Las Sibilas

 

Día de la ira, día aquel

en que los siglos se reduzcan a cenizas,

como anunciaron David y la Sibila.

(del himno del réquiem Dies Irae)

 

 

            Contemplando el techo de la Capilla Sixtina, siempre me ha sorprendido que Miguel Ángel, rodeando la historia de la creación y del diluvio, pintó a 7 de los profetas del antiguo testamento intercalados con 5 figuras de mujer llamadas las Sibilas. Aunque no soy muy aficionado a los números, tampoco ha dejado de llamarme la atención el hecho de que el total de figuras sea 12, como las tribus de Israel o los apóstoles, y que, atentando contra el “progresista” sentido de la paridad, 7 sean hombres, símbolo de la perfección de Dios, y 5 sean mujeres, el número asociado a la Virgen María.

 

            Esta curiosidad me llevó en primer lugar a indagar sobre quién eran estas mujeres llamadas Sibilas, pues en el colegio únicamente me enseñaron sobre una de ellas, la llamada sibila de Cumas, que había entregado al Rey de Roma Tarquinio el Soberbio los llamados “Libros Sibilinos”, custodiados en el Palatino, en que se hallaba escrito el destino de Roma, y que se consultaban en las grandes ocasiones. Los libros fueron destruidos por el fuego poco antes de la caída de Roma.

 

            Miguel Ángel, sin embargo, junto a la “cumana” pintó además otras 4 sibilas, llamadas “pérsica”, “líbica”, “délfica” y “eritrea”. Y es que desde el siglo VI a. C. se llamó sibilas a las pitonisas del templo de Apolo en Delfos, así como a las de otros santuarios de este dios, asociado con la profecía, y que además fue tomado por los primeros cristianos como prefiguración de Jesucristo. Entrando en trance, la pitonisa hablaba proféticamente, siendo sus palabras plasmadas en hexámetros griegos; su lenguaje poco claro da origen al término castellano “sibilino”.

 

Sibila es por tanto sinónimo de profetisa, y la antigüedad tuvo 10 canónicas reconocidas por Terencio Varrón en el s. II a. C.: Herófila (que profetizó la guerra de Troya), la de Samos, la de Helesponto, la de Frigia, la de Cimeria, la de Tibur, y las 5 pintadas por Miguel Ángel. Otras fuentes, sin embargo, citan algunas más, hasta 12 ó 13, y existen además textos del siglo II que contienen numerosas referencias a profecías no documentadas, recogidas por los cristianos de Alejandría en catorce libros de poemas didácticos.

 

            ¿La Capilla Sixtina recoge entonces figuras paganas? Igual que para muchos de los primeros cristianos romanos, de gloriosa estirpe pagana, para el hombre del Renacimiento no bastaba ya dar por buenas las profecías de la Biblia, y buscaron anuncios de la salvación entre sus propias fuentes, igual que los celtas vieron en la Cruz el “árbol de la vida” de sus profecías. Esta tradición es fundamental, pues significa que la esperanza del Redentor prometida a los judíos era también compartida por toda la humanidad, por los gentiles a quienes se anunció después el Evangelio. San Justino, san Teófilo de Antioquía, Atenágoras de Atenas, Clemente de Alejandría y el mismo Tertuliano recogen los oráculos sibilinos, y hasta Dante, santo Tomás de Aquino, Miguel Angel, Rafael o Calderón respetaron esta tradición en sus trabajos.

 

No me ha resultado sencillo encontrar la mayoría de estos textos proféticos. El más fácil por muy conocido, por supuesto, es el de la profecía de la cumana, quien según Virgilio había escrito: “Ya retorna la virgen y el reino de Saturno; ya del alto cielo nos es enviada una nueva progenie. Favorece tú, casta Lucina, al niño que ahora nace, por quien primeramente cesará una gente de hierro y una gente de oro surgirá por todo el mundo.[...] Para ti , Niño, sin ningún cultivo la tierra derramará en abundancia sus primeros dones: hiedras tenaces, con bácar por doquiera y colocasias con risueño acanto. La misma cuna brotará para ti suaves flores…, la rubia uva colgará de las incultas zarzas y las duras encinas sudarán rocío de miel. –Tales siglos, corred- dijeron las Parcas a sus husos. -Mira cómo todo se alegra por el siglo que ha de venir-”.

