Llamados a un amor con mayúsculas

Igual que un buen atleta necesita un entrenamiento previo meticuloso, creo que la mejor forma de no llevarse “calambres matrimoniales” es la de vivir un buen noviazgo cristiano (en la palabra Cristiano, va intrínseco la palabra divertido, pleno) .

 

Recuerdo nuestro noviazgo como una etapa preciosa de mi vida en la que nos íbamos moldeando el uno al otro (¡Todo el mundo nos decía que no pegábamos ni con cola, pero la Providencia sabe más que nosotros!). Íbamos construyendo los cimientos de lo que más tarde queríamos que fuese nuestra casa. 

 

Hoy en día que está tan de moda el divorcio express, también en el noviazgo nos quieren vender el rollo express como forma de pasar un buen rato, pero estoy segura, que todo ser humano está llamado a un AMOR con mayúsculas. Cuando uno quiere de verdad, el “para siempre” hasta se queda corto. Ya no puedes imaginar la vida sin la otra persona, pero hasta llegar al punto donde la entrega es total, el noviazgo ha de vivirse en concordancia a la situación del día a día, y esto afecta a las relaciones prematrimoniales. 

 

¿Cómo querer entregar todo el cuerpo sin haber crecido en la entrega total del alma? Corporalmente estaríamos dándolo todo, cuando espiritualmente todavía no estamos preparados para una total entrega en todas nuestras dimensiones (¿Cama y luego a volver a casa con papá y mamá? ¡Qué entrega más pobre!). Estoy segura que esta disparidad en la entrega cuerpo alma, es lo que conduce hoy día a enormes frustraciones.

 

En nuestro noviazgo, vivimos la castidad con alegría e ilusión, sabiendo que en el día de nuestra boda, Dios, por medio del sacramento nos daría las armas necesarias para lanzarnos a una entrega total. Recuerdo con cariño cómo comentábamos al día siguiente de la boda “Mereció la pena esperar, ¡Ahora podemos entregarnos sin miedos, abiertos a la vida, abiertos a formar un hogar!

 

Al contrario de las películas de niños que siempre acaban en el momento de la boda y te resumen en un segundo “y vivieron felices para siempre”, era cuando realmente empezaba lo bueno. Muy apropiada es la carta de San Pablo (1, Corintios 13) que tantas veces hemos oído en las bodas en la que se nos da la clave de cómo debe ser el amor matrimonial: disculpa sin límites, espera sin límites, cree sin límites, ¡el amor no pasa nunca! Humanamente hablando podríamos pensar que los matrimonios cristianos son algo así como “Superman” que anda siempre volando por las nubes y nada más lejos de la realidad: el amor matrimonial cristiano es preciosamente real, con sus alegrías, ilusiones, esperanzas,… pero también con sus cansancios y sus rutinas… 

 

Los cristianos no somos mejores que el resto pero hemos descubierto que el Amor de Dios, sí que es mejor que el nuestro y que siempre, siempre, siempre da. Teniendo esto claro, por muchos problemas que puedan surgir a lo largo del camino, sabemos que Dios no nos va a dejar nunca de su mano.

 

Una vez oí la siguiente frase que me hizo pensar: Amarse no es mirarse el uno al otro, es mirar los dos en el mismo sentido. Yo pensé en un principio “¡Qué porquería de frase, yo quiero estar siempre mirándole a él!”. Pero si esa dirección a la que miramos los dos es Cristo, mirar al AMOR con mayúsculas, que incluso muere en la cruz por nosotros, sólo puede traer en nuestra relación el querer darse al otro con un “reflejillo” de ese Amor de Dios que nunca se acaba.

Esto no nos hace diferentes al resto. Nos enfadamos como todos, nos cansamos, pero creo que aquí mi hija de 6 años hace poco dio con la tecla del asunto para seguir avanzando sobre seguro. El otro día tiró el quitaesmalte sin querer a la mesilla de noche y se la cargó. Yo tuve ganas de “estamparla” y después de ponerme hecha un basilisco (cosa que no se debe hacer, pero eso entraría en el tema de la educación de los hijos) me llegó con un papel que había dibujado ella que ponía un enorme “Dios nos perdona siempre”.

Aparte de dejarme muda creo que resuelve el problema de tantas rupturas matrimoniales.

 

Si Dios nos perdona siempre, ¿cómo no vamos a intentar ir pasando por alto nuestras limitaciones del día a día y hacer el firme propósito desde que nos levantamos de hacer de cada día una vuelta a empezar en el amor?.

 

No me cabe ninguna duda que el hombre está hecho para amar, y ¡qué vocación más preciosa la del matrimonio en que tanto podemos dar y recibir!

 

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Comentarios (6)

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  1. belmon dice:

    Ya disfruté vuestro testimonio en vivo, y ahora lo disfruto por escrito.
    Gracias por vuestra frescura, naturalidad y alegría. Un abrazo a todos.

  2. tuky dice:

    Qué gusto da leeros!!! y más gusto aún conoceros!! Gracias, cincojotas, por compartir con los lectores de SJD vuestro testimonio!!

  3. Mota dice:

    Qué palabras cargadas de verdad, amigos cinco jotas.
    Gracias por vuestras palabras, y vuestro ejemplo, sobre la belleza del matrimonio y la familia. Gracias por vuestro amor, que contagia al nuestro, al de tantas personas.

    Cuánta verdad en lo que expresáis, y vivís, del matrimonio.

    Gracias.

  4. Florentino dice:

    Al final te has tirado a la piscina. Si es lo que yo digo, nada como provocar. El tarro de las esencias cuando se destapa nos llena, en este caso, el alma. Por cierto la niña te ha tomado la medida. ” ¡¡Igualica, igualica que la defunta de su bisagüelica¡¡”. Ojalá y ella también sepa cuando sea mayor ser una gran señora, para saber estar y decir como su señora madre.
     La carga de la cruz será equivalente al amor que le pongas para llevarla. Si plantas Amor en tu familia , el Amor serán sus frutos; que tu de plantas sabes algo. Sigue así “bea…”. Un beso para todas las jotas bajitas.

  5. Ana dice:

    Supongo que Dios con el tiempo y la vida se encarga de hacerte ver dónde merece la pena poner el corazón, y eso te hace querer ser tres en una relación y mirar en una misma dirección…Ya te comento más cuando te vea. Q sigas “plantando” tanto!. Un bso muy fte!

  6. cincojotas dice:

    Queridos Belmon,Tuky,Mota,Florentino y Ana:
    Quien tiene un amigo tiene un tesoro!!!!
    Gracias por vuestra preciosa compañía en esta andadura!

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