San Juan Bautista de la Salle

Nació en Reims (Francia) en 1651, desde niño demostró un gran interés hacia Dios, a los 16 años fue nombrado canónigo de la Catedral y poco más tarde entró en el seminario. Por su talento académico podría haber aspirado a una brillante carrera eclesiástica, sin embargo, Dios le tenía preparada otra misión: dedicar su vida a la educación de los pobres e iniciar un movimiento que se considera el germen de los sistemas modernos de educación elemental gratuita y universal.

 

            El primer destino del Padre Juan fue un orfanato femenino dirigido por las Hermanas del Sagrado Niño en Reims. Poco después fundaría un orfanato masculino y una escuela. Fue allí donde Juan vio clara la importancia y la necesidad de poner remedio a la falta de formación y cultura de los desfavorecidos.

 

            Como siempre le sucede a los Santos, Juan sentía una “urgencia de amor” que le movía a actuar con determinación: acoge en su casa a varios estudiantes de magisterio para instruirlos y poco más tarde funda una residencia para ellos. Esta “hermandad” de jóvenes profesores da origen a un Instituto de consagrados a Dios, sin votos, pero dedicados gratuitamente y por completo la misión del P. Juan.

 

            Juan podría haber invertido su fortuna familiar en este Instituto. Sin embargo, su confianza en Dios le llevó a elegir otro camino más duro: depender por completo de la caridad de los demás. Vendió sus bienes y envió el dinero para aliviar el hambre de la región pobre de la Champagne.

 

            Los obstáculos nunca faltan en el camino de aquel que busca “el Reino Dios y su Justicia”. En efecto, muchos no estaban de acuerdo en la necesidad de alterar el “orden social” establecido. En la Francia del s. XVII la educación estaba reservada a los nobles y ricos, y no se reconocía el derecho ni la utilidad de formar a las clases bajas.

 

            A pesar de que sus alumnos eran humildes e ignorantes (o precisamente por eso), Juan les dedicó todo su talento. Desarrolló los métodos educativos más eficaces e innovadores de su época: separación de los alumnos en grupos de la misma madurez, uso de la pizarra, introducción de la filosofía, la literatura y la ética en el programa de enseñanza… Tan excelente fue su labor que el rey Juan II de Inglaterra (exiliado en Francia) le encargó la fundación de un colegio para las familias de sus aristócratas seguidores.

 

            A los 65 años renuncia por completo al gobierno del Instituto. A partir de ese momento el P. Juan se dedica, con gran humildad, como un hermano más, a formar a los novicios. Tras su muerte, el Instituto (conocidos como “los Hermanos Cristianos”) se extiende rápidamente en Francia. Durante la Revolución Francesa, el instituto es perseguido y reducido a tan sólo 20 hermanos. Poco después, Napoleón I levanta la prohibición del instituto y un siglo más tarde, los hermanos se cuentan por decenas de miles en todo el mundo.

 

En 1905 el laicismo radical logra el cierre en Francia, por decreto, de 1.285 de sus colegios y hogares. Pero el crecimiento de la obra de la Salle era ya entonces imparable. Como suele suceder con las verdaderas obras de Dios, el bien siempre acaba triunfando sobre el mal (y el ejemplo más claro de esto es la “inexplicable” expansión del cristianismo tras la muerte de Cristo, a pesar de la persecución del “todopoderoso” Imperio Romano).

 

En la actualidad, más de 3 siglos después de su fundación, los Hermanos de La Salle continúan sirviendo a Dios en cientos de centros de enseñanza en todo el mundo (entre ellos, se encuentran algunas de las más universidades más prestigiosas de Estados Unidos). Además de este impresionante legado, la Humanidad le debe, en parte, la aceptación de la educación elemental como un derecho universal.

 

Queridos hermanos de S. Jorge: ¿debemos seguir aceptando que nuestros compañeros de trabajo y universidad acusen a la Iglesia de “mantener al pueblo en la ignorancia”? Creo no sabemos argumentar en contra de estas acusaciones porque no conocemos suficientemente la maravillosa Historia de nuestra familia, que es Iglesia. Y La Salle no es una excepción: muchas son la instituciones que llevan siglos dando educación gratuita a los desfavorecidos: jesuitas, agustinos, franciscanos, escolapios, marianistas,… cientos de ordenes religiosas,… millones de personas a lo largo de la Historia que ha consagrado su vida entera a esta misión.

 

Conozcamos la Historia de la Iglesia, y aprenderemos a amarla y defenderla.

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Comentarios (3)

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  1. Mota dice:

    Magnífica columna Harrier.
    Muy ilustrativa, muy enriquecedora.
    Gracias por permitirnos conocer algo más (o algo a secas) de San Juan Bautista de la Salle.

  2. Ana Mª dice:

    ¡Ojala no se pierda el verdadero espíritu de San Juan Bautista de la Salle!.
    Para esto, se necesitan  “vocaciones a Hnos de La Salle “, que dejen esa especial huella cristiana en los alumnos y sus familias.
    Está bien esto de comentar a nuestros Santos.

  3. Javier Glez dice:

    Magnífico, después de 10 años yendo a un colegio de La Salle y conociendo la vida de este Santo, da gusto darlo a conocer entre la gente de una forma tan peculiar.
    Espero que el espíritu lasaliano de San Juan Bautista de La Salle no se pierda en nuestras vidas, esta forma de ayudar a los demás sin recibir nada a cambio.

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