En esto conocerán todos que sois mis discípulos

Cuando me siento delante del ordenador para escribir mi artículo pienso qué aportación puedo hacer. Creo que hay personas más preparadas que yo para dar su opinión sobre temas de actualidad, -no es falsa modestia-. Existen personas más  merecedoras de dar su testimonio -esto ya es realismo puro-. Por eso voy a hablar de lo que he visto en mi estancia en el extranjero.

 

Cuando llegas a un lugar extraño es bueno buscar una comunidad de referencia. Cuando llegué a Linköping encontré una, St Nikolai katolska församling, la única en la ciudad y en bastantes kilómetros a la redonda. Asistí a misa el primer domingo. Conocí a la los sacerdotes y a la gente y poco a poco me he ido involucrando en la vida de la parroquia. En estos meses he experimentado la gracia de formar parte de la Iglesia. Aquí me han acogido desde el primer momento. He podido disfrutar de excursiones con la parroquia, cenas, actividades y lo más importante: compartir mi fe con más gente.

 

Como ejemplo os quiero contar dos anécdotas que me han enseñado lo maravilloso de la vida cristiana en comunidad. La primera fue visitando Copenhague con unos amigos. Supe de la misa dominical en una iglesia. Resultó que, sin saberlo antes, iba a asistir a la misa de estudiantes internacionales de la ciudad, se celebraba en inglés. Después insistieron en que me quedara a cenar con ellos… ¡y no me conocían de nada! Cuando se lo conté a mis amigos no se lo podían creer. “¿Qué te han invitado a cenar? ¿¡Hasta te han invitado a cerveza con lo cara que es!?”. No sabía cómo agradecer el saberme acogido en una comunidad de la que iba a formar parte, ¡simplemente horas!

 

La segunda ocurrió en diciembre. Suecia es, o era, muy fervorosa de Sta. Lucía. Es tradicional celebrar una procesión de mujeres vestidas con túnicas blancas. La primera debe llevar una corona de acebo con cuatro velas en la cabeza. Ninguno de mis amigos de por aquí tuvo la suerte de poder ver una procesión porque no quisieron venir. Siendo una tradición que tendría el equivalente de una procesión nuestra de Semana Santa es algo que no se puede dejar de ver estando en Suecia. Después nos reunimos todos los extranjeros y suecos para cenar y cantar villancicos de nuestros países.

 

No tengo palabras para expresar mi agradecimiento a los sacerdotes, en primer lugar, cuando cada vez que me ven se interesan por mi y mi familia; cuando celebran y confiesan en inglés. ¡Hasta pidieron el doce de octubre en las preces por España y los españoles! Para agradecer el cariño con que me trata todo el mundo y sus oraciones. Además es un acicate ver su inmensa fe y piedad.

 

Siento un gran agradecimiento a Dios y a mi comunidad por ser católico. La Iglesia es madre y maestra, he tenido la suerte de experimentar esto aquí. Nuevamente se cumple el ciento por uno inexorablemente como una ley de Newton. Simplemente asistiendo, el Señor me recompensa con ayuda para mi vida de fe y con la suerte, que muy pocos erasmus disfrutan, poder integrarme mejor en la vida sueca. Es grande comprobar la universalidad de nuestra fe, la diversidad de tradiciones y la unicidad de creencia. Es grande saberse querido en una comunidad.

 

Doy gracias a Dios por sus dones. De primera mano he experimentado lo que se dice en el Evangelio según San Juan (Cap 13, vers. 35) En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros. La caridad cristiana es el más grande de los dones.

Me pregunto y dejo la pregunta abierta a la parroquia en vísperas de a JMJ. ¿Realmente estamos dispuestos a acoger extraños y extranjeros? ¿Qué facilidades ponemos para que la gente se incorpore fácilmente a nuestra parroquia? ¿Podemos mejorar algo lo que ya hacemos? Espero que puedan ser motivo de reflexión.

 

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Comentarios (5)

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  1. Jose dice:

    Muy interesante Juan!
    Todos formamos un mismo cuerpo, y eso se tiene que notar.

  2. tuky dice:

    Jo Juan…qué ejemplo dan tantas personas. Cansados siempre de escuchar el mal en el mundo, da gusto conocer relatos tan bonitos de cómo la gente acoge sin preguntar.
    Precisamente a este respecto, tu propia prima (de la que no me olvido) nos cedió su casa de Valencia a 10 jóvenes de (veintipico años) sin conocernos de nada (tú no viniste) para que pudiéramos dormir en algun sitio durant el encuentro de familias de Julio del 2006 en dónde Benedicto XVI vino a España.
    Para mi fue un ejemplo del que aprender, al igual que lo que cuentas. Yo desde luego me veo en la obligación de deolver lo que he recibido. Quizá la JMJ sea un buen momento. Gracias!!!

  3. coque dice:

    Esperanzadora columna,Juan!
    Quitando un poco de mérito a los suecos,diré que acoger a “los Coloma” es tarea facil.
    Cuidate mucho por esos mundos!!!

  4. pati linares dice:

    Ya hablamos un poco de todo esto en Navidad, pero transmites exactamente lo que escribes! Da gusto oírte hablar de la Iglesia, de su universalidad y caridad. Poder sentirte tan “en casa” a tantos km de distancia, es como tú dices, un don gratuito del Señor. ¡Sigue disfrutando!

  5. Mota dice:

    Genial lo que cuentas Juan.
    Qué bonito es sentirte tan cómodo y acogido tan lejos de tu casa. La Iglesia es casa, es un gran hogar. En España, en Suecia y en Perú.
    Yo estuve de Erasmus a mis 23 años cerca de allí, en Dinamarca, y no tuve el placer de conocer la iglesia católica danesa, pues no tuve el empuje y la ilusión que tu has tenido. Sólo había una iglesia católica en Aarhus (la 2ª ciudad de Dinamarca) y la misas eran en danés. Fui una sola vez. Me conformé -que raquítico- con ver las misa los domingos por TVE internacional.

    Qué bien que tú sí que estés vivendo tu fe en una comunidad católica. Disfrutalo mucho.

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