La oración: respiración del alma

Desde pequeños, los que hemos tenido la gracia de nacer en una familia cristiana,  hemos asistido a la Eucaristía los domingos como algo normal.  Incluso,  hemos visto rezar o rezado el rosario en casa y pensábamos e incluso decíamos “vaya rollo repetir constantemente lo mismo, la mente se va a otra cosa y pienso en todo menos en los que estoy haciendo”.

 

Cuando asistimos a la catequesis para recibir el primer sacramente del cual fuimos nosotros conscientes: la Comunión. Realmente sobre la oración y su importancia tampoco nos hablaron mucho. A medida que vamos creciendo, siempre hemos encontrado sacerdotes y buenos cristianos que intentaron explicarnos la importancia de rezar.

 

Pero, no nos engañemos, en muchos momentos de nuestra vida nos ha parecido  aburrido y bastante pérdida de tiempo. De hecho nos hemos educado, sobre todo los de mi generación, en el activismo. Lo importante es hacer cuantas más cosas mejor.

 

Sin embargo, para que las cosas que hacemos sean de real utilidad necesitan tener detrás una fuerte espiritualidad, es decir, orarlas antes de hacerlas. El poder de la oración es algo impresionante y su necesidad vital para el crecimiento de la fe. La fe de una persona que no ora se estanca,  y a lo peor,  puede llegar a perderse.

 

La oración es la posibilidad de comunicarse con “el Cielo” desde aquí. Es la capacidad de pedir lo que necesitamos o creemos que necesitamos,  y de escuchar lo que Dios quiere de nosotros.Todos sabemos que no es necesario decirle a Dios lo que sentimos, porque El lo sabe. Pero es nuestro Padre,  y le gusta que se lo digamos.

 

Por otro lado,  como vamos a poder saber si nuestra vida esta de acuerdo al plan que Dios tiene para nosotros,  si no nos paramos a orar y le escuchamos. En la sociedad en la que actualmente vivimos inmersos es muy difícil, pero precisamente por ello,  más necesario.

 

Creo personalmente,  que ahora la oración de todos los cristianos es más necesaria que nunca. Cuando se ora habitualmente la vida cambia,  y la presencia del Señor en ella la sentimos más cercana. Aún cuando siempre es cercana,  la sintamos o no.   

 

Al igual que una persona necesita respirar y que entre el oxigeno en sus pulmones y después en su sangre,  porque sino muere, así el alma necesita de la oración. El alma de la persona que ora se expande como los pulmones del que respira.

 

 

Filed Under: Portada

367 Visitas



Comentarios (4)

Trackback URL | RSS Feed de comentarios

  1. maria sempere dice:

    creo que ha hecho mucho bien en mi alma esta columna.muchas gracias.

  2. belmon dice:

    gracias por este artículo. Ciertamente, habría que profundizar y hablar más de la oración. En este sentido, la cuarta parte del catecismo está genial.

  3. María dice:

    gracias por tu columna, y por recordarme que lo importante no es hacer cuantas más cosas mejor, qué fácil se cuela eso en mi vida. gracias otra vez

  4. Vinccero dice:

    Muchas gracias por tu columna Paloma.
    Decía Santa Teresa de Jesús que rezar es “hablar de amor con quien sabemos que nos ama”.
    Es en la oración donde aprendo a amar, donde dejo a Dios hacer. La oración es un don que hay que saber acoger. La oración es la debilidad de Dios, es nuestra mejor forma de alabarle y amarle.
    Gracias a la oración podemos entablar una verdadera relación de amistad con Dios.
    La oración forja intimidad y confianza.
    El alma que reza ama y el alma que ama es feliz.

Dejar un comentario