¿Rezas?
“¿Cómo es tu vida de oración?” Me echo a temblar con esta pregunta. Empiezo a repasar los tiempos que dedico a rezar. Y siempre me parece poco. Echo de menos las largas oraciones de unos Ejercicios Espirituales, o algunos momentos colosales en retiros, en verano, en experiencias compartidas de fe.
En el fondo me gustaría rezar a menudo, a diario. Y desearía que mi oración fuera como esas oraciones que tanto echo de menos. Pero esta visión de la oración, como un estándar mítico y difícil de alcanzar en la vida diaria, hace polvo a muchos cristianos. Nos frustra no rezar tanto ni tan frecuentemente como se supone que deberíamos.
También nos disgusta ser incapaces de rezar como rezan otros. Me explico: cada uno tiene su manera de relacionarse con el Señor. Unos son activos; otros son contemplativos; unos son racionales; otros son afectivos… Y podemos pasar media vida empeñándonos en ser algo que no somos.
Todas estas frustraciones, al final, machacan nuestra mejor virtud para la oración: la libertad, la sencillez, la naturalidad. Por mi parte, se acabó el tiempo de las exigencias y de las nostalgias. Se acabó el tiempo de desear más y sentir tristeza por no alcanzarlo.
Es momento de abandonar angustias y acercarse al Señor con naturalidad.
Acepta que tienes poco tiempo, y que vives con prisa.
Acepta que te cuesta pararte y encontrar tiempos de calidad.
El Señor sigue queriendo contar contigo.
Cambia la mirada.
Ponte en verdad y con humildad ante el Señor.
Quita impedimentos que no te dejan reconocer su amor.
Quédate a la escucha.
La primera palabra será la suya, no la tuya.
Contempla: deja que Dios sea Dios…
Él hará todo lo demás.
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¡Gracias María! No sé qué don tienes que escribes cosas que me caen siempre como si estuvieran hechas justo para mí. Esa oración que es lo que necesito en este momento, oyendo desde la ventana la lluvia caer y el almuhecín llamar a la oración…
Muchas gracias Loreley!
La exigencia de la que hablas destruye a muchos cristianos ante cualquier batalla. Olvidamos que la victoria está en intentarlo, en hacernos dóciles, pequeños… en ser barro entre sus manos para que Él nos moldee.
Basta intentarlo.
La tentación está en creer que la lucha solo tiene mérito cuando alcanzas la meta… lo que lleva a la frustración. Eso es perfeccionismo, puro veneno.
Gracias Loreley!Me ha encantado.
Leyendo vidas de Santos yo he aprendido mucho a poner el énfasis de la oración en el Amor.Si nuestra oración es fría,ajetreada…¿que importa? Estamos con El.
Muchas gracias,Loreley!Me ha encantado.
Leyendo vidas de Santos he aprendido que la Oración no consiste en mirar el propio sentimiento,sino mirarle a Él.
Estoy aquí otra vez! Crei que el primer comentario no se había grabado.en fin…