A vueltas con el burka
En el próximo número de la revista “Centinela” me toca escribir un artículo en contra del uso del burka en nuestra sociedad. No parece difícil, hay muchas razones para oponerse a su uso. Estamos en un país tradicionalmente católico donde no vemos con buenos ojos que se imponga una cultura musulmana que denigra a la mujer. Además por razones de seguridad pública, no se puede permitir que la gente vaya “encapuchada” por la calle.
En cambio me pongo a pensar en mi amiga Marta, que le ha tocado el papel de defender el burka, y me pregunto por sus argumentos. Y creo que yo también podría defenderlo. España es un Estado aconfesional pero no laicista. Es decir, ninguna religión es oficial pero se considera al “hecho religioso” como algo bueno y saludable, digno no sólo de respeto, sino de protección y hasta fomento. Hasta ahí todos de acuerdo (me refiero, todos de acuerdo con lo que dice la Constitución, si alguien no está de acuerdo y piensa que España debería ser un Estado confesional, estupendo, que proponga abiertamente una modificación constitucional, que aquí todos tenemos libertad de expresión).
Por eso a mí se me plantea la duda. Ahora mismo, la batalla dialéctica o cultural con la sociedad laicista del siglo XXI es el papel que deben jugar las religiones en general y si las mismas deben estar relegadas al ámbito de lo privado. Y lo que tengo claro es que la respuesta que demos debe ser igual para todas las religiones.
En la batalla intelectual acerca de si hay Dios o no hay Dios, yo me siento mucho más cercano a una milenaria religión monoteísta, que al indiferentismo social o al ateismo militante. Y creo que en estos momentos de debate entre religiosidad y laicismo, todas las religiones tenemos que estar unidas, tenemos vínculos comunes, un solo Dios, y bueno prueba de ello son los cada vez más habituales contactos entre nuestros últimos Papas y los representantes del Islam y Judaísmo.
Si nos mostramos intransigentes con el uso de simbología de otras religiones, creo que estamos cavando nuestra propia tumba, a efectos, insisto del ordenado debate laicismo-religiosidad. Por otro lado, creo que tenemos que aprovecharnos del hecho paradójico de que la progresía intelectual ahora parece que le gusta todo lo que sea difundir el Islam (aunque sea una religión más tradicional, estricta, rígida y machista que la nuestra), por eso el demostrar que nosotros no tenemos nada contra el Islam, todo lo contrario, creemos en la existencia de un solo Dios, mucho más que en la existencia del “hombre-Dios” que quiere dominar la naturaleza contra la voluntad del Creador.
En definitiva, prefiero que a todas las religiones se nos permita usar nuestra simbología sin prejuicios y sin complejos, a que no se permita a ninguna. Otra historia distinta y que también me preocupa, es la “colonización” que poco a poco parece que nos va realizando el Islam en nuestro país pero creo que la manera de “luchar” contra la misma, no es precisamente prohibiendo el burka…
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Buen artículo que da que pensar aunque no estoy del todo de acuerdo con las conclusiones. Creo que se ha centrado más en la cuestión del uso de la simbología en las religiones, el hecho de ser el islam una religión monoteista como el cristianismo, etc. Pero no hay que olvidar las implicaciones sociales de la burka que en una sociedad civilizada me parecen inaceptables. Yo no puedo defender el uso de la burka por mucho que sea una indicación de religiosidad (o no?) y no de laicismo.
Estimado Miguel Angel:
(Aunque tu a mi no me conoces,como yo soy lectora asidua de san jorge digital,ya puedo decir que un poquito yo si que te conozco y estimo y me da la impresión de que te encanta la polémica).
Estoy en absoluto desacuerdo con el enfoque que le das al tema, porque hablar del burka como una “simbología” me parece algo así como decir que las ablaciones son “tradiciones culturales”.
Francamente, qué simbología mas esperanzadora la de llevar una Cruz: un Dios que se hace hombre y muere por redimir nuestros pecados. Esto es lo que yo entiendo por Tolerancia y Amor.
Querido Miguel Ángel , creo que partes de unas premisas que quizá debieras revisar. Uno como católico , por tanto cristiano, discípulo de Cristo, es seguidor y al menos debe creer en Aquel que dijo “Yo soy el camino, la verdad, ( la Verdad Miguel Ángel), y la vida”. No puede un cristiano poner en el mismo nivel de creencia a todas las religiones, no puede ser, lo siento, pero es así, y relegar el cristianismo al ámbito de lo privado es ir contra la esencia misma de lo que Cristo nos indicó: “Id y predicad el evangelio a todos los hombres”. Mira Miguel Ángel hay diferencias, al ladrón según el Corán se le corta la mano , al homosexual se le cuelga, al que siendo mahometano abraza otra religión se le mata. Creo que no todos, y tú como hombre de derecho lo sabes, somos iguales en todo y en todos los casos. Perdóname pero cada día que pasa y según voy aprendiendo historia, no la de las tres culturas con convivencia ejemplar, véase por ejemplo San Jorge, mártir de Córdoba, más me doy cuenta que la Reconquista , casi ochocientos años, tuvo sus razones que son convenientes conocer.
ciertamente ha sido difícil escribir el artículo pues al principio ya partía de la base de q estoy más en contra del burka que a favor
sólo quise hacer reflexionar sobre las distintas caras q tiene la realidad. naturalmente q estoy en contra de la privatización de la fe, q me escandalizan algunas tradiciones musulmanas y que no considero iguales a todas las religiones.
pero tampoco es una herejía ver a las demás religiones como hermanas o con puntos afines (si no, el Papa jamás se reuniría con judíos y musulmanes para que no le “contaminaran”) y una de las cosas que en el siglo XXI nos unen o hacen que todas las religiones estemos en el mismo barco es la batalla dialéctica y social/cultural contra el laicismo beligerante que quiere terminar con el hecho religioso y quiere imponer el hombre-Dios.