Concierto de Navidd con ritmo de Calipso
Una de las muchas cosas buenas que traen las Navidades es el tradicional concierto que el Coro de Cámara Cantiga nos ofrece cada año y que tuvo lugar el pasado 26 de diciembre en el templo de nuestra Parroquia.
Desde que conozco a Cantiga, hace ya algunos años, procuro no perderme sus habituales tres citas anuales, una en Navidad, otra en Semana Santa y otra en verano que, sumando, ya son unos cuantos recitales. Sin embargo, me sigue asombrando una cosa: el cómo suenan.
No son un coro profesional. Aunque su director, D. Jose Ángel Ruiz, y algunos de los componentes presentes en los recitales sí lo sean, la mayoría de sus integrantes son aficionados (dicho sea esto con la mejor de las acepciones), es decir, “amateur”. Muchos de ellos, eso sí, con altos niveles de preparación musical (carrera de canto, diversas carreras musicales, solfeo, etc), pero no se dedican a ello, sino a otras profesiones. Y sin embargo son capaces de ofrecer ¡tres ciclos de conciertos al año!. Sí, digo ciclos, porque nuestra Parroquia no es el único lugar afortunado donde ofrecen sus conciertos.
Tres ciclos (que yo sepa) y ¡con qué nivel!. Hay coros profesionales de esos que salen en la televisión y sufragados con fondos públicos que no suenan mejor, os lo aseguro.
Pero ¿dónde está el secreto?. Creo intuirlo: en el alma.
¿Acaso ensayan más que un coro profesional? Me cuesta creerlo. No viven de ello. Aunque ensayan un montón (me consta) y a ritmo frenético, son profesionales liberales en otros trabajos.
¿Acaso sus voces son especialmente privilegiadas? Son buenas, pero también lo son las de un coro profesional con durísimas pruebas de selección.
¿Acaso su director es mejor que otros directores de fama internacional que dirigen coros profesionales?. Es ilógico, por bueno que sea.
El secreto está en que lo que se canta se vive. El secreto está en que lo que se canta tiene alma, porque el alma de la música la pone también el intérprete. Y ese alma, intangible pero perceptible, es lo que muchas veces se echa de menos en esos otros coros profesionales de relumbrón que salen en los medios.
Ese alma, capaz de emocionar como sólo puede emocionar la música interpretada de forma sublime, pudo sentirse en el concierto de Navidad en la Parroquia.
Ya la sola elección de las piezas y su cadencia de interpretación fue un acto meditado, con un esquema reconocible en las Sagradas Escrituras. El esquema que emplearon los ángeles cuando se dirigieron a los pastores en Belén: en primer lugar el anuncio del nacimiento del Salvador y el segundo lugar el canto de la alegría y gloria por el feliz acontecimiento.
Y eso fue la primera parte: el anuncio de que Un niño nació en Belén (Puer Natus), el Hijo único de Dios, el Dios Redentor que está en un pesebre (Psallite unigenito), porque Hoy ha nacido Cristo (Hodie Christus natus est), porque Se cumplió lo que predijo Gabriel (Resonet in laudibus) en Una que es tan hermosa y brillante como la Estrella del Mar (Un himno a la Virgen) y Unos magos llegaron desde Oriente para adorar al Señor (Magi veniun ab oriente). Oh gran misterio y admirable sacramento (O magnum mysterium), ¿Qué visteis, pastores? Decid, anunciadnos quién apareció en la tierra (Quem vidistis pastores).
Era como un diálogo precioso, en el que se alternaba el gregoriano medieval, íntimo y dulce, en dos coros separados, del Puer Natus de Praetorius, con la alegría desbordante del Resonet in laudibus de Handl. Donde se combinaba la fluida, sobria y maravillosa polifonía de Magi veniunt ab oriente de Clemens non Papa con la brillantez impresionante del Hodie Christus natus est de Sweelink. Toda ellas del siglo XVI.
Me encantó el efecto del Himno a la Virgen, de Britten, del siglo XX, cuando un cuarteto de solistas se colocó en un ala del templo contestando como un eco suave en forma de letanía un diálogo mantenido con el coro principal. Me subyugó por completo la belleza arrebatadora del O Magnum mysterium de Poulenc, meditativo y casi recitado al principio, con una alucinante voz de sopranos . Dificilísimo y bellísimo. Me hechizó la alegría de los pastores en Quem vidistis pastores de Ángel Barja, con un empaste perfecto y la cristalina e increíble voz de soprano solista de Cristina Sevilla
Sin duda, ayudó, y de qué manera, el programa elaborado por el propio Coro, donde se recogían en español las letras de las piezas interpretadas. Gracias de nuevo a la labor incansable de su director.
La segunda parte, como ya he dicho, fue una expresión de la alegría de la creación ante el nacimiento de Dios. Una alegría expresada de diversas y originales formas, en su totalidad con piezas del siglo XX.
Pudimos gozarnos con la divertida y rítmica Jesús Child, de Rutter, con complicadísimas entradas, todas “a tempo” y acompañada con piano a cargo de Ángel García Merino. Pudimos bailar al son de los años sesenta con Follow that star, de Gritton, que nos cuenta la locura de unos reyes que siguen una luz en el cielo.
La interpretación de la espléndida Star Carol del contemporáneo Rutter, muy bien acompañada al piano, fue apoteósica y en la divertida Birthay Carol de Willcocks, también con piano, se nos ofreció una lección de complicada afinación.
Pero lo mejor estaba por llegar. El espiritual negro Mary had a Baby, de William L. Dawson, con disonancias y acordes complejos, abarcó toda la tesitura de la cuerda de bajos, todo el encanto de la voz de las contraltos, y toda la brillantez de tenores y sopranos. La soprano solista (de nuevo Cristina) soberbia, con pianísimos imposibles por encima del coro… una locura.
Y la pieza final, Mary’s Little Boy Chile, de Jester Hairston, quizás fue la que más me gustó de todo el recital. No sé si por la primorosa voz del barítono solista, Pedro Adarraga, por el hecho de ser un Calipso caribeño con acompañamiento de piano o por narrar la natividad de Cristo como un precioso cuento.
En las propinas pudimos oír de nuevo el Star Carol, el We wish you a Merry Christmas y el Noche de Paz, con piano esta vez a cargo del director, Jose Ángel, que dirigía con movimientos de la cabeza.
De nuevo Cantiga nos ha deslumbrado y de nuevo (y esto es lo más importante) Cantiga nos ha acercado con la belleza de su interpretación al Misterio inefable del nacimiento de quien encarna la Belleza, Nuestro Señor Jesús.
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Gracias, Santiago, una vez más por tu reflexión y profundidad, que otros hacemos nuestra. Felicidades al coro.
Como ya ocurriera el año pasado, Santiago me has vuelto a acercar la belleza de la música coral.
Magnífica narración. Trasmites tanta emoción, que consigues meter en el concierto al que te lee.
Muchas gracias.
SANTIAGO: Magnífico comentario. Casi como escuchar al coro!!!