La fiesta de la presentación del Señor (la Candelaria)
La fiesta se conoce y celebra con distintas denominaciones: la Presentación del Señor, la Purificación de María, la fiesta de la Luz y la fiesta de las Candelas o Candelaria; todos estos nombres indican el contenido de la fiesta, que no es otro que el pasaje evangélico de la Presentación del Niño Jesús en el Templo de Jerusalén (Lc 2;22-39) y la purificación de la Virgen María después del parto, para cumplir la prescripción de la Ley del Antiguo Testamento (Lev 12;1-8).
Aunque esta fiesta del 2 de febrero está fuera del tiempo de Navidad, forma parte del relato de los primeros días de la vida de Cristo.
Inicialmente, la fiesta de la Candelaria o de la Luz tuvo su origen en el Oriente con el nombre del “Encuentro” (en griego Hypapante), La Iglesia de Jerusalén la celebraba ya en el siglo IV. Se celebraba allí a los cuarenta días de la fiesta de la Epifanía, el 14 de febrero. La peregrina Eteria, de la cual ya en otro artículo de San Jorge Digital se nos dio noticia, en su diario, elaborado durante su larga peregrinación hasta Jerusalén, dice de esta fiesta que era “celebraba con el mayor gozo, como si fuera la Pascua misma”‘.
Desde Jerusalén, la fiesta se fue extendiendo a otras iglesias de Oriente y de allí pasó, poco a poco, a Occidente. Hay noticias de que ya en el siglo VII, si no antes, había sido introducida en Roma con un carácter penitencial. Se asoció a esta fiesta una procesión de las candelas, después diremos su significado. Desde el siglo X, se conocía esta fiesta con el nombre de Purificación de la Bienaventurada Virgen María. Fue incluida entre las fiestas de Nuestra Señora. Sin embargo, la Iglesia celebra en este día, en esencia, un misterio de nuestro Señor. En la revisión del calendario romano, se cambió el nombre por el de “La Presentación del Señor”.
Esta es una denominación que parece más adecuada a la naturaleza y al objeto de la fiesta, aunque los misterios de Cristo y de su Madre no dejan de estar unidos, de manera aquí tenemos una especie de celebración dual, una fiesta de Cristo y de María.
La fiesta de la Presentación celebra una llegada y un encuentro; la llegada del anhelado Salvador y la bienvenida concedida a Él por dos representantes del pueblo elegido, Simeón y Ana. Por su edad avanzada, estos dos personajes simbolizan el tiempo de espera y de deseo ferviente, de los hombres y mujeres de la antigua alianza. En realidad, ellos representan la esperanza y el anhelo de la humanidad por la venida del Redentor.
Al revivir este misterio en la fe, la Iglesia da de nuevo la bienvenida a Cristo. Ese es el verdadero sentido de la fiesta. Es la “Fiesta del Encuentro” que vimos como su origen, el encuentro de Cristo y su Iglesia. Esto vale para cualquier celebración litúrgica, pero especialmente para esta fiesta.
Podemos ver un nuevo símbolo en el hecho de que María pone Jesús en los brazos de Simeón. María no lo ofrece solamente a Dios Padre, sino también al mundo, representado por aquel anciano. De esa manera, ella muestra también su papel de madre de la humanidad, y ello nos recuerda que el don de la vida viene a través de María.
La fiesta nos adelanta, de alguna manera, nuestro encuentro final con Cristo en su segunda venida. San Sofronio, (siglo VII) patriarca de Jerusalén, expresó esto : “Por eso vamos en procesión con velas en nuestras manos y nos apresuramos llevando luces; queremos demostrar que la luz ha brillado sobre nosotros y significar la gloria que debe venirnos a través de él. Por eso corramos juntos al encuentro con Dios”.
La procesión representa nuestro peregrinar por la vida. El pueblo peregrino de Dios camina a través de este mundo y del tiempo, guiado por la luz de Cristo y apoyado en la esperanza de encontrar al Señor en su Gloria Eterna. El sacerdote dice en la bendición de las candelas: “Que quienes las llevamos para ensalzar tu gloria caminemos en la senda de bondad y vengamos a la luz que brilla por siempre”.
La candela que se lleva en las manos recuerda la vela del bautismo. Y la admonición del sacerdote dice: “Ojala guardemos la llama de la fe viva en los corazones. Que cuando el Señor venga salgamos a su encuentro con todos los santos en el reino celestial”.
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Es un articulo muy interesante. Muchas gracias
Gracias, Floren, por tu labor una vez más. Nos has ‘iluminado’ un poco más a todos el sentido de esta fiesta tan significativa.
Gracias, Floren, por estos artículos tan bien documentados. Creo que es información que debemos conocer todos. Excelente.
Qué gozada es poder aprender sobre cosas que llevamos toda la vida haciéndolas y no sabemos muy bien por qué. Me ha encantado la simbología de María poniéndonos (en la persona de Cristo) en los brazos de Dios Padre, simbolizado por el anciano Simeón. Me ayudará para rezar estos días y en especial el domingo. Magnífico documento, Florentino.
Me una a las felicitaciones.
Muchas gracias Floren. Muy interesante, y con un estilo y profundidad que invita a la devoción.