Queridísima novia…
¿DA MIEDO CASARSE? ¡Pues claro que da miedo!
Vamos a ver… el corazón, como el sexo, es bastante ciego. Cada uno a su manera, apabullan y arrasan. Sus emociones son intensísimas, trompan como carneros a lo que se pone por delante, da igual lo que sea. Tiene que ser así, creo yo. Si no, si sólo actuara el cerebro, nadie se atrevería nunca a nada. A nada.
Porque mira, el cerebro es todo lo contrario; es cauto, despacioso, timorato; es frío y calculador. Gracias a Dios, porque así todo se equilibra.
Como sabes me encantan los símiles, me ayudan a pensar, a estructurar lo que digo. Venga, permíteme uno de aviones…
Si fuéramos aviones, el corazón sería el motor: de él viene la fuerza necesaria para que el avión despegue y coja altura. El sexo serían las ventanillas: gracias a ellas vemos el maravilloso espectáculo que sobrevolamos, es parte esencial del disfrute del vuelo (aunque otras cosas también nos hagan disfrutar de él, por ejemplo, las sensaciones, el ir rápido de un sitio a otro…); y el cerebro sería el piloto.
El piloto actúa ANTES del vuelo (lo revisa todo para que esté en orden, para que todo funcione bien) y DURANTE el vuelo (gobierna el avión).
Y… las leyes de la naturaleza, sobre todo la gravedad y las corrientes ascendentes de aire, serían –en nuestro símil- Dios.
Fíjate, sin motor no despega el avión, no puede; pero una vez que el avión coge altura, IMPRESCINDIBLE para volar lo es sólo el piloto.
Si el motor se para (terrible desastre, como para un matrimonio que se acabe el enamoramiento por completo), el piloto hace planear al avión, y (gracias a la fuerza de la gravedad, gracias a Dios) sigue volando (hacia abajo, pero vuela) Incluso si el piloto es hábil, puede aprovechar las corrientes ascendentes y subir, y ganar altura, y prolongar el vuelo a motor parado.
Claro que mientras, el piloto -si merece ese nombre- no se estará quieto; intentará POR TODOS LOS MEDIOS A SU ALCANCE re-arrancar el motor. Muchísimas veces lo conseguirá, puesto que antes de volar revisó el motor, y se habrá parado por alguna chorrada, solucionable.
Si las ventanillas se empañan o el avión se mete en nubes y no se ve nada (mal asunto…) el avión sigue volando; si el piloto es hábil, mantendrá el vuelo hasta salir de la zona húmeda o nublada, no pasará nada irremediable.
Peeero…. ¿y si el piloto se muere o pierde el conocimiento? Entonces es cuando de verdad se complica todo. Ni motor ni ventanillas, el avión se estrellará sin remedio.
Pues vamos a traducir ahora esto a lo que nos interesa, al amor.
Hablamos de amor de verdad. Entre un hombre y una mujer. Sin límites en la entrega: no tiene fecha de caducidad. Se entregan el uno al otro plenamente, de manera exclusiva (se entiende en el amor conyugal, claro que queda sitio para los demás amores, filiales, fraternales, de amistad…), y hasta está abierto a multiplicarse en nuevas vidas, en hijos.
Centrado el asunto en el amor DE VERDAD, y aclarado que esto no vale para otros “amores” necesitamos:
Corazón- motor: ENAMORAMIENTO. Esto nos va a hacer fijarnos el uno en el otro, darnos cuenta de que somos la leche, al menos la leche el uno para el otro, verdaderamente únicos, a medida, perfectos… esto va a hacer cosas por supuesto irracionales (para eso el corazón, ¡porras!) Sin eso no echamos a andar.
Ventanillas- sexo: Maravilloso, magnífico y SANTISIMO si se usa como se debe. Está puesto ahí por Dios como un regalazo para las parejas.
Piloto- cerebro: Bien, el cerebro tiene dos funciones: ANTES y DURANTE el matrimonio.
ANTES, tiene que examinar CON GRAN CUIDADO Y PROFUNDIDAD si todo está en orden para el vuelo. Tiene que considerar pros y contras, tiene que hacer mucho ejercicio de “what if…?” y plantearse muchas hipótesis por si acaso. Tiene que ver bien dónde se mete, y con quién. Y esto FRIAMENTE, que es lo más difícil. Porque si no, al encontrar una dificultad se limitará a decir “bah, lo superaremos, nos queremos mucho…” Y no se trata de eso. Se trata de examinar la dificultad en frío; luego ya se verá si es superable, pero no PENSAR QUE ES SUPERABLE PORQUE NOS QUEREMOS. Eso sería “whisful thinking”.
Así los “miedos” genéricos, que no tienen ningún sentido, serán sustituidos por el análisis riguroso de los problemas concretos. Y de sus soluciones.
