¿Nos dejamos liberar de la muerte?
¡Es Pascua!, celebramos que Cristo ha vencido a la muerte y nos ha liberado de la esclavitud del pecado. Pero, ¿es esto un proceso automático? Que nosotros no nos podemos librar de la muerte es seguro, pero ¿dejamos que Cristo nos libere?
En seguida me viene a la cabeza una sentencia de San Agustín, “Quien te creó sin ti, no te salvará sin ti”. Ese “sin ti” lleva dentro el don de la libertad que Dios nos ha regalado. Ese don que a veces desearíamos no haber recibido para no tener tanta responsabilidad pero que es la sal de la vida.
Pues bien creo que en este tiempo es necesario rezar y reflexionar acerca de la verdadera libertad y del papel que juega en la victoria sobre la muerte y el pecado.
Jaques Phiplippe en su libro “La libertad interior” recoge un testimonio lleno de luz de una joven judía, muerta en Auschwitz en 1942 su nombre es Etty Hillesum y habla así:
“Por todas partes se ven carteles en los que se prohíbe a los judíos transitar por los senderos que conducen al campo. Pero, por encima de ese poquito de carretera que nos queda permitido, se extiende el cielo entero. No pueden nada contra nosotros; absolutamente nada. Pueden hacernos la vida muy dura, despojarnos de bienes materiales, quitarnos la libertad exterior de movimientos,… pero es nuestra lamentable actitud psicológica la que nos despoja de nuestras mejores fuerzas…. La vida me parece tan hermosa, me siento libre. Creo en Dios y creo en el hombre, y me atrevo a decir sin falsa vergüenza que soy una mujer feliz y me vuelco en alabanzas a esta vida…”
Muchos “vivimos” culpando a factores externos de nuestra falta de felicidad, exculpándonos y no asumiendo nuestra responsabilidad, dejando de tomar decisiones para que la vida misma decida por nosotros, perdiendo en definitiva nuestra libertad. La Resurrección de nuestro Señor no nos invita a la pasividad, nos evoca a ejercer nuestra libertad para creer, para esperar y para amar. Sólo así nos salvaremos ya en vida terrenal y haremos de ella Reino de Dios.
La fe, la esperanza y la caridad (amor) son las virtudes que debemos pedir a Dios para ser plenamente libres ya que tienen la facultad de alimentarse incluso de lo que se opone a ellas.
San Pablo en Romanos 8, 38-39 dice así “Estoy convencido de que ni la muerte ni la vida, ni los ángeles ni los principados, ni lo presente ni lo futuro, ni las potestades, ni la altura ni la profundidad, ni criatura alguna podrá separarnos del amor de Dios que está en Cristo Jesús, Señor nuestro”
Que en esta Pascua y en el resto de nuestra vida reine un pensamiento: Nadie en el mundo puede prohibirme jamás que crea en Dios, que confíe en Él y que le ame a Él y al prójimo con todo el corazón. La forma de practicar esto es hacerlo desde Cristo conscientes de que sin Él nada podemos.
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Gracias Alfonso.Qué fuerza y cuána verdad derrochas en tus palabras.
Impresionante el testimonio de la joven judía. Conmovedor.
Gracias.
Tiempo de Pascua = Tiempo de Libertad
Gracias, Fonso.
¡Que así sea!