La victoria está en el silencio de la verdad

La oración del Padre Orbe ha guiado la oración de los jóvenes que estuvimos en Navas de Riofrío esta Navidad. Esta frase me tocó especialmente el corazón: La victoria está en el silencio de la verdad.

 

La primera imagen que vino a mi cabeza fue la Cruz. Su Silencio. Su Quietud. ¡Cuánto silencio hay en la Cruz donde todo permanece inmóvil! Y sin embargo, es la Verdad misma la que está clavada; y en su silencio, vence…

 

Miré a mi alrededor. Recordé el sufrimiento del mundo, el de mis amigos y familiares. Miré de reojo también hacia aquello que a mí me había hecho sufrir, y en ese mirar de reojo reconocí mi grito silencioso. Grito que clama y que calla a la vez.

 

Entonces volví a leer la frase (casi por milésima vez): La victoria está en el silencio de la verdad. Pensé: “Esto no tiene pies ni cabeza. Con mi vida y con mi historia, no se cumple. ¿Victoria en el grito silencioso de mi verdad?”

 

Pero algo me estaba susurrando el Señor a través de esta frase, que sin duda iba a cambiar la forma de mirar mi corazón. Aquel cambio iba a dejarle a Él mirar mi miseria (y mi verdad), abrazarla, y vencer sobre ella. Así, con ayuda de las palabras del Padre Orbe y otros momentos de luz anteriores, voy descubriendo que el Señor ya ha vencido silenciosamente hace tiempo. Sin embargo soy yo quien reiteradamente intenta vencer y curar mis heridas sin dejar que nadie las vea. Le he pedido tantas veces: “¡cúrame!, ¡sálvame!” pero era incapaz de mostrarle y entregarle mi dolor. Primero por indignidad. Después por incredulidad.

 

Así que me deshice e hice débil y suplicante ante el Señor, esta vez presentando todo lo que soy. Entonces entendí que Dios no se había separado de mí en ningún momento. Que reinaba sobre mi humanidad, y en mi humanidad, en mi miseria y en mi verdad. Que ya no reino-venzo-vivo yo, sino que reina-vence-vive Él en mí.

Entonces respiré…

 

¡Cuánto tiempo perdido desesperando por un amor humano que acogiera y acompañara mi dolor, cuando quien me salva es Otro más grande! Mirar la Cruz y ver que el Señor sufría, no me bastaba. Ansiaba un humano, alguien “de carne y hueso” que escuchara mi grito y pudiera unirse a mi denuncia, a mi soledad, a mi confusión, a mi desolación, a mi desamor… y quienes han sido y son ese “amor humano” en momentos concretos de mi vida, me llevan a encontrarme con quien verdaderamente puede escuchar y calmar mi llanto. Saberme tan salvada, tan entendida y tan querida por mi Dios -sufriente y Salvador- completa lo que voy persiguiendo tanto tiempo.

 

En las cosas del corazón, en los duelos, las heridas… no es fácil “contentarse” con que el Señor está con nosotros en las situaciones de sufrimiento. Tendemos a apartarle e incluso a culparle. La grandeza es poder descubrir que en nuestras cruces, por grandes o pequeñas que sean, no estamos sólos, y que existe Uno que ya ha vencido con nosotros. No importa el ruido que haga esta Victoria, pues en Su silencio habita la Verdad.

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Comentarios (7)

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  1. Florentino dice:

    Patri me ha gustado lo que dices, has exteriorizado lo que ronda en tu alma, y eso no resulta fácil, cuando pretendemos que ese alma nuestra sea nuestro “reducto inexpugnable”, nuestro “nido de águila”, al que sólo queremos tener acceso nosotros, porque creemos que si Él entra, ya no tendremos nada nuestro.  Y la situación es que alzamos todas las “defensas”, levantamos todas las murallas, para evitar que Él penetre en nuestra intimidad, ponemos por delante el yo, creyendo que así nos defendemos, no sabemos muy bien de qué, pero si de quién, en el fondo, de Él. Nos da miedo.
    Si comprendiéramos que abandonarse a Él, dejándo que Él nos encuentre, no supone ser vencidos, sino vencer con Él, si damos ese paso Patri, entenderemos realmente la Verdad, y nos uniremos a Ella. 

  2. belmon dice:

    Felicidades Pati, y gracias por abrirnos tu corazón y tu alma para que podamos ver el paso del Señor por tu vida. Es una delicia derribar las barreras que nos atan.

  3. Santiago Font dice:

    Creo que das en el clavo cuando dices que entendiste el amor de Dios cuando te hiciste débil y suplicante ante Él. Como Jesús, que se hizo débil y suplicante en la cruz. Su ejemplo es cristalino.

    Esa es la única llave para que entre el Espíritu Santo en nuestra vida. Cualquier otra cosa son trabas que nos impiden amar como Él nos amó y por tanto ser felices.

    Buena reflexión, sin duda.

  4. Mota dice:

    Sólo puedo decirte GRACIAS Pati.
    Una vez, conmueves con tus palabras. Conmueves con tu relación de intimidad con el Señor. Tu fe y tu amor a Dios transmite fe y amor a Dios.
    Gracias.

  5. Vinccero dice:

    Fue en la cárcel cuando Van Thuan, al ser tentado de pensar que estaba desperdiciando los mejores años de su vida, dijo lo siguiente: “Viéndo la inutilidad “práctica” de mi vida, pensaba en Jesús en la Cruz: también Él estaba inmovilizado y no podía hacer lo que hizo en su vida pública… y, sin embargo, desde allí hizo lo más grande: redimirnos a los pecadores”

    Tu artículo me lo ha recordado… gracias Pati.

  6. Carlos dice:

    Me ha encantado Pati, !qué profundidad!, da mucha paz.

    Un saludo,

    Carlos

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