Mayo
Una tarde más me hallo sentada delante del ordenador pensando el contenido y el título de esta nueva columna para nuestro querido San Jorge Digital. Pasan los minutos y sigo pensando si escribo sobre algún tema de actualidad, sobre nuestra querida y familiar fiesta de misiones (en la que realizamos desde un torneo de pádel, una barbacoa para jóvenes con concurso de baile el; en la que disfrutamos junto a los niños en el Jardín de la Pascua, compramos algún libro o bandejas o zapatos en los diferentes puestos, comimos en familia, nos reímos con el cuenta cuentos y con los canta cuentos: aplaudimos a los disfraces tan logrados de piruleta y Chupachups, y terminamos los mayores aplaudiendo y riéndonos a mandíbula batiente con los números de la Gallinita dijo eureka o el del pastor junto con el de las moscas o el del Camino de Santiago. Lo disfrutamos mucho. Gracias a todas las Madres que allí estuvisteis e hicisteis posible que todo saliera maravillosamente bien).
A medida que escribo me voy dando cuenta de que el mes de abril ha terminado y damos comienzo al mes de mayo, mes donde las flores ganan protagonismo tanto embelleciendo el campo como a los pies de Nuestra Señora pues el mes de mayo es conocido por todos nosotros como el mes de María (con flores a María que decíamos cuando éramos niños). No obstante, este mes lo comenzamos con una dedicatoria especial para la figura de la Madre y como todos tenemos la misma Madre desde que Cristo nos dijera en la cruz “Ahí tienes a tu Madre” opto por dejaros recitando en vuestro interior esta poesía A María de Dámaso Alonso. Espero que os guste.
A la Virgen María (Dámaso Alonso)
Como hoy estaba abandonado de todos,
como la vida
(ese amarillo pus que fluye del hastío,
de la ilusión que lentamente se pudre,
de la horrible sombra cárdena
donde nuestra húmeda
orfandad se condensa)
goteaba en mi sueño, medidora del sueño,
segundo tras segundo.Como el veneno ya me llegaba al corazón,
mi corazón rompió en un grito,
y era tu nombre,
Virgen María, madre.
(Treinta años hace que no te invocaba.)
No, yo no sé quién eres,
pero eres una gran ternura.
No sé lo que es la caricia de la primavera
cuando la siento subir como una turbia marea de mosto,
ni sé lo que es el pozo del sueño
cuando mis manos y mis pies con delicia se anegan,
y, hundiéndose, aún palpan el agua cada vez más
humanamente profunda.
No, yo no sé quién eres, pero tú eres
luna grande de enero que sin rumor nos besa,
primavera surgente como el amor en junio,
dulce sueño en el que nos hundimos,
agua tersa que embebe con trémula avidez
la vegetal célula joven,
matriz eterna donde el amor palpita,
madre, madre.
¡Qué dulce sueño en tu regazo, madre,
soto seguro y verde entre corrientes rugidoras,
alto nido colgante sobre el pinar cimero,
nieve en quien Dios se posa como el aire de estío,
en un enorme beso azul,
oh tú, primera y extrañísima creación de su amor!
Déjame ahora que te sienta humana,
madre de carne sólo,
igual que te pintaron tus más tiernos amantes;
déjame que contemple, tras tus ojos bellísimos,
los ojos apenados de mi madre terrena;
permíteme que piense
que posas un instante esa divina carga
y me tiendes los brazos,
y me acunas en tus brazos,
acunas mi dolor,
hombre que lloro.
Virgen María, madre,
dormir quiero en tus brazos
hasta que en Dios despierte.
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