Entrevistando a…Ali Malla
Siguiendo en la línea de las entrevistas tan populares entre los lectores de SJD, en esta edición he pensado presentar una entrevista poco al uso pero que continúa la línea “ecumenista” iniciada por JCCL con su entrevista al Pastor protestante de Linkoping. Se trata de un monitor de un gimnasio de Riad, donde además de dirigir a la gente para que no se lesionen haciendo ejercicios, dirige las oraciones cinco veces al día. Encontrárselo por la calle, vestido de árabe, podría asustarle a uno así de entrada. Así pues con esta entrevista pretendo dar a conocer a la persona que se esconde detrás de “una gran barba cualquiera”, y por lo tanto las opiniones vertidas por éste no tienen que corresponder totalmente con las mayoritarias en el Islam. Sin dejar de tener el celo del neo-converso, la vida tan azarosa que ha llevado le hace sin duda tener un carácter muy personal. El saudí piadoso medio no suele prestarse a estas cosas…
Ali, gracias por acceder a hablar para SJD. ¿Te podrías presentar a nuestros lectores?
Por supuesto, me llamo Ali Malla y tengo 57 años. Vivo en Riad desde 2006, donde trabajo de monitor en un gimnasio.
Perdona que comience con una pregunta superficial. ¿Podrías explicarnos por qué te has dejado esa barba y llevas siempre los pantalones cortos, como “de pescador”?
Es parte del comportamiento de todo buen musulmán que desea imitar al Profeta Mahoma, salla Allah aleihi wa sallam[1], cuya ropa “jamás limpió el polvo del suelo”, y que permitió a los musulmanes recortarse el bigote pero nos mandó no tocarnos la barba hasta que fuera al menos del largo de un puño. Teñirse el pelo está prohibido por la religión, pero no lo está tintarse la barba de alheña, como la llevaba el Profeta, salla Allah aleihi wa sallam.
¿Ya la llevabas así cuando eras joven?
No, en absoluto. Durante mi jahiliyyah[2] iba tan afeitado como tú. Una temporada llevaba bigote.
¿A qué te dedicabas?
Aunque nací en Siria, desde los 4 años viví en el Líbano, a donde se tuvieron que trasladar mis padres, refugiados kurdos. En el Líbano se da mucha importancia a la apariencia física, y yo cuando tenía 15 años decidí dejar de ser un tío enclenque y me apunté a un gimnasio. De ahí a decidir dedicarme al culturismo no hubo más que un paso.
¿Cuál era el futuro que se podía esperar un refugiado kurdo en el Líbano en los años 70?
Conoces la difícil situación política en Siria y el Líbano en esa época. Además, esas guerras no eran mías, y a nuestra gente la ponían de carne de cañón. En 1975, con 22 años, huí del país y me fui a Berlín oriental, sin papeles. Pasé escondido en un tren a Berlín occidental, donde viví dos años con un primo mío y donde gané el concurso de Míster Berlín y Míster Europa. A los dos años regresé a la Alemania del Este para pasar a Suecia, donde tenía también familiares. Me dejaron entrar en el país porque llevaba los trofeos y en ese país los deportistas de élite eran sagrados. Escondido en otro tren pasé a Suecia.
¿Cuál fue tu experiencia de la vida en Europa?
Lo que más me gustó de Europa fue que si no dabas la nota, podías vivir haciendo lo que querías. En Suecia, además, me trataron muy bien: a los tres años conseguí un pasaporte para extranjeros con el que, a su vez, conseguí un visado de tres meses para Estados Unidos. No volví nunca más.
¿Qué hiciste en Estados Unidos? Allí dediqué mi vida a entrenar, comer, dormir, entrenar, comer, dormir… y así todo el día. Y competir en certámenes. Bueno, en 1986, a los 34 años, me casé con una mujer estadounidense y tuvimos una hija. Obtuve la nacionalidad americana. Pero mi vida era entrenarme y competir.
¿Y cuándo entonces pasaste a interesarte de nuevo por tu religión?
Mi vida estaba vacía, sobre todo desde que me divorcié en 1993. Pero lo que me sacudió fue algo que observé a raíz de los atentados del 11 de septiembre de 2001, que me impactó especialmente: vi cómo muchos musulmanes que conocía en Los Ángeles, donde entonces vivía, negaban ser musulmanes y hasta se cambiaban de nombre para no ser rechazados por la sociedad americana. Me hizo reivindicar mi identidad y empecé a ir a la mezquita y a rezar cinco veces al día, por primera vez desde que salí del Líbano.
