Cara a cara

Jueves Santo: “Levántate para arrodillarte”

El Señor ha pasado por nuestras vidas, por la tuya, por la mía. Y de nosotros ha dependido abrirle las puertas de nuestro corazón y pedirle que se quede, porque Dios, que te hizo por Amor sin contar contigo, no te salvará sin ti.

Para salvarme primero se entregó en alma: se levantó, se ciñó un paño a la cintura y se arrodilló para lavar mis pecados. El Dios, hecho hombre, se arrodilla ante mí, y me mira, desde abajo. Como Él, nosotros también debemos entregarnos con toda el alma a nuestro hermano, sin reservas, porque en el Servicio está la felicidad. En este día, Jesús cambió el significado de servicio, ya no es un acto de esclavos, sino de hombres libres, que conociendo la Verdad la acogen. “La humildad abre el camino a hacia la caridad y la caridad es el camino a Cristo”

En el lavatorio de pies que hicimos, pude ver el amor del servicio en cada uno de los que cogió la jofaina, un paño, y lavó las manos de los allí presentes. Algunos de los que participamos en la Pascua no nos conocíamos, y sin embargo, se podía admirar las ganas de servicio que teníamos los unos por los otros, y la felicidad que hallábamos en él. En estos cuatro días, ha sido difícil cruzarte con alguien que no estuviera sonriendo, no sólo por el servicio, también por todo lo que estábamos viviendo y compartiendo juntos, en comunidad.

Viernes Santo: “Mírame, toma tu cruz y sígueme”

“Cuando caiga ante tus plantas, de rodillas déjame llorar pegado a tus heridas, y que pase mucho tiempo, y que nadie me lo impida que he esperado este momento…toda mi vida”.

Hasta ahora, no había entendido cómo alguien podía abrazar su cruz, cómo Jesús, ¡en cada caída, abraza la Cruz! ¿Cómo iba, yo, a abrazar aquello que me hacía sufrir?

“Y nosotros, a la verdad, justamente padecemos; porque recibimos lo que merecieron nuestros hechos: mas éste ningún mal hizo.” Lc 23,41

Y sin embargo, después de adorar la Cruz el viernes por la tarde, no quise dejar de abrazar la mía. Fuimos a la procesión de la Cruz de los jóvenes, y pude tocarla. Al hacerlo, sentí el impulso de aferrarme a ella y no soltarla, porque ahora sentía a Cristo Jesús a mi lado, cargando conmigo mi cruz, haciéndola más ligera. “Te haré entender, y te enseñaré el camino que debes seguir; sobre ti fijaré mis ojos”.

“Descárgate de falsas cruces y mírale. Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida, de modo que Confía, carga con tu Cruz, y sígueme”.

Este día, Dios se entregaba en cuerpo, para salvarme. Ahora me miraba con Amor desde arriba. Hoy soy yo la que levanta la mirada, y una vez más, me encuentro con sus ojos, que incluso en la Cruz, me miran llenos de Amor, y siento cómo ese Amor me embriaga y me llena. Sólo su AMOR me basta. Me hace sonreír en medio del dolor de haber crucificado a mi Dios.

“Tengo sed” Jesús tiene sed de mí, ¿desoiré el deseo del que está dando la vida por mí?

Sábado Santo: “Hago nuevas todas las cosas”

“Orad para que podáis hacer frente a la prueba”. Jesús está muerto, los sagrarios vacíos, no hay cruz, le descuelgan de ella sin vida.

El Señor ha descendido a los infiernos para salvar lo que estaba perdido.

Es un día de silencio. De espera, impaciente espera.

Es el momento de purgar tus faltas, mirar tus errores, tus debilidades, y dejar que Él se haga fuerte en ellas.

Es el momento de descargar en Cristo mi cruz, de Descansar en Él. De llorar todas mis penas, mi dolor, de vaciarme, para que esta noche sólo haya alegría en mi corazón.

Son momentos duros, de prueba, de oración. De FE.

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¡HA RESCITADO! Las luces del templo se encienden, y la oscuridad desaparece, ya no estamos en tinieblas. Con las luces se encienden las velas, la luz de Cristo es transmitida a nuestros corazones. Unos a otros nos pasamos esa Luz: “Yo te he puesto como luz de las gentes para que llegue mi salvación hasta los confines de la tierra” Is 49,6.

Siento cómo la alegría me desborda. No puedo reprimir las lágrimas, porque estaba muerta y he Resucitado. ¡ALELUYA!

“Por su Amor yo viviré, de su Amor yo cantaré, con mi Jesús caminaré porque Él me amó a mí.”

Puede que muchas veces nos sintamos en Getsemaní, y le pedimos al Padre que aparte de nosotros este cáliz. Me encaminé a la Pascua desde mi propio Getsemaní, desde esa oración desconsolada, vacía, desgarradora por el dolor de no sentir a mi Padre cerca de mí, aún cuando sabes que lo está, para consolarme, para cargar con la Cruz que Él me había impuesto. No entendía nada. Y en cambio, hoy le doy GRACIAS por haberme llevado al desierto, por no haber apartado el cáliz. Por llevarme a San Jorge a vivir la Pascua, por ponerme en el camino a todas las personas que la vivieron conmigo y de las cuales tanto recibí. Por darle la fuerza a Auro para llevarla a cabo, y a Jose, a Juan, a Pati, Maite, Irene, Martita, Juncal,… porque con sus palabras, sus textos que a conciencia prepararon pensando en nosotros, abrí los ojos, solté la cruz con la que había cargado erróneamente este tiempo y por fin cogí la mía.

Le doy GRACIAS por haber pasado por mi vida, y haberme dado las fuerzas necesarias para tomar el impulso para salir a su encuentro.

No nos quedemos en Getsemaní, pasemos por la Pasión y Resucitemos con Él.

“Yo les he dado a conocer tu nombre y se lo seguiré dando a conocer, para que el amor que Tú me tienes esté en ellos y yo también con ellos”.

¡ALELUYA!

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Comentarios (4)

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  1. Elena dice:

    Irene me ha gustado un montón!
    Qué bonito!!!

  2. Loreley dice:

    ¡Me alegro muchísimo! Gracias, Irene.

  3. Eres toda una afortunada. Está claro que Dios está en ti

  4. Mota dice:

    Irene, me has emocionado.
    Impresionante la vivencia que derrochas. Gracias porque el Señor te ha tocado, y no te lo has quedado para ti.
    Sólo puedo decirte Gracias por compartirlo, y Gracias a Él que hace que la vida sea VIDA.

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