 

La Sibila líbica, radicada en el oráculo de Zeus-Amón que consultó el propio Alejandro Magno, al que confirmó su origen divino, dejó escrito el siguiente hexámetro que podría ser lo que hacía referencia a la doble naturaleza de Jesucristo: “Soy de nacimiento mitad mortal, mitad divino; una ninfa inmortal era mi madre, mi padre un comedor de maíz; en la falda del monte Ida de mi madre nací, pero la tierra de padre era la roja Marpeso, consagrada a la Madre, y el río Aidoneo”.

 

            La sibila eritrea, por su parte, citada por San Agustín, compuso en sus hexámetros un acróstico que formaba la palabra “Jesucristo, Hijo de Dios, Salvador”, que componen a su vez en acróstico el famoso ictus, el pez que aparece en la historia de Quo vadis?. Parte de esta profecía decía: “Signo de juicio: la tierra se llenará de sudor; del cielo vendrá el rey que reinará por siempre; para juzgar en persona a la carne de la tierra; por eso el creyente y el fiel lo verán”. También anunció que su llegada sería anunciada por un ángel.

 

De los textos de la sibila pérsica únicamente se conservan unos comentarios al mismo del siglo II d. C., y se cree que la tal sibila no existió, sino que el original podría haber sido un texto del propio Zoroastro. En cualquier caso, parece ser que habla también de “un salvador para todas las naciones que llegará oculto bajo un velo”. Y por último, de la Sibila délfica no he podido encontrar más que una referencia una profecía que había sido interpretada como el anuncio de la destrucción de Troya y la salvación de la familia de Eneas. Tal vez ese anuncio pudo reinterpretarse en clave cristiana.

 

Junto a esta tradición original, los textos del siglo II mencionados arriba adornaron las profecías de las sibilas con añadidos según los cuales habrían profetizado el nacimiento de Jesús en un establo (la de Samos), la Virgen amamantando a su Hijo (la de Cimera); la huida a Egipto (la de Frigia), los malos tratos de que Cristo sería objeto en su Pasión (la de Tibur), la flagelación del Señor (la Agrippa, no reconocida por Terencio Varrón), la crucifixión (la de Helesponto). No he encontrado ningún texto original que justifique esto, de modo que tal ver este sea el motivo por el que Miguel Ángel decidió no pintarlas en el techo de la Capilla Sixtina, del mismo modo que, de los 17 Profetas del Antiguo Testamento, únicamente pintó aquellos 7 que hacen las referencias más claras al nacimiento de Cristo, su pasión y su resurrección.

 

La tradición de hacer confluir cristianismo y paganismo en un mismo espíritu se perdió con el Barroco, en que el reinado del sentimiento y lo espectacular desplazaron a la razón del centro de atención, igual que la decadencia del paganismo en el siglo V hizo perder el interés en las profecías paganas. La Sibilas permanecieron sin embargo como testigos mudos de la esperanza de la Humanidad en su techo de la Capilla Sixtina, hasta hoy. En España se ha mantenido una cierta tradición que recuerda a las Sibilas en los antiguos reinos de la Corona de Aragón, tanto en la imaginería (por ejemplo, en Oropesa), como en la liturgia: la noche de Navidad se recita tradicionalmente el “Canto de la Sibila”, donde un cantor solista dialoga con los fieles, advirtiendo que alguna vez se acabará el mundo.

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Comentarios (3)

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  1. Jacinta dice:

    Que interesante! de verdad!! Me recuerda a la estrella de los Magos..creada miles de años antes anunciando ya la venida.. la creación entera , no corrompida, no puede evitar anunciar algo tan grande… Igual con las Sibilas entonces… el mundo ‘pagano’ premoniciona también. Dios se muestra, no puede evitarlo, y lo anuncia a todos y de todas las formas posibles, con su creación.
    ¡menuda currada, Shadja!! mil gracias :-)

  2. Floren dice:

    Resulta curioso que en esto de las profecías las mujeres son más “sensibles” en sus pronósticos. El Oráculo  de Delfos al que te has referido indirectamente estaba al cuidado de las pitonisas , y para comenzar una guerra o tomar decisiones de gran responsabilidad, se recurría a sus visiones interpretadas, efectivamente, por las pitonisas. Recuerdo aquel oráculo que decía que Grecia vencería a los persas refugiándose tras los “muros de madera” y que acertadamente interpretaron como atacar a los persas desde los barcos de madera  de Atenas y las demás polis griegas. También las interpretaciones se las traian, hay que reconocerlo.

  3. Mota dice:

    Intresante Shadja, y mur elaborado.
    Un asunto totalmente nuevo para mí.
    Muchas gracias.
    Aprendiendo…

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