¿Y después? Dios guió mi vida hacia su conocimiento. Empecé a estudiar el Corán y a aprender el árabe, y poco a poco me fui sintiendo más feliz, porque me di cuenta de que estaba haciendo muchas cosas que el Profeta, salla Allah aleihi wa sallam, había prohibido y yo no lo sabía. En 2003 conseguí un trabajo en Arabia Saudí y me vine aquí, donde puedo vivir mejor mi religión. Me he vuelto a casar y tengo otra hija.
¿Qué ha cambiado tu vida desde que dejaste atrás la jahiliyyah? Mi vida se ha vuelto mucho más estricta. La disciplina del entrenamiento me ha valido mucho, pues obviamente siempre he llevado una vida muy sana, pero he adquirido muchos nuevos comportamientos referidos a lo que uno debe hacer, y aprendido nuevas actitudes sobre el papel de la mujer en la familia, sobre cómo vestirse… Pero sobre todo me ha dado una paz que no tenía antes.
¿Qué consideras, desde tu fe actual, que es lo más importante en la vida de un hombre? Para mí, someterme a Dios ha sido valorar, junto a la importancia de la salud, la autoestima, la humildad y el ayudar a los demás a vivir así.
En España existe en la actualidad un abismo cada vez mayor entre cristianos y la gente irreligiosa sobre muchos temas. ¿Qué opinas tú del divorcio? Creo que si mi mujer comete adulterio tengo el deber de repudiarla, pero yo nunca engañaría a mi mujer con otra. ¿Y de la homologación de las comunidades de vida de personas del mismo sexo con el matrimonio? ¿Cómo dices? No, no, creo que es obvio que Dios nos ha creado hombre y mujer. Si uno siente algo por otra persona del mismo sexo está claro que tiene una enfermedad, y como todas, se puede curar y se debe evitar que se contagie. ¿Y sobre el aborto? No creemos en el aborto, el hombre da gloria a Dios teniendo todos los hijos que pueda. El dinero solamente produce tristeza, y los hijos alegría. ¿Y sobre los métodos anticonceptivos? El uso de preservativos crea disfunciones y problemas en la pareja. No creo en ellos.
En la actualidad, ¿tienes algún tipo de compromiso con la mezquita? ¿eres imán o almuédano? No, simplemente hago de imán en el gimnasio, es decir, dirijo las oraciones, ya sabes que cuando se cierra para la oración los que estamos dentro extendemos las alfombras en el suelo y rezamos ahí mismo. Pero simplemente porque soy el que más páginas del Corán tengo memorizados: ya me sé más de 10 azoras[3]. Tengo todavía mucho que aprender.
Aprovechando esta entrevista, ¿qué tendrías que decir a los jóvenes católicos de una parroquia de Madrid? ¿Sobre qué? Sobre lo que quieras, cualquier cosa. Bueno, les diría que lo más importante en la vida es ser buenos con sus padres, y ser leales a sus comunidades y obedecer a las autoridades. Y le desearía a todo el mundo la paz. Las guerras son lo peor que hay.
Pues esto es todo, muchísimas gracias. Ha sido un placer, fi amman illah[4].
[1] Lit., “la bendición de Dios y su paz estén sobre él”, fórmula ritual con que los musulmanes piadosos acompañan cada mención de Mahoma.
[2] Lit. “ignorancia”, se refiere al estado mental de los árabes pre-islámicos, especialmente lo paganos, y por extensión, al de toda persona antes de su conversión al Islam.
[3] Capítulos del Corán.
[4] Lit., “en la seguridad de Dios”, una fórmula piadosa de despedirse.
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Muy interesnate Fer. Mucho.
Me ha encantado.
Con más tiempo, comentaré cosas.
Me parece super interesante este nuevo interés por otras religiones que en sus dos últimas ediciones promuve SJD.
Creo que siempre hay cosas que aprender de otros. Muy interesante Fernando.
Ya era hora que nuestro embajador escribiera algo para SGD! Enhorabuena Fernando. Una entrevista muy interesante y muy valiente. Es muy difícil valorar una persona como tu entrevistado que está a años luz de nuestros planteamientos – o no? Alguna de las ideas, con ciertas matizaciones, si encajan. Pero el leit motiv de un cierto fanatismo también queda en evidencia.
Gracias y que sigas ilustrándonos.