DURANTE el matrimonio, el cerebro sigue ACTIVISIMO. Porque en realidad es el quien HACE el amor, quien lo construye. La voluntad es del cerebro. Tomar decisiones y llevarlas a la práctica es cerebral. Y hacer el amor es precisamente un acto de VOLUNTAD, no de sentimiento. Es “querer querer”. Es ACTUAR por el bien del otro, no es SENTIR. El sentimiento cambia: cuando el enamoramiento decae, el otro deja de ser algo “perfecto”, un compendio de virtudes sin fallos. Aparece el ser humano, con sus maravillas… y sus miserias. ¡El “amor se acaba”! Esa cursilería que tantos matrimonios ha costado es una memez. Se acaba el sentimentalismo, y si sólo había eso, se va todo a la porra. Pero no es que se “acabe el amor”; es que en realidad NUNCA LO HUBO.
Si hay amor VERDADERO, no se acaba, se robustece. Cuando es algo que no te limitas a sentir, sino que es algo por lo que luchas y te entregas, que lo cuidas, es una OBRA TUYA, una OBRA COMUN, en la que ponéis CADA VEZ MÁS. ¿Acaso un artista no ama más la obra ya acabada, que tanto le ha costado, que el mero proyecto?
Pues ahí está la tarea. Cerebral. No es que se jubilen el corazón y el sexo, claro que no; ambos hay que cuidarlos, y muchísimo; hay que emplearlos a tope, que son absolutamente geniales y valiosísimos; pero que conste que no mandan ellos, son SECUNDARIOS. Por mucho que nos gusten y por mucho que les cuidemos.
Miedo, claro que sí. Lo sentimos. La tarea es inmensa, sobrehumana. ¿Cómo querer a medida que pase el tiempo? ¿Cuando vengan las dificultades? Las cosas a veces durísimas que pueden aparecer… de todo tipo. Piensa, piensa en algunas: te quedarás corta. Será más dura la realidad que tu imaginación. Ojo, NO ES QUE SOLO VAYA A HABER DE ESTO; pero hay que saber que TAMBIEN DE ESTO HABRA.
¿Entonces? Afortunadamente, NO VAMOS A LUCHAR SOLOS.
Claro que no. Dios no se deja ganar NUNCA a generosidad. Un matrimonio que no sea un mero contrato basura, que sea un SACRAMENTO, es un camino por el que penetra en los esposos la Gracia de Dios. La Gracia de Dios es nada menos que DIOS VIVIENDO DENTRO DE TI. Nunca está solo un matrimonio así, tiene la infinita ayuda que necesite en cada momento. Lo importante es ser conscientes de esto: de que es una relación a TRES. De que Cristo está ahí. De que cuando nos amamos, espiritual y físicamente, hacemos algo SANTO, y damos gloria a Dios, y El se complace en ello. Con semejante ayuda, no se falla, no tengas miedo.
Con El por medio uno es capaz de cosas absolutamente sobrehumanas; es capaz de perdonar siempre, de esperar siempre, de ilusionarse siempre. Es capaz de todo.
RESUMIENDO, sólo dos cosas tenemos que hacer, mira tú que fácil:
ANTES, pensar, pensar, pensar. Y disfrutar de nuestros corazones, rienda suelta; y disfrutar también de nuestros sexos, si bien estos en clave ascética, de ejercicio, de control; luego serán nuestros esclavos, no nuestros amos, porque los habremos domado.
DURANTE, currárnoslo y confiar.
DESPUES, tranquila que no hay después. Este es amor del bueno, HASTA LA MUERTE, no una baratija a expensas de los jueces. Después es la VIDA ETERNA, y allí no hace falta matrimonio. Después es cuando VIVIREMOS DE VERDAD. Esto de aquí es sólo una mala, muy mala copia, de un magnífico original. Y sí, seguiremos siendo el uno para el otro, pero sin las limitaciones de aquí abajo. Allí será nuestro verdadero disfrute mutuo.
Y sobre todas las cosas, NO TENGAS MIEDO. Siempre te lo digo, es la frase que más repite Jesús en el Evangelio. No tengas miedo. Yo no lo tengo.
Tu novio.
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Tres conceptos-actitudes claves que yo añadiría a esa preciosa carta (vaya suerte que tiene la novia!): RESPETO MUTUO
COMPLICIDAD
CONFIANZA SIEMPRE EN LA AYUDA DEL SEÑOR.
Son tres ingredientes que no es que garantizan que todo vaya a ser un sendero de rosas; pero si contribuirán de una manera decisiva a vencer las dificultades – a lo mejor gordas - que seguro se presentarán en el curso de la maravillosa vivencia que es el matrimonio cristiano.
Me encantó!!