Verdaderamente, ha resucitado

 “Cristo ha resucitado-verdaderamente ha resucitado”, se saludan los cristianos en este tiempo de gozo y resurrección que es el tiempo pascual. Litúrgicamente estamos en el epicentro de toda la vida cristiana, en el foco de irradiación que ilumina todo el año o, si se prefiere, el manantial de agua del que brotan todos los ríos de la vida espiritual.

Hemos estado preparándonos durante cuarenta días –cuaresma- para esto; las privaciones, ayunos, vigilias y oraciones no eran un fin en sí mismo, sino los ejercicios que nos iban ‘poniendo en forma’ para vivir mejor la fiesta más importante de los cristianos: la Pascua del Señor, su ‘paso’ de la muerte a la vida. Y una alegría tal no puede sino prolongarse ahora, primero con la ‘octava’, ocho días que hemos celebrado y vivido como un solo día, un solo domingo –el de la resurrección del Señor-, y en adelante durante cincuenta días hasta la fiesta de Pentecostés. Este es el tiempo pascual.

Las celebraciones litúrgicas de estos días, nos hacen caer en la cuenta de varias cosas: por una parte la gracia y la vida que en sí mismas encierran y de las que nosotros participamos, y por otra la necesaria aplicación práctica a la vida, porque no podemos separar lo que celebramos de lo que vivimos. Si hemos celebrado que Jesús está vivo, que ha resucitado rompiendo las ataduras de la muerte y del pecado, nosotros participamos y prolongamos esa misma Vida que viene del Autor de la vida. Por tanto caminamos en una vida nueva, como hijos de la luz que disipa toda tiniebla.

En las lecturas y oraciones de estos días es interesante el acento que se ha puesto en las apariciones del resucitado a los discípulos, porque el hecho en sí del sepulcro vacío no es suficiente para hablar de resurrección, se quedaría corto. Las apariciones son clave: “Era verdad, ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón” (Hch. 24, 34). Este acontecimiento sin igual transforma a aquel que lo experimenta y lo acoge por la fe. Además provoca en los discípulos una experiencia de alegría y paz que les lleva a ponerse en movimiento y anunciarlo a los otros (Hch. 4, 13 ss.).

Se insiste en el testimonio-anuncio de la alegría que supone haber experimentado que todo lo que habían vivido con él, todos sus deseos, ilusiones e intuiciones, han sido superadas con creces por la resurrección, las Escrituras se han cumplido, y ahora, desde la Resurrección, se tiene la luz y la clave de interpretación de toda la vida, de toda la enseñanza que ahora ya sí han comenzado a comprender.

En nuestros días, parece que nos resultase más fácil vivir la cuaresma, porque hay cosas concretas que hacer (ayunos, limosnas…), pero ¿cuáles son los propósitos y las prácticas de este tiempo de pascua? No estaría de más que nos propongamos vivir con optimismo, sin miedo, poner los acentos en lo bueno, ser constructivos con los demás, fomentar la esperanza, dar testimonio, suscitar la fe… para que vivamos aquello que hemos celebrado: el triunfo de aquel que muriendo como cordero ha vencido como león (Ap. 5, 5).

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Comentarios (1)

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  1. coque dice:

    “Vivir con optimismo,sin miedo,fomentar la Esperanza…”
    Como continuación al precioso artículo de Pati,que alegría saberse tan amado a pesar de nuestras sequedades,nuestros silencios…¡Cristo ha Resucitado!
    Gracias Belmon,por acompañarnos!!!

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