Abuelos

 

Aunque no puedo hablar en primera persona de lo que implica ser abuelo, si he sido testigo de lo que supone ser nieto, y conozco abuelos, otros que no son los míos, que han derramado luz por muchos caminos, algunos de los cuales yo he tenido el privilegio de pasar, otros, seguramente han sido recorridos por vosotros, abuelos, nietos, padres de hijos cuyos abuelos adoran, abuelos postizos, mimadores incombustibles y regaladores de los grandes placeres de la vida.

 

No hay nada más grato que la casa de unos abuelos. Uno se siente como en casa pero percibe inmediatamente que no es “su casa” o sea, las normas que rigen en el hogar de uno no son aplicables a ese maravilloso territorio de la casa de los abuelos.

 

No hace falta que sean excesivamente consentidores, los abuelos gozan de ese status que proporciona la experiencia. Sin el agobio de la paternidad, sin los cansancios de los primeros años de unos hijos, sin la corta perspectiva del camino recorrido. Los abuelos se erigen como un remanso de paz para los que allí vamos. Un lugar en el que se nutrieron historias bonitas, recuerdos de nuestros padres, infancias de otras épocas, muchos avatares superados. Sempiternos cigarros, agujas de punto y comidas maravillosas.

 

La casa de los abuelos es el lugar que nadie debería olvidar con el paso del tiempo. Es la calidez de una casa vivida, de una sonrisa serena, de los lujos que en casa no son permitidos. Son las batallitas del abuelo, con sus historias de antaño y de esos personajillos con nombres pintorescos que adornan esas historias que sólo podemos imaginar en nuestra mente con retazos de charlas, sobremesas eternas, cafecitos en invierno debajo de una manta.

 

Es la casa de las fotos antiguas, que nos parecen preciosas por la huella indeleble que ha dejado el tiempo, de aquellas bellezas de otra época que parecen tan elegantes, tan señoriales, tan delicadas. De los libros que acumularon polvo, de las cintas de vhs y beta incluso, de los discos de vinilo…y de ese cenicero que lleva tanto tiempo en esa mesa que uno no sabe si forma parte de la misma.

 

Hay abuelos más modernos, los abuelos de hoy, que a pesar de no conservar las fotos en blanco y negro, van adquiriendo con el paso del tiempo, el tufillo embriagador de una casa para el disfrute. De los años pasados, la vida recorrida, los sueños acumulados por los que viven y los que vivieron, que pergeñaron historias y que ahora ven cumplidas muchas de ellas, con sus hijos, los hijos de sus hijos y los que habrán de venir.

 

Un lujo contar con ellos, abuelos de todas las generaciones, todas las edades. Los que aún viven, los que murieron, los que en breve serán abuelos, los que algún día (D.m) lo serán. Figura insustituible, transmisora a menudo de la fe más sencilla y más bonita, de una fe que ha marcado las vidas de los que ya han recorrido un largo trecho de la senda y saben de lo que hablan.

 

Yo recuerdo, con placer, las oraciones de mis abuelos antes de dormirse, siempre juntos, algo rápidas, difíciles de seguir, tan bonitas, tan novedosas que siguen en mi memoria para siempre. Y me acompañan, cuando me voy a dormir y pienso en ellos, agradecida, confiando en no olvidar nunca, las cosas más bellas de la vida.

 

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Comentarios (5)

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  1. coque dice:

    Entrañable y precioso artículo.Gracias!!!!

  2. Ingrid dice:

    Como abuela, gracias por tus  preciosas palabras.  Efectivamente creo que podemos jugar un papel importante en la vida de nuestros nietos lo cual no significa estar a todas horas con ellos ni convertirse en padres “versión 2″.  Somos como una tercera dimensión para ellos, después de los padres, y nuestro privilegiado status, como tú lo llamas, nos permite hacer actividades diferentes que los padres.  Y disfrutar …..  cómo se disfruta !!

  3. Patricia Domínguez dice:

    me has dibujado una sonrisa serena e inocente… GRACIAS

  4. Mota dice:

    Pues a mí me has emocionado.
    Porque no conocí a mis abuelos maternos, y cuando era muy pequeño había perdido a mis abuelos paternos (con 6 y 11 años). Pero reconozco todo lo que tan preciosamente relatas en mis abuelos políticos.

    Serena sonrisa, lágrima emocionada.

  5. pati linares dice:

    Qué bonito Marta… “he vuelto a corretear” por la casa de mis abuelos mientras leía tu columna… Es un lujo contar con ellos, efectivamente.

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