Nos robaron el corazon
El pasado 28 de febrero, nuestro grupo de jóvenes fuimos a visitar a los enfermos que residen en el Centro Alicia Koplovich, en Valdebernardo (Madrid). Buscábamos encontrar Su rostro en una realidad que nunca habíamos tocado de esta manera: la enfermedad.
Realmente Lo encontramos.
Ellos son enfermos de esclerosis múltiple y de ELA (esclerosis lateral amiotrófica), que para entendernos, se trata de dos enfermedades degenerativas que no tienen cura, y producen la progresiva parálisis de los músculos y la pérdida de sensibilidad, todo ello a diferentes niveles según la persona y la evolución de la enfermedad. Pero en definitiva, cuando una de estas enfermedades “ataca”, aparece una limitación clara en la vida del enfermo, al que obliga a depender de un bastón primero, una silla de ruedas después y el resto de vida en cama. La conciencia e inteligencia no se ven afectadas. Pero su relación con el mundo exterior queda limitada: no se mueven, o apenas lo hacen, y se comunican con un sistema de signos y códigos establecidos, de manera que a través de pequeños movimientos de los párpados, la enfermera va descifrando letra a letra hasta construir las frases que deseen expresar.
Merece realmente la pena presentaros a cada uno de ellos, pero sobre todo hablaré de Paloma. Ella lleva en cama mucho tiempo, y se comunica mediante este “sistema de parpadeo”. Paloma es una persona, como tantas que también conocimos allí, que ha destruido todo tipo de barreras bajo las que aparentemente tiene que vivir un enfermo de ELA. Y es que muchos de ellos tienen una fe tan grande, que saben que su enfermedad sustenta a la Iglesia, y además la ofrecen porque haya misioneros en el mundo (sorprendentemente, te lo cuentan así).
Al entrar en su habitación (y ella fue la primera que visitamos) te impresiona todo: la gente que la acompaña, la enfermera que la atiende, la cama con barandillas a los lados, la luz que entra por la ventana, las fotografías colgadas por las paredes, los tubos que entran y salen de su cuerpo, la tele encendida, las postalitas de la Virgen que hay por toda la habitación… y un montón de jóvenes que de pronto la habíamos rodeado. Daniel e Iván (seminaristas que acuden allí cada sábado) comenzaron a presentarnos a Paloma, y luego nos fueron presentando a cada uno. Ella parecía impasible, (pues su cuerpo y rostro llevan años inmóviles) pero su mirada no lo estaba en absoluto. Nos miraba curiosa y agradecida, a la vez que emocionada ante tanta gente. Quería verdaderamente quedarse con nuestras caras, para poder rezar por cada uno de nosotros. Paloma pasa el día rezando rosarios que sigue a través de la televisión, o con la gente que la acompaña. ¡Justo antes de que nosotros llegáramos, había estado escuchando a Martín Valverde! Así que como íbamos bien equipados con guitarras, rezamos todos juntos con la canción “Nadie te ama como yo”. En ese momento creía que me deshacía. Me temblaban las piernas, pero no dejaba de sonreír y de tocar la guitarra. Me costaba mirar a los ojos a Paloma, que me había “derrotado” con su fortaleza, amor y valentía. Cuando fui capaz de mirarla, la expresión de su rostro no había cambiado, pero mis ojos veían ahora Algo nuevo. Fue como desnudarme de golpe de tantas tonterías que me atan y obsesionan, y dedicarme durante dos minutos a rezarle a un Cristo postrado en una cama, que derrochaba paz, y que hablaba de un Amor muy sencillo y muy verdadero: “Nadie te ama como yo…”
Sus ojos nos sonrieron durante toda la visita. Antes de marcharnos, nos dijo: “tenéis que volver”, “gracias”. Marisol, la enfermera, nos aseguró lo escuchadas que son sus oraciones “ahí arriba”, ya que entre el Señor y Paloma existe una complicidad muy especial.
Conocimos también a Rafa, “el boxeador” con gran sentido del humor; a Anita, con la que rezamos un padrenuestro, muy despacito, para que pudiera seguirnos y a quien le dimos todos un beso “de los que suenan” al marcharnos; a Merlyn con la que intentamos hablar en Inglés, pero estaba muy cansadita y no nos hizo mucho caso; a María Isabel, a quien leímos el Evangelio y con quien estuvimos un buen rato de conversación; a Juanjo, la persona con la mirada, sonrisa y espíritu más alegre que he conocido; y a Fran, que vino con nosotros todo el tiempo y nos hizo reír mucho. Todos ellos, más los que encontrábamos por los pasillos y aquellos con los que celebramos la Eucaristía… todos, verdaderos ejemplos de vida.
Es lo de siempre, vas con la idea de “dar” y en cambio te llevas una lección de Vida. Algo tan pequeño como fue aquella visita, se convirtió en motor para nosotros. Fue realmente una experiencia que vació y llenó nuestros corazones, y coincidimos todos en querer volver pronto a mendigar un poco de su fe y alegría.
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Una historia emocionante. Espero que estas visitas se repitan con frecuencia. Estas personas nos dan el privilegio de ver a Dios reflejado en sus ojos.
Gracias, Pati, por compartir con nosotros esta gran experiencia humana y de fe.
Gracias, Pati. A mí también me “roba el corazón” lo que cuentas. Pedimos y damos gracias por ellos.
Impresionante Pati. Yo también quiero verlo.
Sin palabras. AMEN.
Gracias Pati.
Me ha emocionado. Parece como si hubier estado allí.
Me ha gustado mucho!