San Isidro Labrador

Un contemplativo en la acción

 

Isidro nace en un aldea llamada Mayoritum (hoy Madrid), cerca del río Manzanares a finales del s. XI. Recibe el Bautismo probablemente en la Parroquia de S. Andrés, hoy una de las más antiguas de la capital.

Sus padres fueron muy pobres materialmente, pero ricos en fe. Como auténticos educadores, enseñan a Isidro a triunfar sobre el egoísmo y a ayudar a otros niños más necesitados.

La precaria situación económica familiar le obliga a dedicarse desde muy joven a las duras faenas del campo. Seis siglos más tarde, el papa Gregorio XV afirmará al canonizarlo: “nunca salió a su trabajo sin oír muy de madrugada la Santa Misa y encomendarse a Dios y a su Madre Santísima”.

De hecho, la oración colecta de la misa fiesta de S. Isidro destaca la santificación del santo en su trabajo: “San Isidro nos enseña a hacer del  trabajo de cada día plegaria de alabanza que humanice nuestro mundo”.

En Torrelaguna conoce a María (Sta. María de la Cabeza), una mujer trabajadora y muy creyente. Los esposos, deseosos de consagrarse más a Dios, deciden vivir separados. María se retira a una ermita y el santo permanece solo. Volverán a unirse más tarde y tendrán un hijo. El matrimonio formó un hogar acogedor, siempre abierto para compartir la mesa con mendigos y pobres.

A causa de sus virtudes y su amor a Cristo, sufrirá durante toda su vida la envidia y la calumnia. En cierta ocasión, fue acusado ante su señor, Vargas, de no rendir en el trabajo (por “entretenerse” en  la oración). Vargas, le observa y comprueba, atónito, como dos ángeles impulsan el arado…

Este milagro nos muestra que el tiempo dedicado a la oración es muchas veces más eficaz para nuestro trabajo que el tiempo dedicado al directamente al trabajo. Citaré un circunstancia frecuente en la vida profesional:

Cuando una persona cree que lo puede lograr todo por sus propias fuerzas, es habitual que, ante la adversidad o ante un fracaso, acabe frustrado, y caiga en el desánimo. Quien confía en Dios, sin embargo, no se desanima ante su limitación, al contrario, la afronta como un medio de Dios para que los hombres confíen en Él. Y le da gracias por ello.

Estamos ante un gran santo madrileño. ¡Aprendamos del Él a ser “contemplativos en la acción”!

(Este artículo está basado en una homilía del P. Tomás Morales, S.J)

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Comentarios (1)

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  1. Inés dice:

    Precioso artículo .
    Me encanta la vida de este santo. Trabajador como nosotros… se puede aprender mucho.

    Gracias,

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