La casa chica
“… y quedó sólo en pie la casa chica,
la casa que tenía
una luz inmediata de mármol en el patio,
la casa verdadera”
La casa encendida (Luis Rosales)
Que no.
Que no puedo.
Que no.
Que no, que no, que no puedo.
Que quiero quererte en palabras de otros y vivirte en santorales ajenos. Que me cuesta creer en “nuestra historia”, ésa que veo como espectador porque no Te conozco. Porque llevo años esperando encontrarte y Tú, paciente, me has dejado que creyera que era yo quien iba a encontrarte…
Mírame. Pero si está claro que Te has empeñado en buscarme… ¿Por qué no me encuentras? ¿Por qué no me dejo encontrar? A fuerza de miedos y soberbias he labrado mi propio escondite. ¿Cuándo me sacarás de esta ballena?
Señor. Los dos sabemos que cuando te invito a casa…
Señor. Los dos lo sabemos…
Hay puertas cerradas con candados antiguos. ¿Por qué no me robas las llaves?
Que quiero llenarme de Ti. Y comulgarte entera. Que pasees por todas mis estancias. Que vayas tirando tabiques y reconstruyendo mi casa chica, la que me regalaste en mi bautismo. Ésa que pensaste para mí desde la eternidad. La que quieres para mí por ser más Tuya. Quiero que inundes mi casa chica con Tu presencia. Quiero que vayas encendiéndola y que me enseñes a custodiar la Luz.
Y poder hablarte y llenarme de gozo en Tu presencia y decirte, como sólo Tú sabes hablarte en mí:
Gracias, Señor, la casa está encendida
Filed Under: Pie Centro • Portada


Brillante por ser distinto. Sugerente. Simbólico. Me ha encantado. Un saludito, Simeón.
Magnífica, fina, lírica, profunda, sencilla, oracional. Sale de dentro, sale de la capilla. Es un testimonio, un itinerario. Es una súplica. Una maravilla para degustar. Gracias, Simeón.
Qué decir, simeón. Qué decir.
Nos regalas oración y amor al Señor en tus columnas. Muchas gracias.
Qué fuerza. Qué preciosidad.
Gracias. Gracias. Gracias. Me encanta y me ayuda mucho lo que has escrito.
Simeón…a mi también me ayuda. Gracias
Muchas gracias a vosotros… ¡¡qué alegría poder hacer familia así también!!