, pero su vida es un infierno y no saben la razón.
Hay mujeres que han conseguido salir porque han acudido al lugar adecuado, a pedir perdón y misericordia a Dios. Se producen conversiones (Dios saca bien incluso del mal), pero aún cuando Dios en su Infinita Misericordia las perdona, lo peor es perdonarse a sí mismas.
Otras, acaban en manos de psiquiatras y con medicamentos para soportar la vida. Y otras, simplemente viven despreciándose a si mismas y castigándose toda su vida.
De manera que: ¿Dónde está ese supuesto derecho de la mujer?
Además, a un porcentaje muy elevado de las mujeres que van a abortar no les dan otra alternativa, ni tiempo para reflexionar. Nadie les ofrece ayuda y comprensión, sólo las juzgan y las ponen en un callejón de las que ellas en ese momento no ven otra salida.
En muchos casos, su nivel cultural es bajo y consideran a los médicos como “dioses” siguiendo sus indicaciones (por desgracia hay mucho desaprensivo) con fe ciega. Cuando se quieren dar cuenta de lo que han hecho, es tarde, ya han matado a su hijo.
La mujer en su propia naturaleza no está hecha para matar a su hijo, el aborto también es una condena para ella y el síndrome es la manifestación de su condena.
Es una condena de cadena perpetua al autodesprecio y al autocastigo de la que sólo Dios en su Infinita Misericordia puede liberar.
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Acabo de leer, hoy día 16 de marzo en el diario La Razón, pág.31, el siguiente titular:
“Siete de cada diez interrupciones del embarazo son forzadas por los cónyuges”. Evidentemente si no hay respeto para los demás, ni tan siquiera para aquellos a los que se dice que se quiere, no es extraño que no se respete ni la vida. No podemos admitir este modelo de sociedad. No basta sólo con quejarse, si otros piensan así, movamos sus voluntades, para que no parezca que somos indiferentes. ¿Qué sociedad vamos a dejar para el futuro?