Pues a mí sí que me gustan estas Navidades

Iniciamos mes (diciembre) y periodo litúrgico (Adviento). Esto significa en lenguaje coloquial que YA TENEMOS ENCIMA LAS NAVIDADES.

 

Y aquí comienza la lista de amargas y variadas quejas (algunas justificadas, otras yo creo que no) que tenemos los cristianos: que si las Navidades cada vez empiezan antes en los Centros Comerciales; que si no nos gustan las luces navideñas de Gallardón; que si los más laicistas ahora las llaman “vacaciones de invierno”; que si cada vez hay menos belenes y villancicos; que si los medios de comunicación no hablan del nacimiento del Señor; que si la gente es falsa cuando se desea paz y prosperidad, etc. La lista es infinita.

 

Ante esta situación caben tres opciones. La primera creo (espero) que todos la descartamos: obligar a que todos sean cristianos y por tanto obligar a todos a que celebren las Navidades como lo hacemos los cristianos.

 

Hay una segunda opción que me merece mucho respeto, pero sólo si la tomamos en serio. La de quienes dicen que “para tener unas Navidades falsas, mejor no tener nada”, es decir, hacer que las Navidades se conviertan en una celebración exclusiva y auténticamente cristiana, que sólo celebremos los cristianos (casi como los primeros cristianos, en la semi-clandestinidad) y de esta manera evitar su paganización. Me parece una opción atrevida pero muy coherente, muy cristiana. Quien quiera que la defienda, pero por favor, coherencia. Digo esto porque las mismas personas (conozco varias y las respeto) que dicen esto, luego se escandalizan cuando algún partido político insinúa que habría que cambiar el calendario festivo y excluir las fiestas religiosas…¿No es esto lo que estamos pidiendo para evitar la paganización de nuestras celebraciones más auténticas?

 

Tercera opción: disfrutar las Navidades como son y poner nuestro granito de arena, pero sobre todo lo primero: disfrutarlas. Me parece estupendo (y disfruto realmente con ello) viendo los adornos navideños. Me gustaría que fueran más religiosos, sí, pero el mero hecho de que se siga celebrando la Navidad, nos debe alegrar. Que la gente se desee paz y bien…aunque no sean creyentes y aunque pensemos que son deseos falsos…¿quiénes somos para juzgar los deseos ajenos? Y: ¿no es mejor tener o expresar buenos deseos una vez al año (y qué mejor que estas fechas) a no hacerlo nunca? Y las famosas comilonas/cenas familiares, ¿no se nos llena todo el año la boca hablando de la familia? Pues que se sigan juntando las familias, creyentes o no, y que celebren lo que tengan que celebrar, y cada una a su manera, pero a ver si ahora también nos vamos a quejar de esto.

PAZ y FAMILIA, dos de los conceptos laicos más utilizados en las Navidades, no está mal, prefiero eso a INDIFERENCIA.

 

Cantemos villancicos y respetemos a los que no lo hacen. Pongamos belenes y admitamos con dolor pero con naturalidad si los quitan de lugares públicos (“perdónales, que no saben lo que hacen”). Digamos “Feliz Navidad” y respondamos con una sonrisa a quien nos diga “Feliz año, felices vacaciones”. Y sobre todo, sigamos disfrutando de ESTA, NUESTRA NAVIDAD.

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Comentarios (2)

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  1. Mota dice:

    En gran parte, muy de acuerdo contigo en lo que dices M.Ángel.

    No quiero entrar en el laicismo, en el que poco se viven las Navidades…quiero vivirlas con fe y pasión. Y que los que me rodean, se sientan animados a vivirlas así.

    Eso sí, también hemos de luchar para que en la calle, en las instituciones, en el ambiente…reine la verdad de la Navidad y no la mentira del consumismo/relativismo.

  2. Floren dice:

    Lo que dice la boca es reflejo de lo que está lleno el corazón. No me resulta indiferente mi prójimo, porque si yo estoy alegre quiero compartir mi alegría, porque Dios en su infinita bondad y por su amor sublime, nace como hombre, siendo Dios. Con eso ya sería bastante como para ir pregonando esa alegría a los cuatro vientos. Quizá no sabemos el gran contenido de ese nacimiento, que nos parece tan “normal”, no le damos la importancia que realmente tiene. Llevemos la buena noticia de que Dios nace y se hace hombre. La cuestión es transmitir esa alegría y no interiorizarla egoistamente. ¡Eso si que es caridad!

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