La alegría de la Pascua


Estamos terminando el tiempo de Pascua de Resurrección. A pesar de la insistencia de la liturgia en este período, me pregunto si los cristianos somos realmente conscientes de lo que estamos intentando revivir; si nos damos cuenta de que verdaderamente ha resucitado el Señor; si pensamos que esto tiene algo que ver con nuestras vidas; y si actuamos en consecuencia.


Probablemente tenemos mayor capacidad para vivir la Cuaresma y la Semana Santa que la Pascua. La penitencia, el ayuno, la limosna y la oración, la Pasión del Señor, apelan directamente a nuestra conciencia, y es relativamente fácil sintonizar con todo ello. Pero, una vez que llega el Domingo de Resurrección, quizá a algunos les parece como que ya ha terminado todo y sigue la vida ordinaria.


Nada más lejos de la realidad. Si tuviéramos fe como un grano de mostaza, viviríamos la alegría, el gozo profundo, contagioso, de la Resurrección. ¿Por qué? ¿Por qué es una buena noticia para nosotros el que Jesucristo resucitara?


En primer lugar, porque demuestra que verdaderamente era quien decía ser, es decir, el Hijo de Dios. Era el Verbo encarnado. Era verdadero Dios y verdadero Hombre. Podemos confiar en que todo lo que dijo, que se recoge en los Evangelios, es cierto. La Revelación cristiana es verdadera porque Jesucristo ha resucitado. Si no lo hubiera hecho, todo sería falso, pura invención o imaginación. Como dice San Pablo en su carta a los Corintios, vana sería nuestra fe, y seríamos los más infelices de los hombres.


Pero en segundo lugar, esto es decisivo para nosotros porque nos desvela nuestro propio destino personal. La vida no acaba con la muerte. Sino que la muerte es precisamente el principio de la vida verdadera, la Vida Eterna. Con la muerte física, el alma inmortal se separa del cuerpo y se encuentra directamente con Jesucristo en el Juicio Particular, yendo al cielo, al purgatorio o al infierno; y al final de los tiempos, con el Juicio Final, tendrá lugar la resurrección de los muertos, la reunión del alma y del cuerpo, para el destino definitivo, la salvación o la condenación eterna. Esta es nuestra fe. No hemos sido creados para aniquilación total que supone la muerte; sino para la vida plena en la gloria de Dios, que nos hará infinitamente felices.

 

En el momento del Juicio Final, Dios a través de su omnipotencia recreará los cuerpos de todos los difuntos. Para Él no importa que llevaran siglos o milenios destruidos, sin restos reconocibles. Dios lo puede todo, ¿acaso no ha creado el Universo y todo lo que contiene? ¿Qué es más difícil, hacer que ocurra el “Big-bang” o resucitar a un muerto?


Así pues, la Resurrección no es solo una buena noticia; es la mejor noticia que nos pueden dar. Imaginemos que tenemos un décimo de la lotería del Gordo, comprado a medias con un pariente o un amigo. Y nos toca. Inmediatamente llamaríamos al pariente o al amigo para comunicarle la suerte que hemos tenido. Nos pondríamos muy contentos y pensaríamos en todas las cosas que íbamos a hacer con el dinero… lo celebraríamos, llamaríamos a nuestros más allegados y todos nos felicitarían… la alegría nos rodearía y sería contagiosa. Todo esto lo hemos visto cada año cuando se sortean los premios de Navidad.


Pues bien, esta noticia no es nada, comparada con la noticia de la Resurrección. Esta sí que es la verdadera lotería. Esta es la verdadera felicidad. No la alegría pasajera de las cosas, de los bienes de este mundo; sino la permanente y profunda de las cosas eternas.


Cristo ha resucitado. Ha sido el primero, y ha ido a prepararnos sitio en la casa del Padre, donde hay muchas estancias. Allí es donde vamos a vivir por toda la eternidad, infinitamente felices en el amor de Dios. Por eso tenemos que estar alegres, como nos recomienda San Pablo en su carta a los Filipenses: “Estad siempre alegres en el Señor; os lo repito, estad alegres“.


Nos quedan unos días para conmemorar la fiesta solemne de Pentecostés: la venida del Espíritu Santo sobre los Apóstoles. Esta fiesta marca el comienzo de la Iglesia. Pidamos con insistencia acoger esa venida del Espíritu, para que sea una realidad en nuestra vida y podamos darnos cuenta de que vamos a resucitar; y que le contemos a todo el mundo que nos ha tocado la mejor lotería, que nos llevamos el premio más gordo que jamás se haya imaginado.

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Comentarios (4)

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  1. belmon dice:

    Gracias, Federico, tienes más razón que un santo. Nos encantan los golpes de pecho, los ‘sacrificios’, pero nos cuesta mucho más un sacrificio mayor: Estar alegres porque el Señor está vivo. Un abrazo.

  2. belmon dice:

    Por cierto, la mujer de la foto parece del Barça, aprovecho ya para felicitarles por la consecución de la liga de fútbol.

  3. pedro de benito dice:

    Muy oportuno este artículo y digno de ser meditado.
    (Lo de los premios de lotería compartidos tiene sus problemas…. es broma).
    Enhorabuena al autor.

  4. Mota dice:

    Totalmente de acuerdo contigo, Pedro: genil artículo. Muy claro, muy didáctico, muy verdadero.

    Gracias Federico, por iluminar nuestra fe y fomentar nuestra alegría. La Alegría.

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