Santa Teresita del Niño Jesús– 2ª Parte
Recuerdo con especial ilusión las Jornadas Mundiales de la Juventud de París’97. Tuve la dicha de compartirlas con Mota, Luis Climent, Álvaro Gambra,… Recuerdo como, caminando por París, vi que un enorme cartel cubría la fachada de Notre Dame (entonces en obras), el cartel anunciaba: “Teresa de Lisieux, Doctora de La Iglesia”. En efecto, Juan Pablo II hizo coincidir las JMJ con la proclamación de Teresa como Doctora de la Iglesia. De esta forma JPII proponía a los jóvenes el seguimiento de la Santa como modelo de vida: «Creo que los jóvenes pueden encontrar efectivamente en ella una auténtica inspiradora para guiarles en la fe y en la vida eclesial, en una época en la que el camino puede estar lleno de pruebas y dudas». Juan Pablo II sabía muy bien que las rosas, que simbolizan la vida y el testimonio de la santa, estaban llenas de espinas. Teresa experimentó eso que los místicos llaman «la noche de la fe»: las dudas, el abandono total, la tentación de la desesperación. Por ello, explicó JP II que ella ahora «sostiene a sus hermanos y hermanas en todos los caminos del mundo».
Añade JPII: «En una cultura racionalista y demasiado a menudo invadida por un materialismo práctico, ella opone, con una sencillez que desarma, “la pequeña vía” que conduce al secreto de toda existencia: el Amor divino que envuelve y penetra toda la aventura humana».
Recuerda, además, JPII que el saber científico, técnico, académico es importante, pero que la sabiduría espiritual es todavía más importante: “La ciencia del amor divino, es un don, concedido a los pequeños y a los humildes, para que conozcan y proclamen los secretos del Reino, ocultos a los sabios e inteligentes: por esto Jesús se llenó de gozo en el Espíritu Santo, y bendijo al Padre, que así lo había establecido”.
Hermanos, me detendré en este último punto contando mi experiencia: yo solía dejar lo espiritual en un segundo plano, por detrás de lo académico. Todo giraba en torno a mi futuro profesional…y Dios era otro satélite, importante, pero un satélite. Olvidaba yo que, “A la tarde de la vida, te examinarán del Amor” (S. Juan de la Cruz). En efecto, poco a poco me fui dando cuenta de que es más importante tener una fuerte unión con Dios que un curriculum brillante. En principio, ambas cosas son compatibles, al menos en teoría. Sin embargo, cuando se tiene la mente (y el corazón) demasiado volcado en la carrera es muy fácil descuidar a Dios. La clave está, como un día me dijo Jaime Siegriest en “trabajar como si el todo dependiera de mí, pero sabiendo que, en realidad, todo depende sólo de Dios”.
En efecto, hermanos, es difícil dar frutos buenos sin estar en comunión con Cristo. De hecho, ¿cuántos cristianos desperdician su talento creyendo que hacen el bien, cuando en realidad su obra queda estéril o incluso acaba dando mal fruto? ¿Acaso no se centraron demasiado en las obras, y poco en Dios? Por supuesto, Dios permite que fructifiquen muchas obras que no se hicieron pensando en Él, pero los cristianos debemos intentar que, desde el principio, en la raíz de todo lo que hagamos esté Él.
En definitiva, sanjorgianos, Teresita nos enseña que todo lo que hagamos, grande o pequeño a los ojos de los hombres, si lo hacemos con sencillez y ofreciéndoselo al Señor, será siempre grande a los ojos de Nuestro Padre.
Filed Under: Portada


Muchas gracas Javi por acercarnos un poco más a esta gran santa.
Estuve en París´97 y, sin embargo, no recuerdo la fachada de Notre Dame con Teresa de Lisieux. Gracias por recordármelo.
Muy acertada tu idea del curriculum y el seguimiento del Señor.