Duelen los amigos
“¿me puedes llamar? No me encuentro bien”. Este sms que llegó a mi teléfono hace unos días, me lleva a dar gracias a Dios por la amistad de la persona que me lo envía. Una amistad que surgió en circunstancias difíciles y que, tal vez por eso mismo, es tan fuerte y valiosa.
Y también le doy gracias a Dios porque no he podido solucionar lo que preocupa a esta persona.
- ¿Lo habré entendido mal? Será por haber podido arreglarlo ¿no? -
No; le doy gracias a Dios porque no he podido, ni puedo, darle la solución que elimine el problema. De hecho, tengo varios amigos que lo están pasando mal, por distintos motivos: enfermedades, soledad, problemas familiares, problemas de trabajo… y no puedo arreglar lo que les preocupa. Y, a veces, cuando ante el sufrimiento de un amigo no podemos hacer nada, nos desmoralizamos. Parece como si lo único que ayudara fuera “lo útil”: llego, te quito tu problema, y arreglado. Qué fácil sería todo, si las cosas salieran siempre así.
Qué fácil: nos evitaríamos enfrentarnos al dolor, eliminándolo de golpe; tendríamos asegurada esta amistad, ya que somos capaces de arreglar las cosas preocupantes. ¿O tal vez no? ¿Sería eso realmente amistad? ¿Una relación interesada? Si tuviéramos siempre la solución ¿no nos olvidaríamos de algo?
Cuando no podemos hacer otra cosa, podemos acompañar a los amigos que lo están pasando mal. Me viene a la cabeza el estribillo de una canción: “Somos tus amigos y aquí estamos para demostrarlo/Queremos decirte te queremos y no te abandonaremos”. En los malos momentos, la amistad se demuestra estando al lado del amigo; sin rehuir el sufrimiento: compartiendo las preocupaciones, escuchando al que quiere desahogarse, o compartiendo el silencio de quien ni siquiera puede poner palabras al dolor. Con la presencia física al lado del que lo pasa mal, o respetando su necesidad de estar solo, sin pedir explicaciones.
A veces, la tentación de querer arreglar siempre las cosas nos lleva a dar consejos que muchas veces son precipitados. Y que, más que ayudar, pueden añadir una carga a lo que ya estaba ahí. Es mejor el silencio; silencio que nos permita darnos cuenta de nuestra limitación; y que nos haga volvernos hacia Dios, que todo lo ha pensado siempre para nuestro bien. Poner en sus manos a los amigos, darle nuestra incapacidad ante el dolor, y rezar; pero rezar como María : contándole al Señor las necesidades de nuestros amigos (“no tienen vino”), pero sin decirLe lo que tiene que hacer; “Así es como ella nos enseña a rezar: no para buscar y afirmar nuestra propia voluntad y nuestros propios deseos ante Dios, sino para permitirle que decida aquello que Él quiera hacer. De María, nosotros aprendemos el gusto y disposición para ayudar, pero también aprendemos la humildad y generosidad para aceptar la voluntad de Dios, en la confiada convicción de que lo que sea que Él diga como respuesta será lo mejor para nosotros” (Benedicto XVI en Altötting, septiembre 2006).
Así que: gracias, Señor, por los amigos; gracias, Señor, porque cuando se sienten mal, me llaman; gracias, Señor, porque algunas veces he podido ser para ellos un reflejo de tu amor; gracias Señor, porque no tengo soluciones y, aunque a veces tardo en caer, eso me hace darme cuenta de cuánto te necesito; gracias, Señor, porque la vida de los que quiero no está en mis manos, sino en las Tuyas, donde están infinitamente mejor.
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Genial columna María.
Me ha encantado el enfoque. Muchas grcias, me ha hecho recapacitar.
Tengo que leerla y leerla.
Gracias,
Mota
Gracias, María.
El encuentro entre personas no se evalúa por la utilidad que se aportan sino por la entrega gratuita y verdadera.
este es un tema de estos q no solemos debatir o sacar mucho, pero es uno de los temas con los q me suelo comer la cabeza…
el estar al lado del amigo q pasa un mal momento…es a la vez fácil y difícil. yo desde luego siempre he dicho qno tengo el don del consuelo y por eso cuando alguien me cuenta sus problemas…pues no suelo dar consejos de esos de los q habla maría en el artículo y la verdad, tampoco sé q decir. entre otras cosas pq tampoco sé lo q mi amigo espera q diga, o lo q a él/ella le puede ayudar
yo me pongo en el caso contrario y cuando soy yo el q tiene problemas…pues intento no transmitirlo a mis amigos, pq normalmente por mucha buena voluntad q pongan..es muy difícil q sus palabras me sirvan de aliento, así q en estos casos, lo q más agradezco (y por tanto lo q intento hacer yo con los demás) es simplemente estar y acompañar, pero no estar físicamente con el amigo en cuestión sentado o acompañándole toda una tarde sino q en la distancia él sepa q me acuerdo
por cierto maría, lo de dar gracias a Dios “por NO haber podido arreglarlo” es simplemente espectacular…en otro momento reflexionaré sobre ello, pero es la caña. a Dios o se le da gracias siempre (sin motivo aparente) o nunca.
bueno la ultima frase creo q es una rayada mía…lo de dar gracias siempre o nunca…que quede claro que sé q hay q dar gracias siempre (ups…)
Miguel, está perfectamente claro. Me gusta mucho… ¡o siempre o nunca!
sí, sí, estoy de acuerdo: que todo nos sirva para darle gracias siempre.