La acogida de la vida
¡Qué ilusión cuando supimos que íbamos a ser padres por segunda vez! Ya teníamos a nuestra preciosa hija mayor y ahora, tal vez sería un niño.
Y así fue. Pero nada más diferente a lo imaginado: Un bebé fuerte pero con un aspecto bien distinto a lo soñado, una cabecita deformada, los dedos unidos… Nadie sabía qué era aquello; que si no iba a vivir, que sería sordo…más tarde un diagnóstico extraño y decenas de operaciones.
¿Pero, por qué Señor? ¿Por qué a nosotros que ya teníamos todo tan organizadito?
Dolor inmenso, miles de preguntas en el aire… ¿Dónde estás Dios mío? Que pase de mí este cáliz…
Pero lo cierto es que en aquel calvario yo seguía abrazada a mi niño, tan fuerte como él se agarraba a la vida y, desde el dolor, día y noche (¡qué poco dormíamos!), seguía hablándole a Dios, o gritándole a veces, esperando una respuesta.
Está claro que los caminos del Señor no son nuestros caminos, ni sus maneras son las nuestras. Su respuesta ha venido poco a poco, y con más claridad a medida que Daniel empezaba a reír, a andar, a hablar.
En un libro infantil sobre la Navidad leímos una noche: “El ángel Gabriel anunció a María que iba a ser la madre de un niño muy especial…” Con esos ojos suyos, tan grandes, bien abiertos, me dijo: ¡Como yo, mamá!
Esas palabras me han hecho meditar mucho: sé que peco de poco humilde, pero me siento un poco elegida por Dios para ser madre de alguien especial, que ha sido luz, en estos años, en muchos momentos oscuros de quienes vivimos día a día a su lado, pero también de otras muchas personas que lo han aceptado con los brazos abiertos.
Su alegría, su forma de ver la vida, su capacidad para disfrutar, su inmensa solidaridad con todos los que sufren, su habilidad para dar la vuelta a los problemas y transformarlos en cuestiones sin importancia, la aceptación de su físico con naturalidad, su inteligencia emocional –cuestión hoy tan de moda-, son sin duda imagen y semejanza de Dios.
Su vida tiene pleno sentido (pese a lo que piensan quienes admiten calladamente el aborto eugenésico), y ha enriquecido la nuestra extraordinariamente: nos ha hecho más pacientes, más solidarios, más fuertes y, sin duda alguna, más felices.
La rebelión inicial se transformó en un “hágase Tu voluntad”, y hoy podemos decir (su padre, su hermana y yo) bien alto: ¡Gracias Señor por este regalo inmenso que es Daniel! Y aún nos queda mucho por descubrir…
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Muchísimas gracias por vuestro testimonio. Me alegra mucho haberos conocido.
Lili, siempre os veo en misa los domingos y siempre me impresiona esa alegría de Daniel de la que hablas. Se palpa! Gracias por compartir vuestro precioso testimonio de familia, es un don.
Hola Lili.
Me has emocionado.
Gracias por vuestro ejemplo, gracias por compartirlo.
Yo también os veo en misa, y siempre me habéis impresionado.
Sois un claro ejemplo de acogida de la vida, de la belleza de ésta.
Gracias, muchas gracias.
¡Tenemos tanto que aprender!…ver más allá de las apariencias a las que nos ha acostumbrado este mundo, mirar con el corazón y hacia el interior, descubrir la belleza en todos los acontecimientos… Gracias por su testimonio. Necesitamos ejemplos de fuerza interior, valor y, sobre todo, Amor incondicional. Estoy convencida, y así lo siento, que niños y niñas como Daniel son envíos muy especiales del Dios de la Vida para despertar la ternura y el amor entre nosotros.
He tenido la suerte de conocer a Daniel y estar a su lado en varias ocasiones… su alegria me ha llegado a lo profundo del corazón. A su lado la vida te parece más bella y humana. Su charla y sus comentarios son pinceladas de colores en esta sociedad tan gris y tan miope. Su cálida y limpia mirada , un dulce regalo para el alma. Gracias Daniel por darnos tantas cosas. Eres ¡¡genial!!, y tus padres también.
Lili,
No os conozco aunque os veo todos los domingos en misa de 11.30h. Me ha gustado mucho lo que has escrito. Demuestras una gran fortaleza, ganas de luchar y mucha fe. ¡Muchas felicidades! no hay tanta gente como tu. Los demás tenemos mucho que aprender. Que sigas disfrutando de Daniel como lo vemos cada Domingo.
Hola,
¡Qué forma tan bonita de contarnos la maravilla que es Daniel!. Tengo la suerte de ser su amiga y os doy la enhorabuena al resto de la familia porque él es una persona admirable en su delicadeza, su sensibilidad, su alegría y optimismo.
Claro que tienes que estar orgullosa por haber sido elegida para custodiar a alguien tan valioso, tan especial, con tanta riqueza como es Daniel.
Un beso
Daniel es muy especial, “se ha apoderado” de vosotros y de cualquiera que esté con el un rato. Lo ví cuando fuimos al Seminario con los “monaguillos” . Recordé aquellas palabras de Jesús: “Dejad que los niños se acerquen a mí” y, efectivamente, hay que ser como Daniel para aspirar al cielo. Dios sabe lo que hace.
Es cierto que Daniel es “un regalo inmenso de Dios” para sus padres y hermana, como lo es para otras personas entre las que me cuento; pero también sus padres y hermana son un regalo de Dios para Daniel.
Muchas gracias Lili.
Que maravilla tu testimonio y que necesario en estos tiempos. Al menos yo con todo lo que está sucediendo necesitaba recordar que hay gente muy valiosa y valiente.
Un beso a Daniel y a sus padres de una futura mamá.
Tengo la inmensa suerte de conocer a Daniel (para mí es un “crack” adorable) y a gran parte de su familia y coincido plenamente con el comentario de Mikilla. Toda la familia es un ejemplo a seguir, sus abuelos, su tía, sus padres y, cómo no, su hermana, la dulce, inteligente y sensible María, que siendo muy pequeña ha vivido junto a sus padres todo un proceso tan difícil y que como dice Lili hoy gritan juntos ¡Gracias Señor por este inmenso regalo que es Daniel!