Toma las riendas

Habitualmente vivimos la vida con decisiones que tomamos hace ya algún tiempo. En su día elegimos unos determinados estudios, una carrera, unas ocupaciones, unas prioridades en la vida, una manera de distribuir nuestro tiempo… A veces no volvemos a plantearnos si estas decisiones siguen siendo las adecuadas para nosotros, y seguimos tirando con ellas hacia adelante. Continuamos con todo porque es nuestro deber, es nuestro compromiso. Y, sin duda, el compromiso con nuestras elecciones es valioso. Pero a veces, bajo ese compromiso, está la tentación de vivir sin tomar las riendas de nuestra vida.

¿Qué sucedería si tomásemos las riendas de nuestra vida? ¿Qué sucedería si nos preguntásemos si somos felices de verdad? ¿Qué sucedería si mirásemos nuestra vida con total libertad de Espíritu? ¿Seríamos capaces de desprendernos de lo que nos ata? ¿Podríamos abrazar lo que nos llena?

Sentimos miedo de cambiar lo conocido. Sentimos miedo de tomar una nueva decisión y equivocarnos. El miedo nos paraliza, y hace que vivamos arrastrados por la corriente, dejándonos llevar.

La Cuaresma es el tiempo de enfrentarse a la tibieza. Tenemos ante nosotros cuarenta días para escuchar esta llamada del Padre:

Toma tu vida en tus manos.

Tómala de mí, yo te la entrego.

Elige sin miedo.

Anda y ve adelante. Estás listo.

Eres mío.

Vienes de mí durante todo tu camino.

Vas a mí durante todo tu camino.

Ve, no tengas miedo.

Todo está por nacer.”

No centres la Cuaresma en los rituales, en las normas ni en las costumbres. Más bien, atrévete a mirar tu vida. Pregúntate. Busca. Ten el valor de dejar que muera lo viejo. Vuelve a nacer de nuevo. Sin esta libertad, todas nuestras oraciones estarían vacías. También estarían huecas nuestras limosnas y nuestra penitencia.

Esta libertad ha cambiado la vida de muchos hombres y mujeres. Y puede cambiar también la tuya, si te dejas. Todo está por nacer.

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¿Quién es Loreley? Loreley es el nombre de una peña situada a la orilla este del Rin, cerca de Sankt Goarshausen. Su nombre designa al tramo más estrecho y profundo del río legendario. Desde la Edad Media existen referencias a su utilización como marca en los caminos. Y también, historias y lamentos acerca del peligro que corrían quienes navegaban por el Rin y a ella se acercaban. Por aquellas tierras, ricas en mitos e historias, se propagó la noticia de que una sirena habitaba en la roca. Orientaba a los pescadores, que obtenían una pesca abundante. Pero muchos también naufragaban, cautivados por el embrujo de sus cantos. Los grandes autores del romanticismo alemán escribieron versos a la sirena Loreley, como Heinrich Heine en 1824. Yo, que de sirena tengo poco, en cambio sí quisiera interpretar mis cantos desde la roca en que me siento. Desearía que pudieran ayudar a quienes los escuchan a obtener una pesca abundante. Soy consciente de que si alguien tratara mis palabras como verdades absolutas, podría naufragar. A veces yo he sido la primera. Pero permanezco en mi puesto. Interpreto mis cantos de sirena. Y me esmero por llegar a quien los escucha. Mi formación es económica y jurídica, y ambos enfoques están siempre presentes en mis ideas. La cultura es una de mis pasiones. No como saber acumulado, sino como manera de mirar la vida. Disfruto con el arte, en todas sus formas. También con las humanidades. Soy conciliadora en el conflicto, y me gusta opinar. Lo social jamás me es indiferente. Y quisiera comportarme como cristiana cuando escribo. Este deseo exige mucho de mí. Me obliga a reconocer, con franqueza, mis fallos; a expresar mis anhelos; a no callar; a callar a veces; a denunciar; a alabar; a preguntarme; a leer; a disfrutar; y a permanecer en esta Roca, entonando mis cantos de sirena.



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